Reportaje:

Ceros y unos bajo el agua

Un ingeniero aficionado al buceo diseña un robot que juega al ajedrez

De pequeño no sabía lo que quería ser de mayor. Ni siquiera ahora, con una matrícula de honor en el proyecto final de su carrera, lo sabe. Pero lo que tenía claro Luis Márquez era que le gustaba "cacharrear". Abrir y desmontar aparatos para ver cómo funcionaban. "He roto todo lo que se pueda romper", confiesa. Pasados los años, le dio por montar esos cacharros. Y ha dedicado los últimos 15 meses a fabricar un robot ajedrecista.

La máquina se llama Chesso y juega con blancas. Casi siempre gana, asume Márquez. Este madrileño de 27 años, recién diplomado en Ingeniería Técnica de Telecomunicaciones por la Universidad San Pablo CEU, se ha acostumbrado a perder contra su robot. Una creación de apenas 30 centímetros anclada a un pequeño tablero de ajedrez con tres piezas, el rey negro y su homólogo blanco, junto con la torre blanca, para practicar el final de una partida. Si se jugara toda entera, la máquina y el tablero tendrían que ser mucho mayores para que el espacio entre piezas fuera suficiente y el coste del proyecto se hubiera disparado. Chesso sólo ha costado 250 euros, que ha pagado la universidad.

El madrileño ha recibido una matrícula de honor por su invento
Ha dedicado 15 meses a desarrollar 'Chesso' en su ordenador

Tiene cuatro grados de libertad, lo que quiere decir que puede hacer cuatro movimientos: va hasta la posición donde está la pieza, la coge, la traslada y la deja en el tablero de nuevo. El gasto de un prototipo así, útil para un laboratorio, ronda los 50.000 euros. Durante 15 meses, Márquez implementó una idea del director de su proyecto. De uno de sus tutores, porque ha tenido tres: de robótica, de informática y de tecnología de la imagen. Este último era necesario porque, al principio, la idea de Márquez era que el propio robot, con una minicámara web, mandara la imagen del tablero al ordenador que lo controla. Pero esta idea complicaba demasiado el proyecto y se desechó. Finalmente, Chesso se presentó el pasado 3 de noviembre. Y con mucho éxito, porque recibió una matrícula de honor.

No es algo que le quite el sueño a Márquez, que no tiene prisa por ponerse a trabajar de lo suyo. No por lo menos en España. "Está muy mal pagado", comenta. En su cabeza ronda la idea de marcharse a Francia. La razón, muy sencilla: "Tiene mucha montaña y mucho mar". Sus dos pasiones. "Me gustan los deportes bonitos, nada de fútbol", dice riendo. Y es que no todo son ceros y unos en la vida de este diplomado. Más bien lo que menos, ya que ha compaginado el proyecto con su trabajo de ayudante de instructor de buceo. Aquí en Madrid se tiene que conformar con prácticas en la piscina, pero en cuanto puede se escapa a las costas de Murcia para disfrutar de las aguas marinas. Su próximo proyecto es abrir allí un centro de instrucción, de la mano de la sede madrileña. Y el tiempo que no anda buceando, lo pasa sobre unos esquís. De hecho, ya tiene planeada una escapada navideña a los Alpes. "Esquí y un poco de juerga con los amigos", cuenta con cara de ilusión.

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Y es que tiene que reconquistar el tiempo que ha pasado "encerrado con esto". Esto, como dice Márquez, es la pequeña plancha verde llena de puntitos y cablecitos que hace funcionar a Chesso. La parte dura del proyecto, la verdadera aportación de Márquez.

"Tras la presentación, estas últimas tres semanas he recuperado mi vida", relata, después de 15 meses dedicándole todas las horas a Chesso. Ha terminado su encierro. Ése en el que apenas veía a su novia o su familia, con la que vive. Tenía que repartirse: "He aprendido a gestionar tiempos", resume. "Me subía a mi cuarto y allí pasaba las horas con el ordenador", dice, apartado de sus padres y sus dos hermanos pequeños a los que, cuenta, no les gusta tanto el tema informático. "No tienen ni messenger", comenta riendo.

"Al principio iba a hacer un programa de puteo de estudiantes", explica entre risas de nuevo. Un sistematizador de exámenes, medias, preguntas y respuestas para controlar mejor los resultados de los alumnos. Al final se decidió por el ajedrez, siempre más entretenido.

No quiso pasarse "al lado oscuro" después de ser, en sus propias palabras, "un muy mal estudiante". Porque, si al hablar del proyecto de un complejo robot calificado con una matrícula de honor se piensa en un modélico estudiante amante de hincar los codos, poco que ver con este buceador. "Prácticamente dejé los estudios en primero de BUP [correspondiente a tercero de ESO]", cuenta, "me lo saqué al final en cursos nocturnos o a distancia, mientras iba haciendo otras cosillas". ¿Y qué hacía? "Pues pasarlo bien, que de eso se trata".

Como veía que eso de los libros no iba con él, pero que los ordenadores le encantaban, hizo tres cursos de diseño y, durante algún tiempo, se dedicó al diseño de páginas web desde casa. Más tarde, con 23 años, parece que la cordura hizo acto de presencia. "No fueron mis padres", puntualiza, "estudiar teleco salió de mí". Quizás por eso, Márquez asegura que no le ha costado mucho sacarse la carrera en cinco años. "Tenía falta de costumbre de estudiar, pero no ha sido complicado". Si él lo dice...

Luis Márquez, con su robot <i>Chesso</i>, en un aula de la Universidad San Pablo CEU en Boadilla.
Luis Márquez, con su robot <i>Chesso</i>, en un aula de la Universidad San Pablo CEU en Boadilla.LUIS SEVILLANO

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