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Sant Joan de Déu abre su nuevo hospital psiquiátrico infantil

En las nuevas instalaciones de hospitalización psiquiátrica del hospital Sant Joan de Déu, los pacientes sólo se ponen el pijama para dormir. Los niños y jóvenes ingresados, de entre 4 y 18 años, pueden moverse por el recinto con ropa de calle, recibir clases y participar en una amplia oferta de actividades, desde talleres de graffiti, musicoterapia y arteterapia a la elaboración de una revista.

"Se trata de reducir al máximo el impacto del ingreso y que puedan llevar una vida lo más normal posible", explicó ayer Lluís San, jefe de psiquiatría del hospital Sant Joan de Déu, en Esplugues, junto al cual se han construido las nuevas dependencias. En un futuro también acogerá la hospitalización de día.

El edificio, de cinco plantas y un total de 2.500 metros cuadrados, se ha construido junto al hospital pediátrico. "Ha mejorado la experiencia de los pacientes, que normalmente se pasan entre 15 y 20 días ingresados", dice Jaume Pérez Payarols, responsable de Innovación del hospital. Un piso concentra las 23 habitaciones, otro está destinado a salas de juegos y actividades, y también cuentan con terraza y jardín. Se ha cuidado la seguridad de los pacientes y del personal, y entre otras tecnologías dispone de sistemas de control de movilidad. Un sistema webcam facilitará el contacto de los niños con sus familiares.

El hospital celebró una jornada en la cual presentó el III Informe del Observatorio Faros, en esta ocasión dedicado a los trastornos mentales en la infancia y en la adolescencia. En su elaboración han participado el hospital Clínico de Barcelona, la Clínica Universitaria de Pamplona, el Gregorio Marañón de Madrid y Sant Joan de Déu.

Según la Encuesta de Salud en Cataluña de 2006, el 9% de los niños y el 4% de las niñas padecen algún tipo de trastorno. Que un niño sea protestón o que rompa cosas no quiere decir que sufra hiperactividad o tenga un trastorno psicótico. "Debemos preocuparnos cuando la intensidad de los rasgos excede lo esperable por su edad o se prolongan", dice San, "y deberíamos consultar a un especialista".

A pesar de las mejoras en los métodos de diagnóstico, son frecuentes los realizados incorrectamente o con retraso. Además, los pacientes abandonan el tratamiento farmacológico precozmente o retrasan su inicio; muchas veces el propio menor se queja de los efectos secundarios o los padres y hasta los profesionales sanitarios son reacios a estos medicamentos complementarios de la psicoterapia, añaden.

Las repercusiones: abocarlo al fracaso escolar, a conductas antisociales y la marginación, concluyen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 2009