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Aerosmith se queda sin boca

Steven Tyler deja al grupo de Boston

Incluso para lo habitual en Aerosmith, banda pródiga en disparates, era demasiado. Joe Perry, su guitarrista, acaba de anunciar a un diario de Las Vegas que el grupo rompe con su cantante, Steven Tyler. Reacciona así ante un comentario de Tyler en Internet, donde alardea de abandonar a sus compañeros, no se sabe si temporal o definitivamente. No sólo se sabe ya que el vocalista ha cortado la comunicación con los instrumentistas: incluso, les cuelga el teléfono. Pero el show debe continuar: están buscando un nuevo frontman para que Aerosmith llegue a los fastos de su cuadragésimo aniversario.

En la historia simplificada del rock, Aerosmith están condenados al tópico de "la versión yanqui de los Rolling Stones". Tenían aproximadamente las mismas raíces -el blues urbano- que los británicos y su pareja central, Tyler y Perry, se daba un aire a Mick Jagger y Keith Richards. Surgieron a principios de los setenta, aprovechando que los Stones pasaban por zonas turbulentas y estaban editando discos atípicos. Por el contrario, ellos entendían las exigencias del mercado y facturaban un lúbrico rock durito, con las obligadas baladas, que CBS supo vender.

Renunciando a los paralelismos obvios, lo que queda es una biografía genuinamente americana. Tyler y compañía abusaron tanto de todo que terminaron convertidos en una parodia de sí mismos. El guitarrista dejó Aerosmith a finales de 1979 para encabezar The Joe Perry Project, pero ambas partes habían perdido la chispa. A mediados de los ochenta, enfrentados a la ruina, recompusieron la formación original y firmaron con Geffen Records.

En esta segunda etapa, se arrepintieron e hicieron penitencia. Añadieron cláusulas a sus contratos que obligaban a sus empleados a mantenerse "limpios" (si tocaban con otro grupo, las drogas y el alcohol no debían salir de sus camerinos). A la vez, obedecían las órdenes del departamento de mercadotecnia de Geffen, que supervisaba su repertorio: grababan canciones ajenas, obras de compositores profesionales, pensadas para encajar en la radio y en las listas. Aun así, en 1986 protagonizaron una ruptura cultural al hermanar rock y rap, gracias a una versión de su éxito, Walk this way, hecha con Run DMC. Una fusión que ya se intuía en el ambiente neoyorquino pero que ellos legitimaron, anticipando toda una corriente de gran impacto comercial.

Al genuino estilo del showbiz, confesaron sus pecados en libros y entrevistas. Lo que contaban superaba cualquier fantasía: Steven Tyler descubrió que tenía una hija -Liv Tyler, luego reconocida actriz- que creció lejos, protegida de los excesos de su progenitor. La nueva fórmula funcionó perfectamente; volvieron a ser fichados por su primera compañía, en uno de esos contratos propios de los años de vacas gordas. Hasta que, ya bien entrados los noventa, circularon susurros de que el cantante, ya sabes, volvía a pasear por el lado peligroso. Lo negó pero una serie de accidentes y cancelaciones sugerían que era eso o bien Tyler se había convertido en un desastre andante. Ahora, su socio Joe Perry lo explica más finamente: "Steven lleva tiempo sin dar el ciento por ciento".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de noviembre de 2009