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Reportaje:24 HORAS EN ... LANZAROTE

La isla que asombró a Almodóvar

En 'Los abrazos rotos', la playa de Famara de Lanzarote se convierte en un símbolo. Por la mañana, el parque nacional de Timanfaya. Para el almuerzo, cherne y bocinegro. Y por la tarde, César Manrique

Ocupa 845 kilómetros cuadrados y para tratarse de una isla canaria es bajita (670 metros). La separan tan sólo cien millas de Punta Tarfaya, en África, y su fama de tranquila le precede. En esta tierra de viñas y volcanes, 24 horas dan para mucho.

7.00 La siesta del gallo

No se asusten. Es sólo un pequeño madrugón para ver la salida del sol. Más o menos a esta hora, el cielo de la isla se sonroja anunciando la llegada del disco naranja, y la tierra de tonos ocres, rojizos y cobalto contrasta con el azul del mar y el blanco de las casas. Los perros ladran. El viento silba. No hay prisa. Es Lanzarote en estado puro, que tiene su punto místico. Visto el fenómeno, podemos regresar a la cama y disfrutar de la siesta del gallo (la de después del desayuno).

9.00 La lección del piroclasto

"Esta isla la destruyó un furioso volcán que reventó el día viernes primero de septiembre de 1730 a las diez de la noche". Así describió el párroco de Yaiza, el municipio más cercano, la erupción del Timanfaya (1). Para visitar el parque nacional (http://reddeparquesnacionales.mma.es/parques/timanfaya; 928 84 08 39) podemos optar bien por el recorrido en autobús que parte de las instalaciones que se encuentran en lo alto del Islote de Hilario (2), y que recorre las Montañas del Fuego hasta Montaña Rajada, o bien por la ruta guiada de Tremesana, que consiste en un paseo a pie de unas dos horas y media por el interior del parque. Durante los tres kilómetros de camino por este espacio frágil y de alto valor ecológico, los guías van mostrando con ejemplos reales conceptos como magma, lava, tubo volcánico o piroclasto (fragmento de roca volcánica). También explican que el parque es único por la lentitud de la colonización vegetal debida a la falta de agua; 300 años después de la primera erupción, apenas se perciben líquenes en las piedras.

12.00 Vides entre muros negros

De camino a Arrecife (3) por la carretera de La Geria (4) se encuentran, entre otras conocidas bodegas, las de El Grifo (5) (www.elgrifo.com; 928 52 49 51), perfectas para catar el vino de malvasía y contemplar las gerias, que son los muretes de piedra negra que protegen las verdes vides del viento y la abrasión. Una vez en la capital (www.turismoarrecife.com), la calle León y Castillo y sus alrededores son la zona ideal para darse a las compras y ver las pocas casas terreras que quedan. De portales frescos y ventanales con postigos, son típicas de la desprotegida arquitectura civil lanzaroteña. Esta calle termina junto al mar, donde el puente de las Bolas conduce al arrecife que da nombre a la ciudad. Allí se alza el castillo de San Gabriel, el fortín de finales del siglo XVI que acoge una muestra (abierta de martes a sábado, de 10.00 a 16.00) sobre la historia de la isla, piratas incluidos.

14.00 Los platos del charco

Muy próxima al castillo y en pleno centro de la ciudad se encuentra la ensenada del Charco de San Ginés (6). A orillas de este entrante de mar está el restaurante La Puntilla (7) (avenida de César Manrique, 52; 928 81 60 42), con comida española finamente reinterpretada y un trato de primera: arroz negro, huevos rotos con chorizo ibérico y bacalao rebozado con gofio de trigo, además de una carta de vinos más que notable. Al otro lado del Charco se encuentra el popular, económico y bullicioso Comedor Ginory (8) (Juan de Quesada, 9; 928 81 19 10), pintado de azul y con ventiladores en el techo. Aquí triunfa un plato llamado el matrimonio, que incluye un filete de corvina rebozada, ensalada de col y calamares fritos (un matrimonio de tres, como dijo Lady Di del suyo). Al lado se halla Casa Ginory (Juan de Quesada, 7; 928 80 40 46), en cuya terraza podemos degustar pescados frescos: la vieja, bocinegro, sargo, cherne...

16.00 El genio de la isla

Según cuentan, la casa de César Manrique en el Taro de Tahíche (9), dentro del municipio de Teguise, pero a escasos cinco kilómetros de Arrecife, alcanzó tal fama que el artista recibía a diario llamadas de amigos que le decían: "Ha venido fulano, ¿nos invitas a tu casa?". En 1988, 20 años después de que comenzase a levantarla, la cedió como museo (abierto de 10.00 a 19.00; 928 84 31 38; entrada, 8 euros) y sede de la Fundación Amigos de Lanzarote (hoy, Fundación César Manrique; www.fcmanrique.org) y se fue a vivir a Haría (10), entre palmeras y montañas. No es de extrañar que todos quisieran verla, porque en este pequeño paraíso terrenal la sensibilidad del artista integró espectacularmente naturaleza y arquitectura. Manrique construyó piscinas y pistas de baile, creó salones con luz cenital y rincones umbríos, pasarelas y pasadizos en una combinación asombrosa, fruto de la acomodación del espacio al terreno volcánico.

18.00 Un baño delicioso

Con sus seis kilómetros de extensión, la playa de Famara (11) es la más larga de Lanzarote y uno de los lugares en los que la pareja protagonista de Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar, disfruta del amor. Cuando no soplan los alisios y hay marea baja, el paseo a los pies de estos riscos que superan los 600 metros de altura resulta delicioso. En la playa abundan los surferos y los kyte-surferos, que vuelan de ola en ola con sus parapentes para asombro de las águilas pescadoras, alcaudones, halcones y pardelas cenicientas que habitan en las paredes de los riscos. El baño con olas es, junto con el de Arrieta, el mejor de Lanzarote. Al fondo se pueden distinguir las islas del archipiélago Chinijo, formado por la Graciosa (13), Montaña Clara (14) y Alegranza - O.

20.00 Calles de arena

La Caleta de Famara (16), o simplemente La Caleta, es uno de los pueblos más apreciados por los lanzaroteños para pasar los fines de semana. Entre sus encantos destaca la sencillez de las casas blancas, sus calles de arena y el espigón que sirve de refugio a los barcos de los pescadores, además del hecho de encontrarse en la punta donde empieza la playa. Para cenar no hay que perderse el bar y restaurante El Sol, que ofrece tanto en sus dos terrazas como en el interior pescado y marisco frescos, arroz caldoso y unos afortunados postres caseros -ojo al pudin de higo y batata-. O, si preferimos algo más elaborado, podemos acercarnos al no muy lejano pueblo de Nazaret.

22.00 La casa de Lawrence de Arabia

En Nazaret (17) se encuentra la casa troglodítica que hoy alberga el delicioso restaurante y el club Lagomar (calle del Loro, s/n; www.lag-o-mar.com; 928 84 56 65). Según dicen, César Manrique diseñó esta casa a principios de los años setenta para el famoso actor egipcio Omar Sharif. La leyenda cuenta que Sharif la perdió en una partida de cartas mientras rodaba una película en la isla, y que después nunca quiso regresar a Lanzarote para no volver a ver lo que había perdido. Además de programar conciertos, el club La Cueva Lagomar ofrece buenas copas en una escenografía propia de Las mil y una noches. Cuando se acaba la música y se apagan las luces, las casas blancas azulean, el viento mece las palmeras, y si un perro ladra, lo hace con tranquilidad. Sin prisas.

Más información en la Guía de Canarias

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009