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Tribuna:

Presupuestos para I+D: aterriza como puedas

Desde hace días los medios de comunicación debaten sobre los Presupuestos Generales del Estado (PGE) destinados a la Ciencia y la Innovación. La terquedad de los números del Ministerio de Hacienda se impone: Los presupuestos para I+D son de austeridad: ponen fin a la trayectoria de crecimiento -ya frenada en los PGE para 2009 y corregida gracias a la dotación del Plan E-, significan un paso atrás en el cumplimiento de las promesas de Rodríguez Zapatero y decepcionan -otra vez- las expectativas de cambio del modelo de crecimiento.

En el debate público, el Gobierno ha pecado de candidez insistiendo en la estabilidad del montante global de los presupuestos (incluyendo los préstamos reembolsables, capítulo 8), mientras que los capítulos 1 a 7 (personal, gastos corrientes, transferencias, inversiones, etc.) bajaban en torno al 15%. Los préstamos comenzaron a utilizarse masivamente en la política de I+D cuando los Gobiernos de Aznar se plantearon financiar la fabricación de equipos militares sin aumentar el déficit público; hoy representan casi el 60% de los recursos de esta política. El PSOE en la oposición criticó el ardid y Rodríguez Zapatero se comprometió, en el programa electoral de 2004, a doblar los presupuestos para I+D en los capítulos 1 a 7, lo que casi había cumplido, aunque ahora se desanda el camino. Los préstamos siguieron aumentando su peso para otros propósitos y se han convertido, como resultados de la política presupuestaria de ajuste, en un boomerang político sobre la cabeza de Ministerio de Ciencia e Innovación.

La innovación empresarial merece la oportunidad de despegar, pero no a costa de la ciencia

El Gobierno debería reconocer que el préstamo reembolsable no sirve para apoyar la I+D

Sin embargo, no olvidemos que la política presupuestaria refleja las preferencias del presidente del Gobierno y la instrumenta el Ministerio de Hacienda. En Francia, Sarkozy incrementa en más de 200 millones lo destinado a los organismos de investigación. En Estados Unidos, Obama pide para la Fundación Nacional de la Ciencia (NSF) un 8,5% más y para los Institutos Nacionales de Salud (NIH) un 1,5% (pero sobre un presupuesto base de 30.000 millones de dólares) y no son préstamos reembolsables, son gastos a fondo perdido. En pocos países del mundo se utilizan los préstamos reembolsables como instrumento principal de financiación de la investigación científica.

Los préstamos reembolsables son, a pesar de todo, un instrumento útil para facilitar la gestión de los fondos que se recibirán de la Unión Europea (FEDER, Fondo Tecnológico) o como apoyo al desarrollo tecnológico y la innovación empresarial. No obstante, en ciencia fundamental, son casi inútiles, son pan para hoy y hambre para mañana. La política de innovación es imprescindible y también necesita fondos (los préstamos reembolsables, desgravaciones fiscales -175 millones en 2010-, compras públicas y, a veces, subvenciones), pero los recursos y los instrumentos presupuestarios que cada sector (universidades, centros públicos de I+D, empresas, etcétera) necesita son muy distintos.

Mantener la confusión lleva a situaciones ridículas; por ejemplo, OCDE y Eurostat presentan estadísticas inverosímiles para España en materia de presupuestos de I+D, que muestran o bien que España es otra vez "diferente" o bien que -otra opción que el Gobierno debería pensar si le conviene- tiene la política presupuestaria de I+D más ineficiente del mundo. Según OCDE, los presupuestos públicos para I+D (GBAORD) en España alcanzaron en 2007 el 1,1% del PIB; si se compara con el gasto total en I+D (el 1,27%), la efectividad del presupuesto público para potenciar inversiones privadas es casi nula. La alternativa es medir el presupuesto público destinado a I+D, descontando los activos financieros, lo que resulta en que el esfuerzo presupuestario para la investigación se sitúa en una cifra más realista, en torno al 0,5% del PIB. En esta situación ya podemos compararnos con Francia, cuyo presupuesto para I+D fue de 0,75% del PIB y su gasto total en I+D de 2,08% del PIB o Alemania, que con un presupuesto para I+D de 0,77% del PIB, invirtió el 2,54% de su PIB en I+D. Como es obvio aún nos falta un importante esfuerzo presupuestario en I+D para equipararnos.

La forma en la que España computa su presupuesto en I+D da lugar a interpretaciones engañosas que, por otro lado, nos llevan a considerar que nuestras políticas de I+D e innovación son ineficientes; pero sin duda no es así. La ciencia española ha comenzado a despegar (gracias a las oportunidades surgidas en estos años), pero ya sabemos que si cuando se levanta el vuelo, los motores pierden potencia, existe el riesgo de que el avión tenga que aterrizar... como pueda. Sin duda la innovación empresarial merece también esa oportunidad, pero no a costa de la ciencia.

El Gobierno y el Ministerio de Hacienda no deberían olvidar el irresistible poder de los números; es mejor reconocer que los préstamos reembolsables -que además empezó Aznar- no sirven para apoyar la ciencia pública, que continuar argumentado que la apuesta por la ciencia se mantiene en los presupuestos; es lo malo de los científicos, siempre buscan la evidencia empírica que demuestre las cosas.

Luis Sanz Menéndez es director del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC y presidente del Comité de Política Científica y Tecnológica de la OCDE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009