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Crítica:Amin Maalouf | LIBROS / Ensayo

Alegato de Maalouf para salvar el mundo

"Es tarde, pero no demasiado". Todavía estamos a tiempo de inventar un concepto del mundo que nos permite salir de la prehistoria tribal de conflicto de civilizaciones y entrar en la edad adulta. Ésta podría ser la conclusión de El desajuste del mundo de un apocalíptico esperanzado: Amin Maalouf.

En el presente siglo la humanidad tendrá que escoger: o se sigue por la vía del conflicto de civilizaciones enfrentadas, que se imitan y se uniformizan, o vamos hacia una civilización humana única, "pero que florece en una infinita diversidad".

La reacción que conduce al segundo camino pasa por la aceptación de un principio básico: "En este siglo no hay forasteros, sólo hay compañeros de viaje". Y, en opinión de Maalouf, la inmigración debería jugar un papel decisivo en esta reconfiguración del mundo. Para ello hay que entender que un inmigrante es en primer lugar un emigrado: es realmente doble, pertenece a dos sociedades diferentes. Ni la integración -es de los nuestros si renuncia al origen- ni el multiculturalismo -el origen es determinante y nunca será de los nuestros- responden a la verdadera actitud de reconocimiento: "Podréis llegar a ser uno de los nuestros plenamente, sin dejar de ser vosotros mismos". Y es precisamente esta dualidad la que debería permitir al emigrante hacer de puente civilizatorio, capaz de ir zurciendo la humanidad disgregada.

El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan

Amin Maalouf

Traducción de María Teresa Gallego

Alianza. Madrid, 2009

320 páginas. 19,50 euros

Ha llegado el momento de clausurar el largo periodo de la historia tribal. Los motivos de desconfianza son muchos. El conflicto de civilizaciones ha cundido no sólo como explicación de la realidad sino como doctrina. Desde el fin de la guerra fría hemos pasado de las divisiones ideológicas a las divisiones identitarias. Con la globalización se ha globalizado el comunitarismo, que es la negación del principio de ciudadanía. El triunfo del modelo occidental paradójicamente ha debilitado Occidente. "La historia no es la virgen dócil y prudente con que sueñan los ideólogos". Las potencias occidentales no pueden cometer la tentación "de conservar por medio de la superioridad militar lo que no pueden conservar por superioridad económica y autoridad moral". El pecado de Occidente no ha sido imponer sus valores al resto del mundo, sino, al contrario, "haber renunciado a sus propios valores en la relación con los otros". Y en la memoria de los pueblos nada prescribe.

Amin Maalouf forma parte del cada vez más importante grupo de intelectuales nacidos fuera de Occidente que asumen la tradición ilustrada. "Ni qué decir tiene que Occidente le dio a la humanidad mucho más que cualquier otra civilización". La tragedia de Occidente es que "ha alcanzado un papel planetario desmedido que no puede seguir asumiendo por completo, pero del que tampoco puede desenredarse". Vivimos una etapa de la humanidad en que los cambios y la comunicación van al mismo ritmo, extremadamente acelerado. "Mientras Estados Unidos no haya convencido al resto del mundo de la legitimidad moral de su preeminencia, la humanidad seguirá en estado de sitio".

La legitimidad "es lo que permite que los pueblos y los individuos acepten, sin excesiva coerción, la autoridad de una institución encarnada en hombres y considerada como portadora de valores compartidos". La crisis de legitimidad está en el trasfondo de los desajustes del mundo. Y ha producido en el mundo musulmán grandes dosis de frustración y de división: no todo es odio a Occidente, sostiene Maalouf, hay también resentimiento consigo mismo. Maalouf dedica quizás las mejoras páginas del libro a analizar los problemas de legitimidad en el mundo musulmán, y, en especial las dos figuras, que más cuota de adhesión alcanzaron: Kemal Ataturk y Gamal Nasser.

¿Hay que confiar en el instinto de supervivencia de la humanidad para que una vez en el borde del precipicio haga la elección correcta? "Este instinto, responde Maalouf, existe en los individuos, pero es hipotético que existe en las especies". De modo que para el autor libanés todavía todo es posible: este siglo será para el hombre el siglo del retroceso o el siglo de una metamorfosis salutífera.

Maalouf despide su alegato con cuatro buenas razones para la esperanza: el progreso científicoas naciones más pobladas del planeta están saliendo del subdesarrollo; la experiencia de la Europa contemporánea que demuestra que se pueden ir dejando atrás los odios acumulados y las rivalidades seculares; el regreso, de la mano de Obama, de una América olvidada. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009