Análisis:Fase clasificatoria para el Mundial de Suráfrica 2010Análisis
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Maradona: el hundimiento

Vaya por delante una aclaración imprescindible: no existe ninguna relación, ni siquiera remota, entre el personaje sobre el que habla este artículo y el que inspiró la exitosa película que lleva el mismo título. Se trata simplemente de un juego de palabras.

Hecha la matización, hablemos de Diego Armando Maradona, el hombre que esta noche (1.05, Canal +), en el estadio Defensores del Chaco, de Asunción, intentará ante Paraguay salvar de las llamas lo poco que queda en pie de un mito que parecía intocable, indestructible. Esta madrugada, la selección de Argentina se juega buena parte de las pocas fichas que le quedan para hacerse un hueco directo en el Mundial de Suráfrica, pero su entrenador se las juega todas.

Diego, El Diez, D10s, llegó hace apenas diez meses al puesto que anhelaba desde hace años gracias a una mezcla de factores: la mala gestión del anterior entrenador, Alfio Basile; el interés de la empresa rusa Renova, dueña por entonces de los derechos de comercialización de los partidos amistosos de Argentina; el apoyo de Santa Mónica Sports, la empresa que gestiona el marketing de la AFA (la federación nacional), tal como lo hace con la RFEF (la española), y que paga el 50% de su salario, y, sobre todo, la insistencia del propio interesado, autopostulado una y otra vez para el cargo.

Diego, El Diez, D10s, siempre creyó que sentarse en el banquillo era lo mismo que transitar por la hierba y que su carácter de mejor jugador de la historia, o uno de los integrantes del podio al menos, sería más que suficiente para devolver los tiempos de triunfo a una selección que no gana un título desde 1993. Nada sorprendente. Mimado hasta el paroxismo desde muy joven, complacido hasta en sus más enloquecidos caprichos por sucesivos entornos tan obsecuentes que hasta han acuñado una nueva palabra, sídieguismo, Maradona ha llegado a creerse omnipotente, todopoderoso. Su aventura al frente de Argentina le está enseñando que estaba equivocado.

El 1-3 del sábado pasado ante Brasil, en Rosario, destapó en Argentina un eco que se estimaba imposible. Los medios de comunicación, que hasta aquí han profesado un respeto casi reverencial por El Diez, empiezan cada día con más fuerza a poner en evidencia cosas que para nadie eran desconocidas antes de asumir el cargo: su inexperiencia como entrenador, su poco apego al trabajo, su confusión mental.

En estos días transcurridos entre la debacle ante Kaká y compañía -duele mucho más la impotencia del equipo que el resultado en sí mismo- y el trascendental choque contra Paraguay se han ido sucediendo rumores y comentarios impensables hasta hace una semana. Frases que hablan de pérdida de respeto de los jugadores, de charlas técnicas dadas por los más veteranos del vestuario en el descanso del partido de Rosario y, fundamentalmente, de cosa juzgada entre los dirigentes de la federación.

Una nueva caída en Asunción acabará prematuramente con los días de Maradona en la selección, pero incluso una clasificación apurada, afirman, no le garantizaría su presencia al frente del equipo en Suráfrica.

Diego, El Diez, D10s, puede todavía esta madrugada salvarse de la hoguera que le rodea, pero el hundimiento del mito parece ya inevitable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 09 de septiembre de 2009.

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