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Reportaje:VIAJE EN COMPAÑÍA

Piel de salitre

En dorna por la Illa de Arousa con Uxío Allo, recuperador de barcos tradicionales

Cuando a mediados de los 80 fue inaugurado el puente de A Illa de Arousa, este enclave de las Rías Baixas se puso de moda como destino dominguero, no tanto para ver lo que es una maravilla natural en sí misma, sino para satisfacer ese gusto masoquista pero muy gallego por el cemento y el hormigón. Hordas de excursionistas miraban admirados la estampa de los dos kilómetros de asfalto que despojaban a este singular trozo de tierra de su insularidad. Un cuarto de siglo después, la propuesta es descubrir de nuevo A Illa de Arousa sin prisas, mecidos en la dorna de Uxío Allo, activista de la recuperación de las embarcaciones tradicionales.

Uxío Allo (1960) nació en A Illa cuando todavía lo era. El mar lo heredó en el ADN de una saga de marineros, "una especie acuática", según él mismo define. "Soy salitroso, ya se me ve en la piel", señala. Es cierto. Por debajo de su boina el mar lo ha ido curtiendo en un proceso lento de curación que comenzó cuando contaba 12 años y se embarcó por primera vez. A los 16, ya tenía una dorna propia. A los 22, volaba por la ría en una planeadora de poliéster tuneada por él mismo.

La dorna era un regalo de bodas para abrirse camino con la nueva familia

Los escandinavos "copiaron" a los gallegos esta embarcación, afirma

Fue por esa época cuando surgió también de sus manos la Asociación Cultural Dorna, pionera en la recuperación de las embarcaciones tradicionales gallegas, de la que es presidente. El proyecto se completó en 2001 con la puesta en marcha de una escuela de navegación tradicional, que más allá de ser un lugar de aprendizaje se ha convertido en foro de encuentro para amantes de la dorna de toda Galicia. La base está en la playa de Bao. Desde aquí, poniendo proa a Punta Furado, comienza esta singladura.

Hay viento fresco del Noroeste, la misma dirección de la que se dice que llegaron las dornas de mano de los vikingos en la Edad Media. Uxío rechaza esta teoría y no duda de que fueron los gallegos los que llevaron la dorna a Escandinavia: "Ellos nos copiaron". A babor van quedando las playas de Riasón, Sapeira y Cabodeiro. Un galeón a medio restaurar indica la carpintería de ribera de Manolo Mougán, hábil artesano de dornas. En su diseño, explica Uxío, la dorna es una embarcación bastante estable, "muy marinera": proa redondeada, popa chata y quilla pronunciada, con mástil para una vela de relinga.

Uxío tiene cuatro, todas con nombre de mujer: Carmiña, Doa, María y Bandalla. Es una tradición. La dorna era un regalo de bodas, un medio para abrirse camino en la vida con la nueva familia. Por eso, en homenaje, se bautizaban como la esposa, la madre o la hija. Sin embargo, los marineros recelan de las féminas a bordo. "Parece buena idea esto que estáis montando con las dornas, pero las mujeres os van a traer un susto", le advirtieron los viejos. No ha pasado nada. Más de la mitad del alumnado de la escuela de navegación son chicas.

Con el viento en la vela sigue rumbo de bolina. Al virar en Punta do Furado, hacia Punta Cabalo, se ve el puerto de A Illa, ocupado en la descarga de mejillones. Uxío también trabaja en las bateas. De las rías gallegas salen cada año unas 300.000 toneladas de mejillón: alguien tiene que arrancárselos al mar.

Entre bateas, se ve ya la playa de Area da Secada. Al pie de Punta Barbafeita, hay que esquivar rocas. Los barcos lanzan nasas. A barlovento, los islotes de Xidoiros y Areoso. A proa, la isla de Rúa, con su faro: "Todo es piedra, las gaviotas se apoderaron de ella".

Se divisan varias calas entre las rocas, al pie del monte Santo. Hasta allí recomienda Uxío subir si se hace una excursión a pie, porque "aún no hay las animaladas de la civilización". A la vista, Punta do Niño do Corvo, Punta do Con Retellado y la pequeña playa de Milhomes. Otra playa, la de Abilleira, con sus barcos varados, y el casco urbano, a donde sí ha llegado el feísmo. Pasamos de largo y seguimos a sotavento, a Poza do Sal. Al virar por Punta Quilma se conserva el Muíño das Aceñas, uno de los pocos molinos de marea que quedan en Galicia.

Aguas cálidas y transparentes balancean la dorna en los parajes del Parque Natural do Carreirón.La nave va "en emporrada" y un viento amable permite esquivar los cantiles. Uxío tensa la escota a la altura de Punta Arnela. Pasamos por Camaxiñas, Camaxe y Labanqueiro y, después de tres horas, se desembarca en el punto de partida. Ya en puerto, con una cerveza y una tapa de mejillones, habla de su otra singladura, la de la vida. Cuando un día le toque llegar a su destino final, Uxío Allo quisiera que lo quemaran sobre su dorna varada. Luego le sale la retranca marinera: "Me gustaría vivir para verlo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de agosto de 2009