Crítica:MÚSICA | DiscosCrítica
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Las mil voces de Sofía

La voz no tiene secretos para la cantante y compositora argentina Sofía Rei Koutsovitis, imaginativa intérprete acostumbrada a romper etiquetas que en muy poco tiempo ha conquistado la escena neoyorquina, desde el Carnegie Hall hasta los clubes underground más hip de la ciudad. Su formación clásica -estudió canto en su ciudad natal, Buenos Aires, e inició su carrera en el mundo de la ópera como mezzosoprano en el legendario Teatro Colón- le permite jugar con los más variados colores y matices vocales. Sin perder la frescura, sabe apostar sus bazas para ganarse al público con una sofisticada y novedosa aproximación a las tradiciones folclóricas de Argentina y sus países vecinos a las que añade irresistibles acentos jazzísticos. Sus canciones, que hablan de corazones rotos, del individualismo y del desafío que supone ser una extranjera en tierra extraña, abrazan las más diversas influencias populares y transmiten una poderosa energía rítmica. Acaba de publicar su segundo álbum, Sube Azul, editado por World Village, cuya puesta de largo internacional tuvo lugar el pasado 12 de julio en Barcelona, en un concierto en el marco del Festival Grec. "Me gusta jugar con los colores de la voz y buscar su fusión natural con los instrumentos, de una manera fresca e intuitiva", explica Sofía Rei Koutsovitis.

Vive en Nueva York desde el año 2005, ciudad que le fascina y en la que, asegura, respira desde el primer día aires de libertad creativa que ayudan a romper los tópicos asociados a la música latina. "Desde el primer día entré en contacto con músicos de todas partes, de Japón, China, Europa y América Latina, que viven la fusión de estilos diferentes de forma cotidiana, de la forma más natural y enriquecedora", comenta. "Lo más curioso es comprobar que, a pesar de las distintas procedencias, existe una cultura en común entre los músicos de América Latina, y eso es algo que facilita los puntos de encuentro".

Habla maravillas del contrabajista peruano Jorge Roeder, coproductor del disco y cómplice perfecto en su labor como compositora, arreglista, letrista y productora de Sube Azul. "Es un músico fuera de serie, un gran virtuoso del contrabajo al que conocí nada más llegar a Nueva York y conectamos perfectamente. Hicimos el disco en directo en un estudio de Nueva Jersey, tras muchos ensayos, pero conservando la magia y la inspiración del momento".

Su primer disco, Ojalá, fue escogido como uno de los diez mejores trabajos del año 2006 por la asociación de periodistas y críticos de jazz de Estados Unidos. En su nuevo disco da un paso más en la búsqueda de un sonido propio, combinando músicas de raíz tradicional colombiana y otros ritmos de países como Perú, Uruguay y Argentina, con las armonías del más sofisticado jazz actual. "El ritmo es esencial, vital, y la voz debe tener la suficiente flexibilidad para sonar, cuando es necesario, con fuerza desgarradora, o con la suavidad y la ligereza que pide el vuelo rítmico".

El disco incluye una muy personal versión de Cardo o ceniza, de la grandísima Chabuca Granda, y otros dos temas ajenos, El mayoral, de Wilfredo Franco Laguna, y Chongoyapana, de Arturo Shutt y Saco: el resto de las canciones son obra de Sofía, que además firma a medias un tema con Pavel Urkiza y varios arreglos con Jorge Roeder. En la banda destacan solistas del talento de Juan Medrano Cotito (cajón), Samuel Torres (congas), Celso Duarte (arpa), Dana Leong (violonchelo), Juancho Herrera (guitarras), Yayo Serka (batería) y, naturalmente, Roeder al contrabajo. La propia cantante se suma a la banda como percusionista: pura energía que contrasta con la delicada pureza melódica que caracteriza sus sutiles canciones. "Ahora mismo tenemos ya un público fiel en Nueva York, pero no nos conformamos con ser la sensación del momento, queremos hacer cosas nuevas que perduren en el tiempo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 08 de agosto de 2009.

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