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Reportaje:VISITAS | VERANO

Chipiona, el último gran faro

El edificio, de 1867, ofrece una vista inédita de la desembocadura del Guadalquivir

Es el mayor faro de España, una gigantesca mole de 69 metros de altura. Un símbolo del esfuerzo del hombre por proteger a sus semejantes. Una herramienta para guiar a la navegación en las noches sin luna. El faro de Chipiona (Cádiz) encierra historias que se remontan al nacimiento mismo de la ciudad, hace unos 2.000 años. Hoy es visitable.

La subida hasta la linterna proporciona al observador una panorámica única de la desembocadura del río Guadalquivir, una zona que aun hoy conserva restos hundidos de los galeones españoles que regresaban a Sevilla con sus bodegas llenas de oro y plata del Nuevo Mundo.

El actual faro de Chipiona se encendió por primera vez en 1867. Desde entonces, sólo ha permanecido apagado en una ocasión, durante la Guerra Civil Española. Las tropas de Franco, conocedoras de la supremacía naval del bando republicano, lo cegaron para impedir un ataque costero. Efectivamente, sin su referencia el acceso a la rocosa costa de Chipiona y Sanlúcar se convierte en una empresa de riesgo para las embarcaciones.

La señal lumínica sólo ha estado apagada durante la Guerra Civil

"Actualmente, sus dos lámparas son capaces de generar medio millón de lúmenes, que proyectan un haz horizontal con unas 25 millas náuticas (unos 48 kilómetros) de alcance", explica Septímio, el farero. Se trata de la última señal humana para quien abandona las costas de Cádiz.

Pero el faro de Chipiona, de manera excepcional, también lanza un potente foco de luz hacia el cénit que sólo es visible por los aviones que llegan a la base naval de Rota. En 1960, EE UU financió una reforma en la lente con la intención de balizar la ruta a la instalación militar.

"La lente esta siempre inmóvil, perfectamente perpendicular al horizonte, gracias a un basamento de mercurio en el que flota el conjunto, evitando rozamientos y pérdidas de estabilidad", dice con orgullo el farero.

Si nos aventuramos en la subida, deberemos tener en cuenta que el único modo de alcanzar la linterna, la zona superior que alberga las lámparas, es a pie. Son 344 escalones de piedra por una interminable escalera de caracol.Una vez arriba, lo primero, el viento, constante compañero del faro. Algunos se acercan a la barandilla exterior, pero la mayoría permanece inmóvil en la pared de sólida piedra ostionera de la torre.

La vista es única. A su espalda, la ciudad y a lo lejos el mar de plásticos de los invernaderos de flor cortada. Frente al visitante, el Atlántico roto por una lengua de agua ocre de la desembocadura del Guadalquivir. Junto a la costa, con marea baja, se ven los corrales de pesca, estructuras cerradas de piedra en cuyo interior quedan atrapados los peces al bajar la marea.

El cronista de Chipiona, el historiador Juan Luis Naval asegura que esta costa conserva los restos de navíos hundidos de la Era de los Descubrimientos. "Tengo catalogados entre 80 y 100 buques y, al menos, uno de ellos aún conserva en sus bodegas lingotes de plata de América", afirma. Las lodosas aguas los hacen invisible para navegantes y submarinistas y hoy están protegidos por métodos electrónicos, pero eso no siempre ha sido así...

La existencia de torres luminarias en esta misma zona costera es un hecho desde hace, al menos, 2.000 años. La primera referencia se remonta al Imperio romano. Aquélla fue una gran torre, de las mismas dimensiones del mítico faro de Alejandría, cuyo asentamiento supuso el nacimiento de la ciudad. En el siglo XVII, la Corona española financió la instalación de una referencia lumínica en la torre del castillo de Chipiona, muy cercano al actual faro.

faro de chipiona (cádiz). reservas los lunes en la oficina municipal de turismo. 956 373 350. turismochipiona@gmail.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de agosto de 2009