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Reportaje:24 HORAS EN... ZÚRICH

Chocolate con videoarte

La ciudad suiza donde vive y trabaja Pipilotti Rist se rinde a la modernidad en Zúrich West. También hay tiempo para peinar el casco antiguo en busca de iglesias, deliciosos quesos y coquetos cafés

La ciudad en la que Elías Canetti fue "perfectamente feliz", tal y como lo narra en el volumen autobiográfico La lengua absuelta, una de sus obras maestras, es tan armoniosa que se puede caer en la tentación de decir que carece de defectos. El Premio Nobel de literatura estudió bachillerato en Rämistrasse, 56, en el instituto público Rämibühl (donde Max Frisch también fue alumno), y su bienestar iba asociado a su sed de conocimiento. Una metáfora de una ciudad ilustrada y libre. Tan ordenada, tan limpia, sin apenas ruido, con las casas colocadas meticulosamente al pie del río Limmat, con parques, fuentes y zonas verdes cada cuatro pasos, que habrá quien eche de menos un poco de improvisación.

09.00 Sobre raíles o en bici

La vida en Zúrich va sobre raíles. Los trenes y los tranvías son el eje de la ciudad y la Hauptbahnhof (1) (la estación central), su principal puerta de entrada. Aunque lleguemos en avión, lo más cómodo es coger un tren que llega en pocos minutos. Una vez allí se puede comprar un bono diario para el transporte público por 8 francos (algo más de cinco euros) o imitar a muchos lugareños y hacerse con una bici. Si el tiempo acompaña, lo que no es raro en esta época, es seguramente la mejor opción. Sobre todo porque se pueden alquilar gratuitamente con el servicio Züri Rollt (sólo hacen falta una identificación y 20 francos de depósito). El primer paseo desde la estación consiste en recorrer el kilómetro y medio de Bahnhofstrasse (2), la principal arteria comercial. Es una buena síntesis de la ciudad: rica, pero no ostentosa, y, sobre todo, cara, muy cara. Llegamos a Paradeplatz (3), donde se funden más elementos para el tópico de Suiza: bancos y chocolate. El común de los mortales va a disfrutar más de lo segundo y para eso está Confiserie Sprüngli (www.spruengli.ch; Bahnhofstrasse, 21), donde todo es bueno y se degusta, además de trufas y colecciones de chocolate, los famosos Luxemburgerli (una especie de macarons más ligeros y rellenos de cremas de diferentes sabores).

10.00 No perderse los 'giacomettis'

En la Paradeplatz estamos a las puertas del casco medieval de Zúrich. En el lado oeste del río Limmat se encuentra la iglesia de Fraumünster (4), cuyo interior se ilumina con los colores de las vidrieras firmadas por Marc Chagall. Muy cerca, entre calles estrechas y empinadas, descubrimos otra iglesia, la más antigua de Zúrich: St. Peterskirche (5), cuya enorme esfera está entre las mayores de Europa. Seguimos hacia la calle de Rennweg - (6), ocho de cuyas casas históricas las ocupa uno de los mejores hoteles de la ciudad, el Widder (www.widderhotel.ch), con un recomendable bar con jazz en directo. En el paseo llegamos a Lindenhof (7). Se dice que en lo alto de esta pequeña colina se fundó la ciudad. Lo que es seguro es que proporciona una de sus mejores vistas del Limmat, que acto seguido cruzaremos. Primera parada: la catedral de Grossmünster (8), con sus torres gemelas. Fue construida como católica, pero pasó a ser protestante a partir del siglo XVI, cuando la reforma entró en la ciudad. A unos metros queda el Kunsthaus (9), el principal museo (Winkelwiese, 4; www.kunsthaus.ch; lunes cerrado; 11,90 euros), donde se puede ver desde una impresionante serie de giacomettis hasta las atrevidas piezas de la suiza Pipilotti Rist, la reina del videoarte, que vive en la ciudad. Si seguimos paseando encontramos decenas de cafeterías y bares, espacios para la lectura o el encuentro. Si en Madrid se queda para el aperitivo, aquí para tomar un café. Nos podemos sentar en el clásico Café Schober (Napfgasse, 4), indicado para los más golosos, o junto al río en el Café Rathaus (Limmatquai, 61), cerca del Ayuntamiento. Más escondidos, en Spitalgasse, hay unos cuantos locales modernos, como el Artige Bar (en el número 10; www.susibrunner.ch).

12.30 Toca degustar queso suizo

Ya es hora de la comida. La cocina suiza es muy rica, con una mezcla de influencias de Italia, Francia y Alemania. Uno de los restaurantes más típicos: el Zeughauskeller (10) (Bahnhofstrasse, 28; www.zeughauskeller.ch), un antiguo polvorín donde sirven rösti, una tortita hecha de patatas, que se acompaña con una salchicha o carne de ternera en salsa (Zürcher Geschnätzeltes). Otra opción: una fondue de queso. La ponen muy buena y a precios razonables en Le Dezaley (11) (Römergasse, 7; www.le-dezaley.ch).

14.00 El hotel de Thomas Mann

Para la digestión, un paseo en barco por el lago, que brinda algunas de las perspectivas más bonitas de la ciudad. Hay recorridos entre hora y media y siete horas. El más corto es suficiente para disfrutar de la brisa de los Alpes, que quedan a la vista. A partir de las 11.00 sale cada hora desde Bürkliplatz (12) (www.zsg.ch; 5,30 euros). Otra buena idea es relajarse después de la comida en alguno de los parquecitos que rodean al lago, como el Arboretum (13). Los fines de semana se llenan de gente tomando el sol, que incluso se dan un chapuzón en el lago de Zúrich. A pocos metros se puede tomar algo en el lujoso Baur-au-Lac (14) (Talstrasse, 1; www.bauraulac.ch), el hotel donde Thomas Mann solía hospedarse en las épocas que pasaba en la ciudad.

15.30 La cara del oeste

Dejamos atrás la ciudad convencional, el paraíso al cual volvió a pasar la última etapa de su vida Elías Canetti, para adentrarnos en Zúrich West, la zona de moda: moderna, cultural, diferente. Todo lo dicho sobre la calma de Zúrich se olvida aquí. Algunas calles parecen de fuera de la ciudad, de otro país. Nos encontramos con el arte contemporáneo de Migrosmuseum (15) (Limmatstrasse, 270; 5,30 euros, 7,95 en combinación con el Kunsthaus), un importante centro ideal para buscadores de artistas emergentes. Y si queremos llevarnos un recuerdo de Suiza más original que una navaja podemos acercarnos a la tienda de Freitag (16) (Geroldstrasse, 17), una marca de bolsos y bandoleras hechas con materiales reciclados de camiones que arrasan en el país a pesar de su precio, unos 200 francos (130 euros). Un poco más al sur está la Haus Konstruktiv (17) (Selnaustrasse, 25; 8,60 euros; cierra los lunes), donde se pueden ver exposiciones de arte conceptual y diseño. Habrá que estar atentos a las horas de cierre de ambos museos, que según el día van desde las 17.00 a las 20.00.

20.00 Noche variopinta

Sin salir del Zúrich West hay una amplia variedad de sitios para cenar. La zona está sembrada de establecimientos de comida rápida, pero también hay otros más selectos como Josef (18) (Gasometerstrasse, 24, www.josef.ch), donde ponen algo parecido a raciones de platos de cocina moderna, o LaSalle (19) (Schiffbaustrasse 4), en un antiguo astillero rehabilitado. Después, en poco espacio, hay bares para todos los gustos. Probablemente el mejor local de música en directo es el Moods (Schiffbaustrasse, 6), con más de doscientos conciertos al año. Más convencional, encontramos el Longstreet (20), en el número 92 de Langstrasse, la calle más latina de Zúrich. Pero si quedan fuerzas, lo que realmente da fama a la noche de la ciudad son las discotecas de música techno, como Hive (Geroldstrasse, 5) o Supermarket (Geroldstrasse, 17).

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de junio de 2009