Entrevista:CENA CON.... CHARO LÓPEZ

"En el cine entro en la guerra y en el teatro en la paz"

Es inevitable. A la hora de la cena la actriz Charo López habla, entre otras cosas, del régimen dietético con el que convive desde hace ya un tiempo y que se pone de manifiesto en la elección del restaurante de pescados y los platos.

"Al quitarme el tabaco y coincidir con un desbarajuste hormonal pillé kilos, entre otras cosas porque no había aprendido a no fumar y lo compensé con la comida, y comí, comí, comí. En cinco meses me cambió el cuerpo y ahora estoy trabajando eso", comenta. Y cierra los ojos para zambullir en su boca una ostra que paladea mientras emite algo parecido a un ronroneo que sólo corta para decir: "Las ostras no tienen calorías".

En su profesión, el juicio de los demás es permanente y continuo: "¡Por qué me iba a escapar yo! Pero es tremendo no poder estar como a una le de la gana, todos tenemos la debilidad de gustar, de tener éxito y sólo nos han enseñado a competir, a defendernos, a desconfiar".

La actriz está de gira por España con la obra 'El otro lado'

Pero inmediatamente cambia el mohín cuando se le recuerda que este año se le ha concedido la medalla de Oro de las Bellas Artes: "Me hace ilusión ver al Rey; llevo unos días mandando mensajes a las amigas en los que pido larga vida al Rey. Pensarán que estoy chocha, pero la medalla me la da él. Por cierto que no sé como le tengo que saludar".

A López le apasiona su trabajo que se mueve entre el cine y el teatro. "El cine es muy difícil técnicamente, pero su onda expansiva, como festivales, premios, popularidad es buena e importante para la carrera, pero en teatro todo el riesgo te pertenece a tí. A pesar de ello en el teatro entro en la paz y en el cine entro en la guerra". La actriz no toca el pan ni mira la mayonesa.

"Soy conservadora con los sabores, paleta y aburrida, me quedaría con la comida de mamá para toda la vida: cocido, filetes empanados, tortilla española, y por ahí me gustan cosas vulgares con calorías", dice mientras mira su exquisita lubina a la sal y dice: "¡Qué buena soy!".

Sabe que haciendo teatro es muy difícil el régimen: "Se sale de la función con la adrenalina muy alta y necesitamos hablar, comer mucho, compartir muchos platos, reír..., pero hablar no adelgaza". Y añade: "El problema es que quieren convencerte de que a partir de los 65 no importa el físico; ¡coñe!, cuando un hombre engorda no pierde el prestigio social, sin embargo, una mujer se convierte una vez más en invisible y puede perjudicarle muchísimo su carrera. Encima amigos, directores, actores te exigen que estés igual que a los 30 años. Lo de la gordura es una nueva variedad de la lucha de clases que no se limita a ricos y pobres, también está lo de guapos y feos, altos y bajos, tontos y listos". En plena crisis tiene varias propuestas para diferentes películas. Los escenarios nunca los abandona le vaya como le vaya en lo otro. Ahora se mueve por toda España con una obra metafórica y cruelmente irónica de Ariel Dorfman, El otro lado, en la que comparte reparto con Eusebio Lázaro (también director del montaje) y José Luis Torrijo.

Cuando empezó en el teatro universitario de Salamanca se dio cuenta de cuánto le aliviaba la vida hacer teatro: "Vi en él una salida lúdica, graciosa, divertida, yo apuntaba a ser una persona ordenada y cabal y mira como he terminado, ¡dándole a la ostra!".

El Barril de Recoletos. Madrid

- Seis ostras gigantes: 15 euros.

- Dos lubinas a la sal: 43.

- Cerveza sin, agua y pan: 10,81.

Total con IVA: 73,63 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0030, 30 de mayo de 2009.