Reportaje:EL JEFE DE TODO ESTO | Darío Pérez, director del Samur Social

Los protectores de los 'sin hogar'

El responsable del servicio de emergencias municipal dirige un grupo que sirve de puente entre los excluidos y las organizaciones de reinserción social

Darío Pérez Madera, de 49 años, nacido y criado en Carabanchel, conserva en su rostro una expresión entre cariacontecida y de enérgico compromiso que surge del respeto por el sufrimiento ajeno y de la disposición personal y colectiva por combatirlo. Su tarea consiste en dirigir un equipo de 150 personas, trabajadores sociales, auxiliares y conductores, que componen el Samur Social.

Se trata de un servicio municipal dependiente de la Concejalía de Familia y Servicios Sociales. Atiende emergencias humanitarias con unidades móviles para la ayuda a pie de calle a personas sin hogar, enfermas y maltratadas de todas las edades, con equipos de acción directa que brindan primeros auxilios sociales de manera inmediata. Posteriormente, encauzan las situaciones problemáticas hacia soluciones duraderas en los sistemas de protección social municipales, regionales y estatales. El Samur Social actúa también ante grandes emergencias, como fue el 11-M o el accidente del avión de Spanair en el aeropuerto de Barajas el pasado mes de agosto. "Recuerdo la enorme templanza mostrada entonces por los familiares canarios de las víctimas", precisa.

Son muchos los inmigrantes que piden apoyo para regresar a sus países
Crece el número de personas que acuden a los comedores públicos

Confiesa que en su actividad siempre aprende de la gente concernida por la adversidad. La receta que emplea con su equipo a la hora de regir un colectivo tan amplio es "el estímulo de la motivación, sin el cual es imposible dedicarse a esto", asegura.

Con ello se refiere al Trabajo Social, que él explica a sus alumnos en la facultad de Somosaguas, y que define como "una actividad profesional, con sólidos fundamentos teórico-prácticos, encaminada a brindar ayuda a ciudadanos que la necesitan por sufrir condiciones de adversidad sobrevenida", dice.

Insiste Darío Pérez en el adjetivo profesional, "verdadero complemento de la disponibilidad humana" con la que actúa su equipo, por el que siente una admiración profunda. Entre sus pautas de mando, además de la responsabilidad, esgrime otra que dice haber aprendido de su madre: "El ejemplo". Y la explica. "Se trata de ser el primero en afrontar el trabajo, el esfuerzo y el compromiso de una manera visible que permita que tu actitud sea imitable". Ante la mirada de Darío Pérez han desfilado miles de casos de personas de carne y hueso a las que un revés del destino, el azar, un error propio o ajeno, han truncado súbitamente la delicadísima trama de equilibrios sobre los que se asienta la vida cotidiana de cada una de ellas, de cada uno de nosotros.

"Los 'sin hogar', a menudo ancianos, o personas con dependencias, constituyen el último peldaño de la escalera descendente de la indefensión y de la exclusión social", señala Darío Pérez. Por ello, para él la estrategia de combate contra la adversidad de los desprotegidos "consiste en una escalera ascendente que va, como los pisos, desde la ayuda a pie de calle, comida, ropa o higiene, hasta el alojamiento en casas de acogida o la dotación de una cartilla de residencia".

Su equipo se encarga de establecer un puente entre el excluido y las redes sociales. Para conseguir sus metas, el Samur Social "despliega un poder de mediación específico que pone en contacto a los 'sin hogar' -y todos cuantos precisen de esa ayuda básica- con las redes de asistencia social que las instituciones tienen esparcidas por Madrid, desde las sanitarias a las educativas o humanitarias".

¿Se nota ya la mentada crisis en las calles de Madrid? "Aunque es un factor de riesgo, en verdad, aún no se nota; el número de personas 'sin techo' que pasaban la noche al raso el pasado año coincide con la tendencia de lo que va de este año", dice. Ese número lo cifra en 535 personas. La demanda de ayuda se amplió hasta las 75.000 llamadas telefónicas en petición de asistencia.

Darío Pérez sí aprecia, sin embargo, signos que, hasta ahora, no existían. "El primero es que ha crecido al doble el número de personas que acude a los comedores públicos y que antes no lo hacía". El segundo signo es "el incremento de los retornos a los espacios de acogida; es decir, numerosas personas que anteriormente se incorporaban a los circuitos laborales clásicos, la construcción, la vigilancia y otros, ahora regresan a los centros de acogida a los que habían acudido". En tercer lugar, resalta, "se está produciendo también un aumento en la demanda de ayuda para regresar a sus países de origen por parte de inmigrantes". Además, concluye, "crece el número de personas que, hasta ahora, no habían pedido alojamiento".

El responsable del Samur Social precisa: "Hay que tener en cuenta que en España existe un sistema de protección social que funciona y dispone de una serie de colchones que amortigua grandemente la adversidad, desde el familiar, primer blindaje contra la vulnerabilidad, más estabilizado aquí que en otros países europeos, hasta la protección social que ofrecen el sistema sanitario, las pensiones y las políticas sociales de las tres Administraciones".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0004, 04 de mayo de 2009.

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