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Reportaje:Vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones

El ejemplo de Cesc

El capitán del Arsenal, con 22 años, afronta su segunda semifinal con el Barça como referente

Arsène Wenger invitó a sus chicos a pasarlo bien esta noche y recordó que la mejor manera de jugarle al Manchester United y dejarlo en la cuneta camino de Roma es jugar "el fútbol que amamos". "Quiero que se diviertan, que sean positivos", dijo. Acto seguido, en la sala de prensa del centro de entrenamiento de Saint Albans, cuartel general del Arsenal, apareció Cesc Fàbregas y miró al Barcelona para decir que el ejemplo a seguir es el del equipo de Pep Guardiola. "Nos gusta esa idea, ser valientes, ir a por el partido. Highbury tiene su historia y queremos escribir la del Emirates", dijo Cesc en referencia al estadio de los rojiblancos, estrenado hace tres años.

Cesc reconoció que la exhibición de poderío del Barça ante el Madrid el pasado sábado no le cogió desprevenido. "Lo del sábado en el Bernabéu no me sorprendió mucho porque intuía de lo que son capaces jugando como están jugando". Así que nadie se extrañó al escucharle decir que para eliminar al Manchester esta noche, en la vuelta de las semifinales, lo mejor será hacer lo que hace el Barcelona: "Es el juego que nos gusta y, aunque ellos son más espectaculares, queremos coger la pelota, tocar y atacar", dijo, rendido a la grandeza del equipo de Guardiola, su ídolo de la infancia, el hombre que ha sublimado la idea de un estilo que él aprendió yendo de Mataró a Barcelona a diario en un taxi mientras soñaba con repartir el juego como Guardiola o regatear a la presión de querer siempre la pelota como le veía hacer a Figo.

A dos partidos de sumar 200 con la zamarra roja y blanca de los gunners, a un gol de festejar el número 30 y a una asistencia del medio centenar, los datos del centrocampista podrían ser irrelevantes de no ser porque ayer cumplió 22 años: 22 años y capitán del Arsenal. "Un gran capitán", según le reconoce el mítico Tony Adams, que se puso el brazalete a los 20 años y 85 días, 131 días antes que el centrocampista español.

Cesc, el jugador más joven en debutar en la Premier y el más precoz en marcar un gol con el Arsenal, soñaba con llevar el 4 a la espalda de una zamarra azulgrana. O, en su defecto, el 7, según recuerda siempre el padre de Cesc, un albañil de Arenys de Mar que chantajeaba a su hijo con no dejarle jugar los fines de semana si no lo aprobaba todo. Entonces, a Cesc los colegas que compartían litera y sueños en La Masía le conocían como El Verruguita. Hoy, al norte de Londres, en la tierra de los gunners, le llaman The Architect.

No se esconde en el campo no lo hizo cuando le tocó tirar ante Italia el penalti decisivo en la Eurocopa que metió a España en la semifinales y no lo hizo ayer cuando le hablaron de la idea de jugar una final londinense contra el Chelsea en la Champions. "Yo no soy de Londres. Lo que quiero es que el equipo del norte de Londres esté en Roma. Y, para ser sincero, en el Barça tengo muchos amigos y me ilusiona jugar la final contra ellos". Valiente, aseguró que no le impresiona tener delante a jugadores que han costado mucho dinero ni tener que remontar un gol de desventaja: "Podemos hacerlo, hemos de salir al campo pensando en positivo y jugar como sabemos". Por lo que a él respecta y a ser posible, como jugó Xavi el sábado. "Espectacular como siempre. Disfruté mucho viéndoles a todos y a él en particular para aprender. Es un espectáculo. ¡Dio cuatro pases de gol!", exclamó.

También le preguntaron por su futuro. "Mi futuro será bueno, gracias. Y será aquí. Estoy harto de decirlo. Soy el capitán del Arsenal y quiero que mi futuro siga ligado a este club", dijo. Y, a ser posible, jugar la final contra el equipo que le sirve de ejemplo, contra el Barça de Guardiola, que le hace disfrutar como le hacía disfrutar viéndole jugar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de mayo de 2009