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Reportaje:24 HORAS EN... BURGOS

De vermús junto al Cid

Rosetones y retablos. Piedras de brillo gótico. Confiterías exquisitas y mesones donde entregarse a la olla podrida o al lechón. Monasterios y juerga nocturna son compatibles en Burgos

Fin de la confabulación. Cuando la primavera se deja caer por Burgos para acabar con la alianza de viento helado y nieve, la ciudad se muestra más acogedora. Sin tiritar y con el sol en la calle, ésta es una buena época para recorrer un centro auténticamente castellano, donde una sobria elegancia ha marcado los edificios. La Edad Media y el Renacimiento se mezclan en plazas de tal forma que nadie diría que el segundo periodo asesinó al primero. Y existe un héroe local y apasionado, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, y vida en bares pequeños. Ya lo decía un antiguo eslogan municipal: "Burgos no te dejará frío".

09.30 Carlos V, el conseguidor

El Arco de Santa María (947 28 88 68; entrada libre)

(1), una de las doce puertas de la muralla de la ciudadela medieval, parece un castillo. Fue reconstruida en el siglo XVI por Carlos V, que mandó poner una estatua suya y la rodeó de personajes significativos. Cuando se flanquea el arco, la ciudad despliega una imagen idílica: la orgullosa catedral gótica (947 204 712; de 10.00 a 18.00; 5 euros)

(2), declarada patrimonio mundial, que hace sentir al turista que es poca cosa. Rosetones, agujas y retablos toman, más que nunca, sentido. Merece un vistazo la capilla de los Condestables y la escalera Dorada. La estatua de un peregrino en la plaza del Rey San Fernando

(3) indica que el Camino de Santiago pasa por aquí. Allí mismo está la tienda Viandas del Camino. Un consejo: hacerse con morcilla, cecina y chorizo. Calorías burgalesas.

11.00 Junto al castillo

Frente a la plaza de Santa María

(4), donde se sitúa la portada principal, hay un callejón de otro tiempo con ropa tendida y parece que uno sale de la ciudad. Error. Se llega al arco de Fernán González, en la calle de doña Jimena, donde están apostadas las cigüeñas. Unas escaleras dan a un frondoso parque. Paseo tenebroso o romántico, según. Subiendo, la ciudad moderna aparece y desaparece entre montes. Se deja ver el castillo (5) (947 203 857; fines de semana, de 11.00 a 14.00), bien conservado, en lo alto. Tiene su historia: en los siglos XIV y XV fueron frecuentes los enfrentamientos del castillo con la ciudad y el concejo burgalés, que culminaron con la guerra de sucesión en la que los Estúñiga apoyaron a Juana la Beltraneja, y la ciudad, a Isabel la Católica. Bajando, se llega al mudéjar arco de San Esteban (6).

13.00 Arte de hoy en la Edad Media

Para equilibrar la historia, un soplo de arte contemporáneo en el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB) (7) (947 25 65 50; entrada libre; cerrado lunes y fiestas locales), que surge de la nada. El edificio vanguardista contrasta con este subir y bajar medieval. Como el gótico es obcecado en Burgos, salta cuando quiere. Ahí está la iglesia de San Esteban

(8), de finales del siglo XIII, con la puerta cerrada. Se escuchan ruidos. ¿Monjas rezando al unísono? ¿Grullas? Será lo segundo. No hay que dejar de visitar la iglesia de Santa Águeda

(9) (donde Alfonso VI juró ante el Cid no haber tomado parte en la muerte de su hermano Sancho II de Castilla) ni la muralla en torno a la Puerta de San Martín (10) (por donde salió de la ciudad el Cid).

14.00 Calorías burgalesas

Saludan los nubarrones. El baile de callejones recrea un ambiente rural con farolas en los muros y olor a guiso de antaño. El famoso Mesón del Cid (plaza de Santa María, 8; 947 20 87 15) ofrece platos como la olla podrida o el lechón. En la calle de San Lorenzo

(11), comercial y donde es fácil chocarse con el que viene de frente, está La Amarilla. Tiene raciones a buen precio, como setas al ajillo, gambas, morcilla, pudin de cabracho... Y los tigres, a 1,80 la unidad. Otra opción es vermú y patatas bravas en La Mejillonera (Paloma, 33), La Cabaña Arandina (Sombrerería, 12) o El Morito (Diego Porcelos, 1).

16.15 De monjes, retablos y silencios

La religión fue hace siglos en Burgos como el pan. A por ella. Para ir a la maravillosa Cartuja de Miraflores (12), retirada de la ciudad, hay que coger el autobús 27 en la plaza de España a las 16.15. Es un monasterio de finales del siglo XV con iglesia gótica isabelina de Juan de Colonia. En su interior hay un magnífico retablo de Gil de Siloé, así como los sepulcros de los reyes Juan II de Castilla e Isabel de Portugal. Luego habrá que volver en el 10, que se toma en El Plantío, al lado de las piscinas. Para el monasterio de las Huelgas

(13) hay que montarse en el autobús 5, 7 o 39 junto al arco de Santa María. El viajero se encontrará con un delicioso pueblecito de piedra en torno a la enorme edificación religiosa. Nadie habla.

19.00 Una plaza Mayor coloreada

Las señoras, embutidas en sus abrigos de pieles, salen de misa. El repique de sus zapatos lleva hasta la plaza Mayor (14). El gris y el marrón dan paso a un festival de color. El Ayuntamiento, de piedra, rompe el jolgorio de las fachadas e impone cordura. Junto a él, la confitería Alonso, un local antiguo de madera donde comprar las famosas yemas de Burgos. El café se tomará en La Habitación Sonora (Barrio Gimeno, 26), un local moderno con sofás retros. Los colores se paran en seco en la iglesia y el arco de San Gil, un rincón solitario. El río Vena y el arco de San Juan (15) aportan nostalgia a la ciudad. Los leones del puente de piedra se la quitan.

20.00 'Art déco'

El bullicio es intermitente. Relájese, porque cuando llegue a la calle de Santander ya no habrá respiro entre los coches y las compras. Mirando a las franquicias de moda se sitúa la Casa del Cordón

(16), donde los Reyes Católicos recibieron a Cristóbal Colón en 1497, después de su segundo viaje a América. Y ahí está la estatua del Mío Cid, frente el teatro Principal

(17) (paseo del Espolón, s/n), del siglo XIX, con una puerta de madera art déco. En el paseo del Espolón, con el río Arlanzón que baja bravo, hay que pararse en los árboles unidos en sus ramas los unos a los otros. Atapuerca no está aquí, pero enfrente se construye, en colorines, la sede del Museo de la Evolución Humana, un interesante proyecto del arquitecto Juan Navarro Baldeweg, que dará más visibilidad a esos descubrimientos de la prehistoria declarados patrimonio mundial.

23.00 Dados nocturnos

El barrio de Las Llanas (18) se pone hasta arriba por la noche. Se puede comenzar en El Peregrino, con mesas alargadas donde la gente de cualquier pandilla se mezcla y juega a los dados (al Yo Nunca o a El Quinito). Sus cachis de cerveza tienen precios tentadores: 3,50 euros. La Pécora, con sofás de cuero rojo y paredes de madera, presenta un ambiente acogedor mientras va desfilando por los altavoces el rock de los setenta y ochenta. En Sector 22 (calle de Fernán González), más rock redentor. El brit pop y el garage viven en El Bar de Blas (calle de la Puebla, 29). Por la madrugada aprietan el frío y el hambre. Ningún problema: la morcilla que se ha comprado por la mañana sigue intacta.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de abril de 2009