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MÚSICA | Perfil

Mina, la vigencia de un mito

La superestrella italiana fue una intérprete camaleónica veinte años antes que Madonna. Lleva tres décadas sin pisar un escenario pero ha grabado decenas de discos. Su nuevo álbum es un ejercicio de nostalgia y un homenaje al melodrama lírico

Su hijo, Massimiliano Pani, productor musical, ha dicho del último disco de Mina que es más "un proyecto artístico que discográfico", porque incluye temas que la diva "siempre había querido cantar". Las arias más populares de cuatro grandes óperas de Giacomo Puccini: Turandot, La bohème, Manon Lescaut y Tosca; de L'Arlesiana, de Francesco Cilea; textos sobre música de Tommaso Albinoni, canciones de West Side Story, y un tema de Astor Piazzolla. Así es Sulla tua bocca lo dirò, el último álbum de la superdiva italiana.

Un homenaje al melodrama lírico, al bel canto italiano, a la música que sonaba en la casa de Cremona (Lombardia), donde creció Anna María Mazzini, Mina. La estrella más fulgurante que ha dado la música ligera italiana en el último siglo. De su abuela, Amelia, cantante lírica, recibió Mina algo de ese legado clásico que, hasta ahora, no se había atrevido a grabar. El momento ha llegado cuando la cantante acaba de cumplir 69 años, convertida desde hace más de 30 en una dama suiza privada, residente en Lugano y con pocas ganas de explotar su inmarchitable popularidad.

Después de grabar 1.000 canciones y vender 76 millones de discos, Mina no acepta condicionamientos. Canta los temas que quiere, y siempre gusta

Desde que abandonó las actuaciones en directo, en agosto de 1978, en pleno triunfo, Anna María Mazzini ha relegado a Mina, su personaje artístico, a un mero papel de atracción musical. Una fotografía en la carátula del álbum que ha venido grabando casi anualmente. En el último, su rostro es más que nunca una máscara que oculta más que muestra a la Mina de hoy. Como si el ocultarse formara parte de su actual identidad. Por eso, no hubo manera de que se presentara en vivo, en el teatro Aristón, donde en febrero pasado se celebró el 59º festival de Sanremo, en otro tiempo escenario de sus éxitos.

Aquella Mina, intérprete camaleónica, un par de décadas antes que Madonna; aquella mujer llamativa, con algo del físico afilado de su compatriota Silvana Mangano, aunque sin su belleza, se ha terminado. Y su reencarnación, la Mina de hoy, no está dispuesta a reaparecer en escena. Por eso, la anunciada presencia en el festival quedó en un vídeo. Una filmación realizada por la RAI, en la que Mina era una imagen y una voz entonando las notas del 'Nessun Dorma' de Turandot. La imagen de la misma Mina de los últimos tiempos. La retratada a traición por algún papparazzo. Una dama de pelo rojizo, recogido en un moño tirante, la piel blanca, los ojos ocultos tras gafas ahumadas. Pero la polémica que ha rodeado a su presencia-ausencia de Sanremo demuestra también que los italianos no la olvidan. Tampoco los europeos, porque las canciones de Mina, la estrella indiscutible de la música italiana de los años sesenta y setenta, han sido éxitos de venta en todo el continente, y a menudo en Estados Unidos y en Japón.

Lo inusual con esta mujer de 1,78 metros de altura, piel pálida y maquillaje espeso, que se marchó de Italia en 1965 y es ciudadana helvética desde 1990, es que siga viva en el corazón de sus compatriotas y de sus admiradores cuando lleva tres décadas fuera de los escenarios. Puede que Patti Pravo tenga razón al acusarla de falta de coraje por no ser capaz de presentarse ante su público, pero también se necesita valor para abandonarlo todo, dejar el mundo artístico con la miel en los labios y refugiarse en un aristocrático anonimato, como el elegido por la estrella hace 30 años.

Sulla tua bocca lo dirò, su último álbum, viene a ser un ejercicio de nostalgia. Y una reafirmación de la independencia artística que ha caracterizado a Mina siempre. Después de grabar mil canciones, y vender 76 millones de discos, en una historia musical que dura casi cuatro décadas, Mina no acepta condicionamientos, y al final se sale con la suya. Canta los temas que quiere, y siempre gusta. Vive fuera de su país, y tiene la nacionalidad suiza, pero los italianos no se lo reprochan. Al contrario, un considerable número de personalidades de su país ha pedido que sea elegida senadora vitalicia. ¿Qué pinta la rebelde, inconformista, misteriosa dama de la canción entre personajes como Giulio Andreotti o Francesco Cossiga?, podrían preguntarse sus admiradores.

De momento, la superdiva no ha dicho una palabra, concentrada en su música y en su vida, pero sin aparecer en ningún formato que no sea el enlatado. El nuevo álbum lo ha presentado su hijo, Massimiliano Pani, como suele hacer. Como ya ocurrió con el precedente, Todavía, grabado con varias estrellas de la música española en 2007, sin moverse de su estudio de grabación de Lugano, y sin cruzarse con los compañeros de álbum. Ella, la estrella remota, se limita a chatear con sus fans a través de su columna semanal de Vanity Fair o a exponer su visión de la vida, bastante poco excéntrica, en su columna del diario La Stampa.

Unida al cardiólogo suizo Eugenio Quaini desde 1981 (se casaron en enero de 2006), Mina vive alejada de la vida social y artística italiana, aunque pasa largas temporadas en su país, donde su persona sigue generando enorme interés. Nacida en Busto Arsizio (a unos 25 kilómetros de Milán), el 25 de marzo de 1940, y criada en Cremona, en el noroeste italiano, la historia de su éxito musical se remonta a finales de los años cincuenta. Una actuación en un pequeño local, La Bussola, en Marina di Pietrasanta, una localidad de vacaciones de la costa toscana, le abre las puertas de la escena. Un año después, su aparición en un programa de televisión, Lascia o raddoppia, será crucial en su carrera. Mina, surgida como cantante rock con el nombre de Baby Gate, pasa a ser Mina en el plazo de unos meses. Y llega el primer disco número uno de las listas de éxitos, Tintarella di Luna, en 1959. Un disco que la convierte en una superestrella y que marcará además una época. No es casual que la Posta Italiana haya conmemorado el medio siglo de la canción con un sello especial dedicado a la cantante.

Mina comienza a hacer películas. Son cintas malillas, sin otro aliciente que su espléndida voz de mezzosoprano. En 1960 participa además en el Festival de Sanremo, en esos años, el sitio obligado para la presentación de una estrella de la música. Canta E vero y Il celo in una stanza. No gana el primer premio, pero el tema escala en la lista de las cien canciones más vendidas. Al año siguiente vuelve a la carga en el mismo festival con Io amo, tu ami y el superpopular Le mille bolle blu.

Actúa en toda Europa con enorme éxito, y en varios países latinoamericanos. La RAI se convierte en vehículo privilegiado de la voz y el estilo único de la cantante. La Tigresa de Cremona no sólo canta admirablemente. Además, se mueve en escena con dominio asombroso. Interpreta sus canciones, que suben una tras otra a las listas de éxitos. Se convierte en presentadora y artista de programas de la RAI. Una asidua en los salones italianos cada fin de semana. Sus éxitos, Grande, Grande, Grande, Parole, Parole, Città vuota, algunos interpretados junto a cantantes famosísimos, como Adriano Celentano, no han dejado de sonar en el mundo desde entonces.

Y en esas circunstancias, Anna Maria Mazzini decide poner broche final a su vida de estrella. Pensando, quizá, en dedicarle algo más de espacio a su vida personal, mucho menos exitosa que la musical. El amor fulminante por el actor Corrado Pani, que provocó un veto de la RAI, por ser Pani un hombre casado, aunque separado de su mujer, duró apenas tres años. Al año de nacer su hijo Massimiliano, en 1963, la pareja se separa. Tampoco el matrimonio con el periodista Virgilio Crocco, padre de su segunda hija, Benedetta, será más duradero. Cuando nace la niña, en noviembre de 1971, ya están separados. Crocco morirá en 1973 en accidente automovilístico, diez años después que Alfredo, el hermano de la cantante.

En 1978, Mina se retira de los escenarios, y unos pocos años después comienza su relación con el cirujano Quaini, un viejo amigo de Cremona, un conocido de toda la vida, completamente ajeno al mundo del espectáculo y del periodismo. Un hombre ideal para Anna Maria Mazzini. Mina, una mera carátula sobre la cubierta de un disco, una admirable voz, no necesita más afecto que el de sus incontables admiradores en medio mundo.

Sulla tua bocca lo dirò. Mina. Publicado por GSU y distribuido por Sony. www.minamazzini.com.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de abril de 2009