Reportaje:Faltan tres días para el Mundial

La F-1 ya no es Las Vegas

Las escuderías se olvidan de los lujos y sufren reducciones de hasta el 40% en sus presupuestos

Aunque las cifras nunca son exactas en la fórmula 1, los presupuestos de los equipos han sufrido caídas que llegan incluso al 40% para afrontar la temporada que comienza este fin de semana en Melbourne. La crisis se ha instalado en el automovilismo mundial y afecta de forma directa a todas las escuderías. Una buena parte de ellas ha cortado de forma radical el flujo de dinero que había convertido el paddock en una especie de Las Vegas. Sólo Force India y Toro Rosso han incrementado su aportación económica y la han situado en 130 millones de euros para acercarse a los números de sus rivales directos. Las rebajas más importantes del Campeonato del Mundo las acusan los equipos más potentes: Toyota baja de 390 millones a 250; McLaren, de 390 a 240, y Ferrari, de 365 a 230.

"Hay que adaptarse de forma drástica a la situación económica", dicen en Ferrari

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Sin embargo, el cambio más radical lo sufre Brawn GP como consecuencia de haber perdido el patrocinio del constructor Honda. Como propietaria del equipo, la firma japonesa invirtió el año pasado 340 millones de euros. Con Ross Brawn a la cabeza del nuevo grupo de dueños, se invertirán en el actual tan sólo unos 90 millones: 60 aproximadamente los aportó Honda para evitar unos costes de desmantelamiento mayores aún y los 30 restantes los adelantó Bernie Ecclestone, patrón del circo, procedentes de los derechos comerciales.

En las restantes marcas también son notables las caídas que se han producido en los presupuestos. Así, BMW pasa de 290 millones de euros a 240, Renault abandona la inversión de 280 para situarla en unos 170, Red Bull baja de 200 a 160 y Williams de 175 a 150, según los datos publicados recientemente en una revista especializada alemana.

"Los equipos se han adaptado de forma drástica a la nueva situación económica", dice Luca Colajani, jefe de comunicación de Ferrari, el único fabricante que sigue vendiendo todos los coches que produce. "Y éste ha sido un mérito de la FOTA [F-1 Teams Association] porque la FIA [Federación Internacional del Automóvil] había previsto una reducción de costes para 2010". Los presupuestos incluso habrían podido bajar más si los constructores no hubieran debido invertir tanto dinero en la investigación del KERS (sistema de aprovechamiento de la energía cinética). Los grandes ahorros provienen fundamentalmente de la limitación a 15.000 kilómetros de los entrenamientos en la pretemporada y de la prohibición de realizar tests durante el curso. Y también de la disminución del trabajo aerodinámico y de la congelación y la reducción de los motores (sólo pueden utilizarse ocho por coche durante la temporada).

Sin embargo, todo ese esfuerzo les parece poco a Max Mosley, el presidente de la FIA, y a Ecclestone, el de la FOM (F-1 Management), que controla los derechos comerciales de la fórmula 1. La FIA anunció la semana pasada su propuesta de que el coste anual de un equipo se limite a 33 millones de euros, incluyendo los salarios de los pilotos y de los ingenieros. Las escuderías que se adapten a estos presupuestos tendrán unas concesiones técnicas de las que no dispondrán las demás. Luca di Montezemolo, el presidente de la FOTA, tachó esta medida de ridícula e inasumible. Y ello, a pesar de que los equipos principales se mostraron dispuestos a ofrecer motores y asistencia a los denominados equipos clientes por sólo ocho millones anuales y también a trabajar conjuntamente en el desarrollo de algunas partes de los coches.

Ecclestone aseguró el pasado domingo que asumir estos costes no sólo es posible, sino que se aplicarán a partir de 2010. "Lo que yo quiero es que vengan nuevos equipos a la F-1, ver parrillas con 26 coches y tener que hacer incluso fases clasificatorias", afirmó. Para los constructores, sin embargo, estas disposiciones pueden suponer el abandono. Muchos de ellos invierten en la F-1 para convertirla en su laboratorio tecnológico y aplicar después las mejoras a los coches de calle. Si se frena la inversión, se lapida también la investigación y el interés de las grandes marcas. Ésa será la batalla que se dirimirá a lo largo de esta temporada y que enfrenta a los tres poderes fácticos de la fórmula 1: Ecclestone, Mosley y la FOTA. El dilema puede incluso concluir en una amenaza de escisión tal y como ocurrió ya a finales de los noventa. Sólo que esta vez los equipos están muy unidos.

Melbourne, más allá de Albert Park

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 25 de marzo de 2009.

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