Entrevista:ALMUERZO CON... FRANCISCO NIEVA

"Soy cosmopolita, pero me sorprendo como los de pueblo"

Después de almorzar con Francisco Nieva, nos dice su coetáneo José Manuel Caballero Bonald: "Es el mejor hombre de teatro de España desde Valle-Inclán". "Y este mediodía", le dijimos, "se comió unos callos con un apetito estupendo". "¡Eso le agranda a mis ojos!".

Y con qué apetito abordó Nieva el plato. Era un plato abundante, "el plato de un chulo de Las Vistillas", explicó el dramaturgo, escenógrafo, pintor, académico, memorialista. Llegó al sitio con su amigo, y ayudante de dirección, José Pedreira, que también ha sido actor en algunas obras suyas. Venía tocado con un sombrero que parecía tirolés y una capa para el frío. En la barra posó para el fotógrafo, con su bastón, como un madrileño de cualquier siglo. Nada más sentarnos se acordó de dónde se crió en Madrid, "en Atocha, en la misma calle donde vivía Jacinto Benavente"; y con Benavente, ya venerable, se encontraba "comprando patatas confitadas, en una confitería, y se las iba comiendo por la calle".

El dramaturgo y escenógrafo sigue siendo "de siestas y de tabernas"

Un madrileño de pura cepa nacido en Valdepeñas en 1927. "Soy muy madrileño y muy de pueblo, y aunque he sido siempre muy cosmopolita, muy apasionado del modernismo, del futurismo, jamás he dejado de sorprenderme como los de pueblo". Y a pesar de que su vida se hizo en París y sobre todo en Venecia, donde trabajó para grandes de la escena, lejos del Madrid oscuro que se le hizo un martirio en la posguerra, "sigo siendo de siestas y de tabernas, y por aquí, por los alrededores de esta Cava Baja, siempre quise vivir".

Claro, dice donde vive, en Concepción Jerónima, y le sale un torrente de sucesos: ahí iba Valle a encontrarse con su amigo Romero de Torres, "y ahí se encontró con Carmen Gabucio, la amante del pintor, a la que Valle llamó la niña Chole, y yo la conocí, ya tan vieja, era mexicana, y qué mole hacía...". Y por ahí, recuerda Nieva, estaba el Mesón de los Huevos, donde iba a comprar Fortunata los huevos que traían a Madrid los campesinos, y por ahí...

Y, claro, tan madrileño es que, nada más sentarse y antes de desplegar la carta, ya le dice al camarero: "Callos". "Los callos", nos dijo, "son muy delicados, y los digieres estupendamente. ¡Son tan delicados y suaves que no sólo parecen de terciopelo, sino que además parecen platos para enfermos". Pero tienen colesterol. "¡De algo tiene uno que morir!".

Fue un adolescente de la guerra, dice, y ahí se acostumbraba uno a comer de todo; luego vinieron tiempos más espléndidos, años de profunda amistad: Vicente Aleixandre, Ángel González, Paco Brines, Carlos Bousoño "y Claudio Rodríguez, que era el más joven de todos nosotros...". Cada día, cuando iba a trabajar "de empleadillo de Cifesa, la productora de cine", Nieva se encontraba con un hombre mayor, "lejano pero tan cercano": era Vicente Aleixandre, luego se conocieron y creyeron que aquella coincidencia era garantía de una amistad que no acabó sino con la muerte del poeta...

¿Más historias? Pero si no paró; terminó con un flan, y se lo comió con tanto gusto que parecía que comía por vez primera callos y flan, la comida de siempre... Ah, y entre tanta anécdota ajena nos dijo que ahora está a punto de presentarse en España un libro sobre su teatro, de Komla Aggor, de la Universidad de Wisconsin, Francisco Nieva. El teatro posmodernista. ¿Posmodernista, Paco? "¡Si yo no sé qué es posmodernismo!". Pero de callos y de teatro lo sabe todo.

Casa Paco. Madrid

- Dos ensaladas: 7 euros.

- Dos de patatas fritas: 7.

- Dos de cebón: 48.

- Callos: 20.

- Flan y café: 23,10.

- Pan y bebida: 16.

Total: 121,10 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0002, 02 de marzo de 2009.