Entrevista:EL JEFE DE TODO ESTO | José Ramón Encinar, director de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid

"Dirigir es una forma de artesanía"

Encinar lamenta el limitado respaldo social y político hacia la música culta

La música, como cualquier gran pasión, no está exenta de riesgos. Lo pudo comprobar hace seis años José Ramón Encinar, al poco de asumir la dirección y gerencia de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (ORCAM). Eran tantas horas de ensayo, tantos conciertos en la agenda y tantas preocupaciones en la cabeza que el corazón se le revolvió en forma de latigazo. Aunque Encinar es desde el infarto un hombre disciplinado que acude con regularidad a las revisiones médicas y se concede largos paseos, admite que los días se le siguen quedando muy cortos. "Y si fueran más largos, igual sólo significaban más horas de preocupación. Sospecho que soy de los neuróticos, de los que se involucran demasiado".

"La falta de criterio es uno de los grandes males de nuestra sociedad"

Es viernes y a este madrileño de 54 años se le presenta la tarde inusualmente despejada, pero el veneno de la creación musical enardece su discurso. Habla deprisa, amontonando oraciones subordinadas que va resolviendo con la precisión del que acostumbra a atender muchas líneas simultáneas en el pentagrama. Utiliza el usted y jamás eleva la voz, pero sus tres décadas y media de profesión le permiten expresarse sin rodeos. Por eso explica sin pestañear que el oficio de director "es una artesanía como otra cualquiera, no la genialidad que dibujaban los románticos" o que su orquesta "se encuentra todavía a años luz del primer nivel europeo". Una responsabilidad de la que no se excluye. "Yo también me encuentro lejísimos. Igual que admito, sin falsa modestia, que durante mi época de compositor jamás descubrí la pólvora".

Este hombre que hoy marca a diario el compás frente a 80 músicos y 45 coristas dio sus primeros pasos, casi adolescente, como guitarrista. Suyas son las notas que resuenan a lo largo de El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice. Le tenían por un instrumentista prometedor, pero enseguida optó por colgar la guitarra. "Odio tener que estudiar un instrumento", aduce con su verbo fulgurante. Desde entonces surca el aire con una batuta inquieta y curiosa, siempre pendiente de los compositores coetáneos y de las obras menos divulgadas de los clásicos.

-¿Es consciente de que muchos aficionados aún sienten pavor cuando descubren un estreno en el programa?

-Sí, pero es todo cuestión de prejuicios. Hay partituras modernas muy resultonas, como las de Juan José Colomer. Y hay mucha pose ante ciertas obras históricas. Piense, por ejemplo, en La pasión según San Mateo, de Bach. Por su extensión y falta de contrastes, sería impensable que la gente hiciera cola frente a las taquillas del auditorio...

Tiene José Ramón Encinar una hija, de 24 años, a la que dedica lo mejor de su tiempo libre. "Quise inculcarle el amor por la música con demasiado afán. Fue contraproducente. Ahora lo suyo son más las artes plásticas", enuncia con cierta resignación. En general, echa en falta entre los jóvenes un mayor interés por el mundo de las artes. "La única cultura que valoran es la del pelotazo. Y en cuanto a música, por desgracia, sólo prestan atención a la de consumo rápido. Confunden el culo con las témporas".

-¿No salvaría a nadie de la cultura pop? ¿Ni a Lennon o McCartney?

-Uf, no. A Frank Zappa, en todo caso. David Bowie también tiene talento artístico y mediático, pero luego se alía con Philip Glass o Brian Eno y... a mí, la verdad, ese Glass me parece penoso. Igual que Satie, que tanto parece agradar a los amantes de la música ligera. Por mucho que fuera un hombre culto e irónico, su música es muy flojita.

No pretende resultar siempre ácido, pero deja mucho margen de maniobra a su vehemencia. Por ejemplo, ¿son buenas las relaciones con las otras formaciones sinfónicas de la región? "Sí, normales. Otra cosa es que sienta envidia, sana o no tan sana, hacia la Orquesta Nacional. Ellos son la niña de los ojos del ministerio y nosotros, los hermanos pobres. Con gusto les esperaba en Sierra Morena para quitarles la mitad del presupuesto". ¿Significa eso que el dinero lo es todo para mejorar el nivel de las orquestas? "Ah, no, también se precisa apoyo social. Y de los medios de comunicación, que se involucran cero patata. Cuando me comunicaron que usted estaba interesado en hacerme una entrevista, me quedé estupefacto".

Son ya casi nueve años al frente de la ORCAM, pero no desfallece. Ahora anda inmerso en el estreno de los Teatros del Canal -el próximo día 23, con obras de Manuel de Falla y Julián Bautista-, intrigado por el "misterio impredecible" de cómo encajará la orfebrería sinfónica en el flamante espacio. Le espera a renglón seguido la temporada regular en el Auditorio. "Somos una fundación subvencionada por el Gobierno regional. Por eso debemos satisfacer a todos los contribuyentes: el público de a pie y los artistas. Y programar con criterio, claro. La falta de criterio es uno de los grandes males de nuestra sociedad".

-Por cierto, ¿ha vivido mejor con Gallardón o con Aguirre?

-Ninguno de los dos se ha inmiscuido, quizás porque los políticos no le dan importancia a la música. Gallardón me conoce, desde luego. Aguirre, no estoy tan seguro. He charlado con ella, pero le deben de presentar a mucha gente a lo largo de los días...

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 02 de marzo de 2009.

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