Reportaje:Elecciones 1-M | Movilización histórica

La abstención no tiene color político

Los expertos explican por qué fallaron las encuestas sobre participación

La pregunta número 29 de la encuesta preelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), realizada entre el 15 de enero y el 2 de febrero decía lo siguiente: "¿Piensa usted ir a votar en las próximas elecciones al Parlamento de Galicia?" Un 73% contestaba que sí, "con toda seguridad". Otro 16,9% creía que "probablemente", iría a votar, y sólo el 8% se declaraba en contra de hacerlo o pensaba que no iría. Parece una predisposición muy alta a acudir a las urnas. Sin embargo, antes de las elecciones autonómicas de 2005, a esta misma cuestión contestaban que sí muchos más encuestados, el 77%, que sumados a los que afirmaban que "probablemente", irían a votar, daban un resultado del 92,8%. Los partidos lo tradujeron como un claro signo de indiferencia. La participación iba a estar cuatro puntos por debajo de los últimos comicios y ese fenómeno, vista la evolución histórica del voto, se suponía que iba a beneficiar a la derecha gallega.

La sorpresa fue mayúscula con la movilización del domingo
"Digan lo que digan, las campañas sí importan"

No lo aseguraban sólo las encuestas, lo pensaban todas las formaciones políticas, PP incluido. La apatía se coló en los primeros mítines con responsables nacionales como cabezas de cartel. "Era evidente que la movilización parecía menor que en 2005", analiza Ignacio Lago, profesor titular de la Universidad Pompeu Fabra y uno de los responsables del sondeo del CIS. "Hasta los últimos días, las encuestas más optimistas decían que la participación iba a caer entre tres y cuatro puntos por debajo de la registrada en 2005", corrobora Antón Losada, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago.

Con ese panorama, el bipartito se volcó en activar a sus bases para que nadie se quedase en casa el domingo. Si lo lograban, su continuidad al frente del Gobierno en la Xunta estaría asegurada.

La sorpresa fue mayúscula cuando terminó la jornada electoral. Casi nadie esperaba la movilización del 70,46%, del electorado, 3,4 puntos superior a la de 2005 (descontando la del CERA, los residentes en el extranjero). Fue, curiosamente, similar a la de las últimas elecciones generales. Pero todos los pronósticos fallaron: más electores en juego dieron la victoria incuestionable al Partido Popular, que añadió a su cuenta 3.216 votos en Galicia. El PSdeG perdió 73.024 sufragios y el BNG, 44.706.

¿Qué ocurrió para que se movilizase tanta gente? La respuesta de Losada es inmediata: "Digan lo que digan, las campañas sí importan". "Y una participación alta no tiene color político, no beneficia o perjudica a nadie. Es cierto que las mayorías absolutas que cosechó Manuel Fraga se produjeron con un nivel de movilización más bajo que cuando salió elegido el bipartito, pero no podemos traducir ese hecho como una afirmación con base científica".

La balanza no se inclinó por el bipartito porque, en opinión de Ignacio Lago, "más que un mérito de la oposición, hay que analizar lo que ha hecho el gobierno, lo poco que ha aprovechado su situación privilegiada, desde la que no ha logrado erosionar ni un ápice al PP".

Su opinión se basa en el sondeo del CIS, en el que se le preguntaba a los encuestados qué partido dirige la Consellería de Medio Rural (BNG), un brazo importante para llegar a los votantes del interior, históricamente más conservadores: seis encuestados de cada diez lo ignoraban.

"No ha habido un debate profundo, ni promesas electorales. Ha saltado el follón de los gastos en las sillas, la foto de Anxo Quintana con un empresario y el paseo en autobús de un grupo de jubilados a un mitin". Eso favoreció que en la última semana de campaña, tres de cada diez antiguos votantes del PSOE se pasasen al montón de los indecisos. Uno de cada diez en el BNG se abstuvo en esa recta final. El electorado del bipartito se desmovilizó. En parte se inclinaron por otras propuestas, como Unión, Progreso y Democracia (UPyD) y Terra Galega. Ambas se presentaban por primera vez y lograron arañar 41.833 votos. Esquerda Unida también sumó unos 3.500. Fueron algunos más de los que avanzó el PP, que pese a todo mantuvo intacto su granero.

"Los partidos están atrapados en un equilibrio enormemente complicado". Los politólogos creen que es muy difícil que se produzcan grandes transferencias de voto entre derechas e izquierdas. Pero en los comicios locales se daban algunas pistas de qué estaba sucediendo con el electorado popular: crecía en las ciudades, las mismas que le dieron los dos diputados en las autonómicas. "Feijóo se lanzó a por el voto urbano y Rajoy a por el rural. Esa división de papeles fue acertada", según Lago.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 02 de marzo de 2009.

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