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Tribuna:

Un logro necesario

Cada viernes es un placer la lectura de la opinión del profesor Joan B. Culla. Está bien escrita, con una argumentación impecable y unos temas siempre interesantes. Además, normalmente, coincido, en una proporción muy elevada, con las opiniones del profesor y brillante columnista. No es así, sin embargo, con su reciente Un logro podrido (EL PAÍS, 13 de febrero). Es cierto que el Gobierno del Estado ha ido posponiendo, de forma totalmente injustificada, un acuerdo sobre el nuevo modelo de financiación. En cambio, no creo que la última encuesta del CEO sea ninguna prueba, y mucho menos definitiva, de que los ciudadanos no consideren el nuevo modelo de financiación un logro totalmente necesario para Cataluña. Las encuestas tienen el valor que tienen y sabemos que, a menudo, las respuestas dependen de cómo se hagan las preguntas. Con todo, como el mismo profesor reconoce, los 10 temas que la ciudadanía considera más importantes son inabordables sin un nuevo modelo de financiación adecuado. Tampoco creo que los retrasos e incumplimientos pongan en evidencia la debilidad o la impotencia del Gobierno de Cataluña.

Al contrario, creo que hasta ahora el Gobierno catalán ha dado muestras de una gran firmeza y fortaleza frente al Gobierno español. Me gustaría recordar que, por dos veces, el Gobierno de Cataluña ha dicho no a la propuesta del Gobierno español sobre el modelo de financiación: a finales de julio de 2008 y en enero de 2009. El Gobierno de Cataluña ha dicho con firmeza y claridad que el Gobierno español ha de reformular su propuesta de modelo de financiación para que cumpla el Estatuto. Para que sea aceptable para el Gobierno de Cataluña. El cumplimiento del Estatuto es la prueba definitiva para conseguir un buen modelo y unos buenos resultados en la financiación. Y el Gobierno de Cataluña lo considera el criterio fundamental para aceptar o no el modelo de financiación que se debe acordar.

De momento, la propuesta del Gobierno del Estado no ofrece garantías suficientes para el cumplimiento del Estatuto. Tampoco se garantiza un cambio real que asegure que los ingresos de la Generalitat provengan de sus impuestos y que exista un mecanismo de nivelación que asegure el principio de ordinalidad. No se puede valorar el modelo resultante ya que no se conocen las cantidades y los porcentajes que han de permitir evaluarlo adecuadamente. Por todo ello, la propuesta del Estado no es aceptable para el Gobierno de Cataluña. La hoja de ruta es muy clara: el cumplimiento del Estatuto para conseguir un buen modelo de financiación a largo plazo y unos buenos resultados cuantitativos a corto plazo. Obviamente, los resultados cuantitativos que se obtengan son importantes. Pero, es mucho más importante cuál es el modelo de financiación que se acuerde. Porque el modelo determinará los recursos que se recibirán durante muchos años.

La prioridad es conseguir una buena financiación, la mejor posible con el Estatuto actual. Tanto en los resultados cuantitativos como principalmente en el modelo de financiación. Por tanto, teniendo claro cuáles son los objetivos para el Gobierno de Cataluña, se ha de negociar y negociar con el Gobierno del Estado, sin desmayo, pero sabiendo que es mejor un no acuerdo -y continuar negociando el tiempo que haga falta- que no un mal acuerdo. Sin embargo, no se puede pretender que el Estatuto diga lo que no dice ni lo que no puede decir. Algunos lo intentan, pero, obviamente, nunca lo conseguirán y crearán una gran frustración.

Antoni Soy es miembro de la Comisión Mixta de Asuntos Económicos y Fiscales y secretario de Industria y Empresa del Gobierno de Cataluña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 2009