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Análisis:

Hacia el riesgo cero

Un europeo medio convive a lo largo de su vida con más de 100.000 sustancias químicas artificiales: plásticos, aditivos, residuos industriales, y también pesticidas, insecticidas y abonos. La UE inició en enero de 2007 un ambicioso proyecto de Registro, Evaluación y Autorización de Sustancias Químicas (REACH por sus siglas en inglés) destinado a su control. La base de la iniciativa es evaluar el riesgo de todas ellas y, siempre que sea posible, eliminarlas o sustituirlas por otra que sea menos perjudicial.

La misma idea impregna la nueva directiva sobre productos agrícolas. Para ello, la UE ha dividido el territorio en tres zonas (Mediterránea, donde está España, Nórdica y Centroeuropea), en la que se harán evaluaciones de pesticidas y fertilizantes. Como en el caso del REACH, los fabricantes y los agricultores han protestado. Pero pueden estar tranquilos: podrán usar los mismos productos que hasta ahora -que se supone que ya han pasado por controles suficientes- hasta que les toque la próxima revisión (aproximadamente, cada 10 años salvo que surja una alarma previa). Sólo entonces se les obligará a eliminarlos o a reducirlos, si es que aparecen nuevos informes o nuevas sustancias que ofrezcan un mejor perfil de seguridad.

En el fondo, se trata de aplicar con el mayor rigor posible el principio de precaución. No hay ningún producto inocuo, pero sí hay máximos tolerables. La idea de acercarse al riesgo cero no es más que una bonita utopía. Inalcanzable, pero útil: permite seguir avanzando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2009