Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:EN PORTADA

Salir de la oscuridad

Hace un año, la madre de Kanye West murió durante una operación de cirugía plástica que él le había pagado. Pero la tragedia le inspiró para crear uno de los discos más atrevidos de 2008.

EN una habitación de hotel demasiado caldeada, Kayne West da una pequeña charla introductoria sobre su nuevo álbum, 808s & heartbreak, antes de sacar un iPod de su bolsillo y conectarlo a un altavoz. Mientras suena el disco, cada cierto tiempo hace un baile (sigue sentado) al compás de los extraños sonido. En lugar del hip-hop que le ha hecho famoso, su nuevo álbum combina una especie de pop sintético de ciencia ficción con un fondo de r'n'b. Suena como Michael Jackson liderando a The Human League en Studio 54.

West es uno de los artistas más importantes e interesantes de la música actual. No es exagerado decir que su segundo disco, Late registration, es el White album del rap. Tiene un talento extraordinario, y lo sabe. La modestia no es su punto fuerte: cuando, hace dos años, se quedó sin un premio de la MTV, interrumpió el discurso de los ganadores, Justice vs Simian, para gritar: "¡Debería haber sido para mí!". Y una vez posó como Jesucristo en la portada de la revista Rolling Stone.

Otras veces hace mejor uso de su popularidad. Se desvió del discurso que estaba dando en un acto benéfico tras el huracán Katrina para decir por televisión y en directo que "George Bush no se preocupa por la gente negra". También es uno de los pocos que hablan públicamente de la homofobia galopante del mundo del rap.

Sólo hay dos cosas concretas de las que hoy no quiere hablar: la muerte de su madre el año pasado y la reciente ruptura de su compromiso de 18 meses con la diseñadora Alexis Phifer. Y hay otra condición: "Como me preguntes si prefiero producir o cantar, me largo de esta habitación". Sonríe mientras lo dice, o, al menos, su boca sonríe. Sus ojos, no.

El telón de fondo emocional de su nuevo disco es la pérdida de un ser querido y el sufrimiento amoroso: de los 11 temas, la mayoría trata sobre su ruptura con Phifer, mientras que uno, Coldest winter, es una elegía por su madre, Donda West, una profesora universitaria que le crió sola después de que su matrimonio se rompiera cuando él tenía tres años.

Está claro que West se culpa a sí mismo de su muerte, que se produjo durante una operación de cirugía estética para una reducción de pechos y de "tripita". Ella había dejado su trabajo como jefa del departamento de inglés de la Universidad Estatal de Chicago para estar con su hijo en Los Ángeles, y él cree que aún seguiría viva si no se hubiese mudado. "La perdí por culpa de Hollywood". Ella aún ocupa el lugar más importante en los pensamientos de West: lo primero que hizo al enterarse de que Barack Obama había ganado las elecciones fue poner un mensaje en su blog que decía: "Hola, mamá: ¡Obama ha ganado!".

Hoy West está de un humor sombrío y profesional. Lanza una mirada torva a un ayudante que tiene la osadía de hablar mientras suena el disco, pero con un punto de dulzura me escribe la lista de las canciones del álbum y me susurra comentarios al oído entre una canción y otra. "La razón por la que sentía que tenía que darte una pequeña charla antes de que escuchases el disco es que esto no es hip-hop. Coger un tema, repetirlo una y otra vez y hacer todo eso de 'levantad las manos hacia el cielo' se ha convertido en un cliché. El hip-hop se ha acabado para mí. En este álbum yo canto, no hago rap. Ahora quiero estar entre los músicos que uno ve en esas viejas fotos en blanco y negro: los Rolling Stones, Hendrix, Beatles. Y no voy a llegar a eso haciendo simplemente otro álbum de rap lleno de samples. He tenido que crear un género musical completamente nuevo para describir lo que hago ahora, y lo llamo pop-art, pero no hay que confundirlo con el movimiento de arte visual. Me doy cuenta de que, por mi posición y lugar en la historia, se me recordará como la voz de una generación".

Para un europeo, West puede parecer un presuntuoso insoportable. Pero en Estados Unidos, su país, representa la voz de una clase media segura de sí misma que reafirma su confianza hablando sin rodeos. Además, no se le va la fuerza por la boca: su ego puede ser del tamaño del Everest, pero tiene unas cifras de ventas igual de grandes. Ha ganado 10 premios Grammy y vendido 12 millones de copias de sus cuatro discos anteriores en todo el mundo. Como productor, ha tocado con su varita mágica a Jay-Z, Beyoncé Knowles y Janet Jackson. Y Michael Jackson intenta desesperadamente que participe en su eternamente pospuesto álbum "de regreso".

Lo que causa una sorpresa más inmediata en su nuevo disco es el uso de un programa de software llamado Auto-tune en 10 de las 11 canciones. Auto-tune, que se usa en gran parte de la música pop actual, corrige la afinación de la voz del cantante, pero también le confiere un sonido ligeramente distorsionado, robótico (no muy diferente del que tenía Cher en su gran éxito de 1998 I believe).

"Quería usarlo para alejarme del típico sonido del rap", afirma. "Ya estoy preparado para la reacción negativa de la crítica. Otro detalle es que no hay instrumentos de percusión reales en el disco. He llamado al álbum 808s & heartbreak porque todos los sonidos de percusión están hechos con la percusión artificial del TR-808 de Roland, que fue muy popular en los ochenta. La mayoría de los aparatos de percusión artificial usa muestras de instrumentos de percusión reales tocados por personas, pero el Roland no lo hace, por lo que todo el disco tiene ese sonido típico de la MTV de los ochenta".

Este álbum, por tanto, tiene mucho de pop, y West tiene la sensación de que trabajar basándose en la melodía le aleja aún más de sus antiguos colegas raperos. "El rap ve el pop como algo un poco anticuado. Pero el pop nos ha dado los mejores momentos musicales de la historia, no hay más que fijarse en los Beatles", afirma. "El rap sigue siendo el tipo de música más creíble. Soy negro, soy de Chicago y tengo mucho de realista, pero, como el artista de hip-hop más importante del mundo ahora mismo, quiero hacer una declaración en contra de ello sacando un disco que suene como éste. Es lo que siempre he hecho, salirme de la norma".

Antes de llegar a este nuevo sonido, West estuvo rebuscando entre la música pop con la que había crecido. "Cuando era niño escuchaba las cosas que de verdad me emocionaban. Eran Boy George, y Madonna, y Michael Jackson, y Peter Gabriel, y Phil Collins. Soy un fan absoluto de la cultura popular. Todo lo que te hace falta saber sobre mis gustos es esto: cualquiera que haya sido la película más taquillera de un año es también mi película favorita del año. En el mundo del hip-hop, y creo que en gran parte de la sociedad, existe la creencia de que si algo es popular, tiene que ser una porquería. Hay mucho esnobismo en eso, y procede de esa gente que no es capaz de crear obras verdaderamente populares. Fíjate en todos esos grupos guitarreros independientes que miran a la música pop por encima del hombro. Yo les preguntaría lo siguiente: '¿Queréis que una canción vuestra sea un éxito y que todo el mundo la escuche?'. Fíjate en Britney Spears y en la forma en que la gente habla de ella. Si no te gusta es que te estás equivocando por completo".

Aunque algunos le hayan considerado una voz "política" importante dentro de la música (sus acusaciones de racismo en los reportajes de los medios de comunicación sobre el huracán Katrina, sus discursos contra la homofobia en el hip-hop), West dice que "es la voz de mi padre saliendo de mí". Su progenitor, Raymond West, era miembro del movimiento Panteras Negras, un grupo de "poder negro" que desarrolló su actividad en EE UU a mediados de los años sesenta, a los que quizá se recuerde más por su imagen "radicalmente elegante" y por cómo fueron adoptados por parte de la intelectualidad liberal blanca como curiosidades a las que invitar a sus fiestas.

"Todo ese rollo que suelto sobre 'la sociedad' proviene de mi padre", asegura. "Recuerdo que me llevaba en coche cuando yo era niño y que me ponía la cabeza como un bombo con toda su charla sobre 'política y sociedad'. Pero, ya sabes, yo me crié como un chico de clase media. Probablemente me interesaba más la moda que la política. Para mí, mi padre era el tipo que enseñaba dibujo médico en la Universidad. Solíamos tener en nuestro apartamento cantidades de ese papel de dibujo suyo y él se sentaba allí a diseñar la casa de sus sueños. Yo solía copiarle, salvo en que la casa de mis sueños siempre tenía una pista de baloncesto cubierta".

West es seguidor de Barack Obama; Obama, por su parte, anunció durante su campaña que planeaba usar a West y Jay-Z como buenos ejemplos para que la gente joven se implicase en la política. "Me he reunido con Jay-Z y también con Kanye", dijo Obama. "También he hablado con otros artistas sobre las posibles formas de superar esa barrera generacional".

West se sintió enormemente contrariado por el hecho de tener que pasar la noche de las elecciones de EE UU volando hacia Europa para actuar en la entrega de los premios MTV europeos. "Es curioso: me enteré de la muerte de mi madre en un avión y me enteré de la victoria de Obama en otro", dice. "Como Obama, soy de Chicago y me habría encantado haber regresado para participar en las celebraciones de esa noche, pero no pudo ser. Todavía no me creo que haya ganado".

Y cuando lo dice da la ligera impresión de que le parece igual de increíble, un pequeño inconveniente, que Obama hiciese historia en la política la misma semana que él iniciaba la campaña promocional de su nuevo disco.

808s & heartbreak está publicado en Universal. ©The Daily Telegraph (UK) Traducción: Paloma Cebrián / News Clips.

TRAPOS LIMPIOS

Bocazas compulsivo, Kanye West no sólo pretende ser el mejor y más importante compositor desde Mozart. También ha puesto su pie en el mundo de la moda.

Enemigo a las puertas. West no se perdió ni uno de los desfiles de la Semana de la Moda Masculina de París en junio. Acompañado de un pintoresco séquito, encabezado por Taz Arnold, de Sa-Ra, vio todas las colecciones para el próximo verano; eso sí, oscurecidas por las permanentes gafas de sol. El objetivo, convertirse en el mejor diseñador de este mundo y parte del otro.

En prácticas. Entre sus grandilocuentes declaraciones, una modesta: The New York Times publicó la semana pasada que quiere completar su formación haciendo prácticas con el diseñador de Raf Simons. "Sé que lo dice en serio, no me lo tomo como una broma", apuntaba el belga al diario. "Pero ¿cómo iba a ser mi becario? Es una situación muy extrema". Suena complicado, sí.

Hasta el infinito y más allá. Kanye (que ya ha firmado una colección de zapatos para Louis Vuitton) quiere hacer ropa, pero no cualquier cosa. Por eso ha aplazado una y otra vez su lanzamiento. Se prevé que la línea Past Tell Museum (antes llamada Pastelle) se comercialice en 2009, casi tres años después de lo previsto. O no. "No sé cuánto tiempo me llevará desarrollar el producto adecuado, pero no me voy a precipitar. Es lo que quiero hacer el resto de mi vida", apuntaba en una conferencia de prensa en Nueva Zelanda.

Traje a medida (de su ego). Últimamente, Kanye West se siente profundamente identificado con Jim Morrison. Y aspira a que cualquier cosa que haga esté a la altura de su genio. Ésa es la clave de sus cuitas con los trapos. "Visto un 40% de Hedi Slimane, un 30% de Stefano Pilati y un 10% de Tom Ford. Son maestros y debo hacer ropa tan buena como la que yo llevo", razona. La entrega a esta misión explica, según él, alguna apocalíptica declaración. "Nunca he dicho que el hip-hop se haya acabado", matizaba en esa conferencia. "Lo que pasa es que ya no me aprendo las nuevas canciones. Tal vez estoy demasiado ocupando haciendo zapatos para Vuitton".

EUGENIA DE LA TORRIENTE

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2008

Más información