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Necrológica:

Alçada Baptista, impulsor de las relaciones ibéricas

El escritor portugués combatió la dictadura salazarista

Con la muerte de António Alçada Baptista, ocurrida el pasado domingo, desaparece en Portugal no sólo un escritor brillante, sino uno de los intelectuales más influyentes de la oposición a la dictadura salazarista y un defensor convencido de las relaciones ibéricas. Nacido en 1927 y licenciado en Derecho por la Universidad de Lisboa, pronto dejó el ejercicio de la abogacía para recorrer los caminos de la literatura y el periodismo, que compaginó con su actividad de editor. Los especialistas suelen calificar a Alçada Baptista como el mejor memorialista portugués de finales del siglo XX.

En 1958, transformó la Librería Moraes en una editorial que era mucho más que una editorial: una fábrica de ideas e inconformismo, en la línea del Concilio Vaticano II. Fundó la revista O Tempo e o Modo, en la que escribieron católicos y laicos, y que tuvo entre sus colaboradores a dos presidentes de la República, Mario Soares y Jorge Sampaio, ambos del Partido Socialista. Fue una publicación próxima a la francesa Esprit, fundada por Emmanuel Mounier. Entre 1963 y 1969, la dictadura se ensañó con la revista O Tempo e o Modo. "Los 6.000 textos que fueron publicadas en aquel periodo fueron todos, sin excepción, objeto de la censura", recuerda Guilherme d'Oliveira Martins, presidente del Centro Nacional de Cultura y del Tribunal de Cuentas, que publicó el libro-homenaje António Alçada Baptista-Tiempo Afectuoso, cuando el escritor cumplió 80 años, el 29 de enero de 2007, en el que participaron nombres como Edgar Morin, Eduardo Lourenço, Jorge Sampaio y Mario Soares.

Publicó en la revista antifranquista 'Cuadernos para el Diálogo'

Fue memorialista destacado y un intelectual influyente

En los años sesenta y principios de los setenta, Alçada Baptista fue sobre todo un agitador de ideas, en sintonía con la revista española antifranquista Cuadernos para el Diálogo, en la que publicó e intercambió artículos. Tuvo una estrecha amistad con Joaquín Ruiz-Giménez, Salvador Madariaga, Dionisio Ridruejo y Enrique Tierno Galván. Y también con José Bergamín, André Malraux y Jorge Semprún, a quienes conoció en París, ciudad que visitaba con frecuencia.

La dimensión femenina de la vida está reflejada en sus ensayos y novelas. Esa sensibilidad se acercaba, según reconoció en más de una ocasión, a aquellos escritores poco comunes que no tenían "vergüenza de los afectos". "Mi obra escrita se vende mucho por una simple razón, porque soy, quizá, el primer escritor que no tuvo nunca vergüenza de los afectos", declaró en una ocasión al referirse a su obra, que contiene 14 títulos.

Su mayor éxito fue Peregrinación Interior -Reflexiones sobre Dios (1971), que tuvo su complemento 10 años después con Peregrinación Interior II- el Angel de la Esperanza. En el camino escribió Documentos Políticos (crónicas y ensayos, 1970), El tiempo de las palabras (1973), Conversaciones con Marcello Caetano (1973), y las novelas Catarina o el sabor de manzana (1988), Tia Suzana, mi amor (1989) y La risa de Dios (1994).

Como han reconocido la escritora Inés Pedrosa, directora de la Fundación Pessoa, y el diputado socialista Manuel Alegre, el legado que deja Alçada Baptista es una vasta obra de ficción y ensayo y una imagen de defensor de la libertad y los derechos humanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2008