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Reportaje:Mañana, el gran clásico

La libreta de Juande

El nuevo técnico del Madrid habló con cada uno de sus jugadores para que junten las líneas

"¡Vamos a ganar 1-2!", pronosticó Royston Drenthe ayer, al acabar el segundo entrenamiento de Juande Ramos con el Madrid. Un entusiasmo desaforado animaba al holandés, que mañana en el clásico del Camp Nou se convertirá en el extremo izquierda del equipo, si los primeros planes del nuevo técnico acaban por plasmarse. Desde su llegada a Chamartín, hace un año y medio, por la enigmática vía holandesa que tanto frecuenta la dirección deportiva del club, Drenthe nunca tuvo un papel relevante en el equipo. Con malicia y descaro, los mismos técnicos que le ficharon, ahora le llaman Accidrenthe. Sin embargo, el chico de Rotterdam está llamado a situarse en el espacio vacío que deja el sancionado Robben. Su responsabilidad será enorme. Juande lo sabe y ha dedicado un buen rato a hablar con él. "El míster me ha dado unas cuantas indicaciones", dijo Drenthe. "Ya sé que me tendré que medir a Alves. ¡Perfecto! Que Alves juegue a lo suyo, yo haré mi parte. ¡Estoy seguro de que les ganaremos!".

Frente a los silencios de Schuster, el manchego no deja de hacer averiguaciones

"Habíamos vuelto a jugar como con López Caro", lamentó ayer un jugador

Si el impacto de Juande en la plantilla del Madrid se debe medir por el efecto emocional que ha causado en Drenthe, hay que admitir que ha sido grande. El entrenador manchego, nacido en Pedro Muñoz en 1954, dejó su impronta desde que se presentó a los jugadores, el martes por la tarde, escrutándolos con mirada de ave rapaz. Lo primero que hizo fue hablar mucho con todos, por separado e individualmente. El hombre piensa igual que Schuster en una cosa: el aspecto psicológico es la parte más importante del trabajo de un entrenador. Su método, sin embargo, es el opuesto. Si el alemán, por ignorancia o por método, prefería hacer un uso teatral de los silencios, Juande Ramos no deja de dar indicaciones y hacer averiguaciones personalmente, sin mandar a sus ayudantes. Se planta frente a los jugadores y les pide información directamente. Luego procesa los datos y les hace propuestas, o les anuncia medidas de aplicación táctica. Y pasa al siguiente sin dar la sensación de que respeta a unos más que a otros.

"La suerte no existe, pero la ilusión, el compromiso y el colectivo hacen grande a un equipo", escribió ayer Juande en su página web oficial. "La labor de un entrenador consiste en conseguir el compromiso de un grupo para competir por un mismo proyecto y actuar con firmeza y valor ante las adversidades".

Ayer, con objeto de reafirmar la unión del grupo, instó a la plantilla a participar de un aperitivo en Valdebebas. Igual que Camacho, el nuevo entrenador del Madrid cree con vehemencia en la fuerza aglutinadora de las gambas, el jamón y la cerveza.

Juande también cree en el carácter decisivo de los detalles tácticos. Esto lo diferencia de Schuster. Si el alemán era un conservador en este aspecto, a Juande le gusta inventar. Hablando con los jugadores descubrió que Marcelo había jugado como volante en Brasil, y que Metzelder había sido lateral en Alemania. A partir de ahí puso en práctica sus experimentos. Pero el punto sobre el que más ha insistido en estos días ha sido la coordinación en defensa. El técnico insiste en que el equipo debe juntar más las líneas. Transmite conceptos que a los futbolistas les recuerdan a Capello. Su objetivo es frenar la tendencia que ha llevado al Madrid a encajar 24 goles en las 14 jornadas de Liga disputadas. Son los peores datos desde 1999, cuando Toshack era el entrenador. Como dijo ayer un jugador: "En los últimos partidos el equipo se había olvidado de hacer los movimientos que hacíamos el año pasado. Habíamos vuelto a jugar como con Luxemburgo y López Caro".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2008