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Reportaje:Atentado en Afganistán

La precipitación del suicida

El conductor hizo estallar la furgoneta tres metros antes de colisionar con el blindado - El vehículo iba cargado con 30 kilos de TNT y 150 de metralla

El atentado que el pasado domingo costó la vida a dos soldados españoles y dejó gravemente herido a otro pudo acabar en una tragedia mucho mayor. Los otros tres ocupantes del blindado sólo resultaron heridos leves, a pesar de que la furgoneta bomba iba cargada con cuatro proyectiles de artillería gruesa y un cohete de artillería, equivalentes a 30 kilos de TNT y 150 kilos de metralla, según explicaron ayer expertos en explosivos a la ministra de Defensa, Carme Chacón, en la base de Herat (Afganistán).

Lo que evitó que el Blindado Medio sobre Ruedas (BMR) acabara completamente despanzurrado y con todos sus ocupantes muertos, como sucedió en junio de 2006 en Líbano, fue la precipitación del terrorista. Éste, que había sido obligado a pararse en la cuneta cuando se cruzó con la columna de vehículos militares, arrancó al aproximarse el último de los blindados y se dirigió hacia él. Pero no llegó a colisionar. Hizo estallar la carga nada más incorporarse al firme, a poco más tres metros de distancia. Y esa precipitación, unida al hecho de que la explosión se produjera en un lugar abierto, permitió que la onda expansiva se dispersara. Hasta a 150 metros de distancia se hallaron restos de la Toyota y su conductor.

La distancia y la dispersión de la explosión evitaron que murieran todos

Aún así, el BMR, de 15 toneladas de peso, fue lanzado fuera de la carretera, a una veintena de metros. El cabo Rubén Alonso, que conducía el vehículo, murió de inmediato. También el brigada Juan Andrés Suárez, jefe del pelotón, sentado en la parte izquierda. Otro cabo, José Antonio Cures García, asomado a la escotilla y a cargo de la ametralladora, resultó gravemente herido. El militar fue atendido inicialmente en el hospital de campaña español en la base de Herat de una fractura abierta en una pierna, pero ante el temor de que sufriera hemorragias internas cuyo tratamiento requería equipos más avanzados, se decidió su traslado, previa estabilización, al hospital de Estados Unidos en Kandahar.

Fue el único al que no pudo repatriar ayer Carme Chacón, quien viajó a Afganistán en un avión Airbus 310 de la Fuerza Aérea para volver con los tres heridos leves y los dos féretros.

"Estamos aquí porque los que han arrancado la vida de nuestros dos compañeros amenazan al pueblo afgano y a todas las mujeres y hombres libres del mundo. Desean someternos a su terror. También a nuestras familias, a las familias españolas", dijo la ministra a los militares.

Los fallecidos no se dedicaban al combate. Eran instructores de una unidad del Ejército afgano dedicada al apoyo logístico. Sólo llevaban dos semanas en Afganistán y la misión que realizaban, de tranporte de suministros, les servía para ir conociendo el terreno. No tuvieron tiempo de hacerlo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2008