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Una curiosa tienda de animales, lo último del misterioso Banksy

De lo que más se habla en Nueva York en estos últimos días es de una curiosa tienda de mascotas que ha abierto sus puertas en la Séptima Avenida. En el escaparate, un nugget de pollo (como los de la hamburguesería) con patas permanece inerte en un improvisado corral. Y un mono con auriculares lo contempla desde su jaula. Lo que muchos de sus visitantes no saben -y descubren al final de su recorrido- es que allí no hay nada a la venta, y que lo que en realidad están contemplando con estupefacción es la última gamberrada de Banksy.

El artista de Bristol (Reino Unido), famoso por sus graffiti y sus performances (que incluyen desde colocar un maniquí con un mono naranja -en alusión a Guantánamo- en una atracción de un parque de Disney hasta colgar un nuevo cuadro en la Tate Gallery de Londres) acaba de desconcertar a la crítica y el público de Nueva York con una exposición en forma de tienda de animales: "A los neoyorquinos no les gusta el arte, les gustan los animales, así que les he dado aquello que les gusta", afirmaba Banksy en un comunicado enviado a diversas web y medios de comunicación de todo el mundo.

El británico, cuya identidad sigue siendo un misterio (ha entrado disfrazado con barbas postizas, sombrero y gabardina en los más grandes museos del mundo para colgar obras suyas sin que nadie le descubra), ha estado ocupado durante los últimos meses recorriendo Estados Unidos.

Ya a su paso por Nueva Orleans generó una marea de curiosos que se acercaron hasta la ciudad para contemplar sus obras, de marcado cariz político y social. Su producción ha pasado de ser borradas de las paredes por la policía a valer hasta los 300.000 euros que se pagó en una subasta por un mural del graffitero. Preguntado sobre si su nueva obra tiene que ver con el street-art, el artista ha dicho: "Si es arte y se ve desde la calle, supongo que sí, que es street-art".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 22 de octubre de 2008