Columna
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Avaricia

Medio punto ha aflojado la soga el Banco Central Europeo y los ciudadanos del Viejo Continente han sonreído al ahorcado y decidido que este invierno napoleónico todavía sacaremos unos euros para pagarle a Putin el gas de Siberia y seguir apostando a los galgos y a los caballos en cualquier rincón de Manchester mientras quiebra el laborismo.

En el extremo más Noroeste del continente, en este pequeño país llamado Galicia, mientras tanto algunos ponemos la imaginación a funcionar y no salimos de conjeturas ¿Somos más fuertes que hace tres años cómo dice Touriño o no sabemos capear el temporal de la crisis como sostiene Feijóo? ¿Nos ha afectado más el vendaval porque estamos en el mapa o es que simplemente hemos vivido de rentas?

Es nauseabundo todo el espectáculo de esos mandamases reunidos en Wall Street o en Bruselas

Es indudable que hay mucho de cierto en las críticas que el PP dirige al Gobierno de España: nadie nos ha avisado de la galerna que se venía encima e incluso nuestro máximo dirigente se ha permitido un regalo de dudosa conveniencia dada la situación: esos 400 euros que fueron como un cheque electoral visto y no visto que pagó, en la mayoría de los casos, la subida del Brent. Algo realmente chulesco sacar pecho de esa manera cuando seis meses más tarde caían chuzos de punta sobre el sistema bancario y financiero del planeta.

Otra cosa también es cierta, aun sin saber demasiado del maltrecho sistema económico que nos embarga (¿pero saben más acaso los expertos en bonos-basura?), y es que nadie debe poner en duda que Galicia ha salido muy beneficiada de su situación de "atraso histórico" dentro de las regiones europeas y afronta su mayoría de edad en unas condiciones paradójicas: eliminado el "complejo de inferioridad" que atenazaba parte de su tejido empresarial y productivo afronta con mucho tembleque en el cuerpo su independencia como actor ya consumado. Ello implica que, como toda célula viva de este tejido canceroso en que se ha convertido el sistema capitalista, hasta su médula llegará la carcoma de esta crisis. Definitivamente, mal que nos pese, hemos entrado en el primer mundo.

De los miles de cosas que he oído entre los analistas sobre cuál es el origen de este seísmo me quedo con la frase de un hombre derrotado aquí y que sobrevive con el sentido común intacto en la Comisión Europea, Joaquín Almunia, ese hombre con aspecto de comisario de policía que atribuyó los males a un viejo pecado capital: la avaricia, sí esa misma avaricia que desde los tiempos de Mario Conde hasta los más recientes de Astroc y de Fadesa ha inflado como globos de Jeff Koons a estos intrigantes palaciegos que han convertido el parqué de la Bolsa en una pista de patinaje artístico. Avaricia la de esos ejecutivos que han llevado a la quiebra sus bancos (algunos tan virtuosos del puritanismo capitalista como Lehman Brothers) pero han cobrado sus bonus de varios millones de euros; avaricia la de esos mezquinos representantes de AIG que han celebrado con masajes eróticos el plan de rescate de Bush. Avaricia las de aquellos que borrachos de liberalismo han pedido la limosna de la intervención del Estado cuando la medida de su corrupción y su ingeniería financiera alcanzaba ya límites inimaginables y desconocidos incluso para los expertos; avaricia la de esos chatarreros del reino de la conveniencia que han visto el enorme agujero expandirse y han seguido horadando con sus malas artes en el cementerio. No deberían ninguno de ellos sobrevivir al batacazo y todos, empezando por el presidente Bush, cumplir penas por esta gran burla a todos los que, ahorradores o menos, confíamos todavía en el último resquicio de inocencia de esta gran máquina tragaperras.

Realmente es nauseabundo todo el espectáculo de esos mandamases reunidos en Wall Street o en Bruselas, nauseabunda la reunión de Bush con Obama y con McCain, éste último haciendo de republicano puro, nauseabundo aquí entre nosotros que España entre en la puja del quién da más en la miseria llegando hasta los 100.000 euros de protección porque somos un país rico, un país de nuevos ricos...

Primero han estirado el precio de la vivienda hasta extremos inhumanos y permitido los contratos temporales e infinitesimales y luego consagrado el mileurismo como un pecado de juventud, ahora quieren proteger los depósitos hasta los 100.000 euros... Perdonen la rabia, la impotencia, la falta de recursos, la tristeza, pero todo esto se podía pronosticar y se les ha permitido a todos el juego. Ahora llega el momento de que saquemos el hipopótamo del lodazal. Su banco, y el mío, se lo agradecerán con un buen tipo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 09 de octubre de 2008.

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