ERC exhibe su división con cuatro rivales en Barcelona

La ciudad de Barcelona siempre ha sido una plaza inalcanzable para el actual presidente de Esquerra Republicana (ERC), Joan Puigcercós, a pesar de haberle dedicado años a tan extenuante tarea. Hoy tampoco será el día del asalto final cuando a la una de la tarde empiecen a votar los 1.500 militantes republicanos que deben elegir a su presidente de Barcelona, la más simbólica -que no numerosa- de las federaciones del partido. El concejal Xavier Florensa -candidato apadrinado por Puigcercós- alberga escasas posibilidades de resultar elegido, salvo un improbable sorpasso final en las urnas.

Barcelona la ha dominado históricamente otra familia. Una de muy particular: la del alcaldable Jordi Portabella, quien, más por supervivencia política que por afinidad ideológica y personal, ha buscado el amparo de Josep Lluís Carod, consejero de la Vicepresidencia y apeado ya del liderazgo del partido. Carod y Portabella auspician la candidatura de Oriol Amorós, aspirante a la reelección y que, pese a sus incansables llamamientos a la unidad, se ha topado con rotundas negativas. Fue el candidato con más avales de la militancia, 440.

Amorós y Florensa tendrán en frente a otros dos rivales, inapelable prueba de un partido desmembrado desde que en junio decidió celebrar unas primarias para elegir a su nuevo presidente y en las que concurrieron cuatro candidaturas.

Carrera electoral

Reagrupament Independentista -sector que agrupa a los críticos Joan Carretero y Uriel Bertrán- presenta a una mujer de la más absoluta confianza del primero, con quien trabajó en el Departamento de Gobernación y con la que formó doblete en las primarias de junio. Rut Carandell dice representar la renovación y acusa a Amorós de que, con el pretexto de una ficticia unidad, sólo persiga un "reparto de cargos" para asegurarse de que Jordi Portabella repita como candidato a la alcaldía de Barcelona y Josep Lluís Carod encabece otra vez las listas de las autonómicas. Es una carrera electoral que lleva camino de convertirse en una lucha fratricida si Puigcercós no logra recomponer el partido.

Y, finalmente, el candidato sorpresa y menos apoyado, Jordi Eduardo, del barrio barcelonés de Horta y ex afín de Amorós. Aunque los otros tres presidenciables daban por seguro su retirada, Eduardo mantiene intactas sus aspiraciones.

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