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Entrevista:ALMUERZO CON... ALBERTO MANGUEL

"El conocimiento es como el Everest: hay que escalarlo"

El restaurante no abre hasta las 13.30 y Alberto Manguel señala un banco de la calle: "¿Nos sentamos aquí a charlar?". Argentino de nacimiento, canadiense de nacionalidad y residente en Francia, Manguel, de 60 años, almuerza temprano pero se adapta a las costumbres de los países en los que ha vivido. En 1968 pasó un tiempo en España. Llegó sin un céntimo y le tocó comer "lo que podía y cuando podía". Lentejas sobre todo, "baratas y buenísimas". En América había dejado la universidad y un trabajo en una librería en la que había conocido a Borges, para el que ejerció como lector cuando el escritor se quedó ciego.

El historiador de la lectura cree que la escritura más simple atonta al lector

Hoy, Manguel vive pegado a su biblioteca -30.000 volúmenes- en un antiguo presbiterio cercano a Poitiers. Al pueblo, de ocho casas, llega un bibliobús. Él prefiere comprar en "librerías independientes" repartidas por el mundo. En España lo hace en La Central, de Barcelona y Madrid. "Los héroes de hoy son los libreros, los maestros, los bibliotecarios. Y los traductores, que aquí ponen a nuestro alcance toda la literatura universal. Algo que no ocurre ya en el mundo anglosajón". Manguel, que escribe en inglés (la lengua que aprendió de niño en Israel, donde su padre era diplomático), pinta un panorama negro: las editoriales literarias publican basura y la literatura se refugia en las editoriales universitarias. Así, su amiga Doris Lessing pasó lo suyo poco antes de recibir el Nobel. El editor británico le dijo que escribía demasiado. El americano, que no le publicaría más, que no vendía. "La idea más nociva que conozco es la del libro como industria".

La sopa de ajo llega en una versión castiza de la ceremonia del té. La camarera vierte el caldo sobre un cuenco con el resto de los ingredientes. "Muy buena", afirma Manguel, que ve en la escena una metáfora de estos tiempos: "Originalidad sin sentido". Y recuerda una novela en la que alguien pondera su jardín. "El efecto sorpresa es fundamental", insiste el personaje. Un invitado le responde: "¿Y la segunda vez que pasea por él cómo llama a ese efecto?".

Manguel ha digerido bien todo lo que ha leído, y de ello surgió la obra que le consagró mundialmente, Una historia de la lectura. Su temor es que algún día ese ensayo parezca un tratado de arqueología. Si le recuerdan que nunca se vendieron tantos libros como ahora, matiza: "Se venden muchos ejemplares, pero de unos pocos títulos". Para él, el problema no es de cantidad sino de calidad: "Le decimos a la gente que es demasiado estúpida como para entender un texto complejo. Es una arrogancia y es mentira. Basta que tú creas en la inteligencia de los demás para que tengan la oportunidad de querer algo mejor". Para eso sirve la imaginación, que, explica, se desarrolla para anticipar escenarios que permitan resolver problemas concretos: "Leer te hace imaginar que el mundo puede ser mejor. Y te crees menos lo que te venden". Mientras el restaurante, un antiguo horno de pan, se llena de comensales de hora española, Manguel apura el café y concluye: "Nos venden que las humanidades son superfluas porque prefieren una sociedad que actúe mecánicamente, sin pensar. El modelo intelectual de hoy es el catecismo: una pregunta con una respuesta que memorizar. Los valores son lo fácil y lo rápido, pero acceder a cierto conocimiento requiere cierto esfuerzo. No se sube al Everest sin escalar".

Pandelujo. Madrid

- Pan y aperitivo: 3,60

- Sopa de ajo: 11,10

- Espárragos verdes: 10,10

- Chipirones rellenos: 21,20

- Lomo de rape: 25,30

- Agua y café: 12,10

Total con IVA: 83,40 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 2008

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