Reportaje:

Consumidos por el 'cannabis'

Dos de cada tres adolescentes admiten efectos nocivos sobre la salud

Dicen que empiezan a consumir por curiosidad. Y que siguen para evadirse. Pocos lo hacen para lograr la aprobación del grupo y la mayoría cree erróneamente que el cannabis le va a facilitar las relaciones sociales y sexuales. Pero dos de cada tres adolescentes reconocen haber experimentado también efectos negativos para su salud al consumirlo, y un poco más de la mitad sabe que puede padecer síndrome de abstinencia. Sin embargo, lo tienen demasiado fácil para iniciarse: 9 de cada 10 obtuvieron su primer porro de un compañero o amigo, sin pagar: gratis.

Éstos son algunos de los datos que arroja una encuesta transversal realizada a 2.043 alumnos de 3º de ESO de Barcelona por un equipo de la Agencia de Salud Pública de esta ciudad (ASPB) en 2005. Sus autores confían en que estas variables, recogidas en un estudio publicado en el último número de la revista Gaceta Sanitaria, puedan contribuir a la prevención, ya que el trabajo aporta nuevos datos sobre las expectativas y los efectos experimentados por los propios adolescentes.

Los porros provocan pérdida de memoria, tristeza y dificultad para concentrarse
El 'cannabis' aísla y su efecto sedante tampoco favorece las relaciones sexuales

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Para empezar, no les hace falta esconderse: el 60,3% de los escolares probó el cannabis por primera vez en el parque o en la calle. Y tampoco necesitan pagar por ello, aunque una mayor disponibilidad de dinero favorece el consumo habitual (en los últimos 30 días). Sólo un 5,5% de los consumidores ocasionales (aquellos que afirman haberlo probado alguna vez) y un 11,2% de los habituales tuvo que ir a comprarlo, porque a 8 de cada 10 les inició un amigo.

La curiosidad fue el principal motor para la primera vez, pero la diversión y la búsqueda de sensaciones nuevas le siguieron de cerca. Luego, si se convierten en habituales, continúan sobre todo para sentirse mejor y olvidar problemas (el 42,4%), para bailar y divertirse (33,7%) o para relajarse (24,9%), pero sólo un 5,4% mantiene que lo hace para sentirse integrado en un grupo de amistades.

Pero ¿qué expectativas tienen?, ¿qué efectos experimentan? Ahí, los investigadores hallaron contradicciones que, según explica Carles Ariza, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública de la ASPB y coautor del estudio, pueden ayudar a afinar los mensajes de las estrategias de prevención de forma específica para esta droga y, sobre todo, en el entorno escolar.

Un 80,3% de los consumidores habituales afirmó que fumar les facilita las relaciones sociales y sexuales, y un 97,1%, que les relaja y reduce la tensión. "El consumo de cannabis no facilita las relaciones sociales, porque aísla, y su efecto sedante tampoco favorece las relaciones sexuales, pero estos resultados nos van a permitir poner una parte del énfasis de la prevención en desmontar estas falsas expectativas", explica Marta Torrens, directora de Toxicomanías del IAPS-Hospital del Mar y miembro de la Comisión Clínica de la delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.

Torrens señala también otro dato de valor. Casi tres de cada cuatro de los escolares encuestados admitieron que el consumo de cannabis puede producir efectos negativos sobre la salud y puede alterar las funciones intelectuales y el comportamiento.

De hecho, muchos parecen haberlos sufrido en propia piel: pérdida de memoria (22,5%), tristeza o depresión (19,1%), dificultades para estudiar o trabajar (16,7%), conflictos o discusiones (12,1%) fueron efectos referidos con mayor frecuencia entre los consumidores habituales que entre los ocasionales.

De lo que parecen ser menos conscientes es de que el consumo habitual produce adicción, ya que sólo el 61,3% de los habituales y el 55,9% de los ocasionales declara saber que engancharse a los porros puede producir síndrome de abstinencia. "Reforzar estos efectos negativos nos puede ayudar a luchar contra la baja sensación de riesgo que ya de por sí tienen muchos adolescentes", argumenta Torrens, que espera que el estudio de los resultados de la intervención sobre estas expectativas que está llevando a cabo este mismo grupo de investigación en Cataluña arroje nuevos datos al respecto.

"Con estos resultados en la mano, sabemos que en los últimos años se está empezando a ser más consciente del peligro de los porros, y estos resultados sobre expectativas lo demuestran, pero todavía existe una tolerancia generalizada, incluso entre los padres, que hacen del cannabis la droga tan accesible que muestran las encuestas", mantiene Ariza, preocupado. Y en esta disponibilidad al consumo hay cada vez menos diferencias entre chicos y chicas, una tendencia que, según explica este investigador, se viene observando desde 2004.

En este estudio, el patrón de consumo fue similar en ambos sexos, con sólo una ligera diferencia al alza entre los fumadores habituales (que consumieron en los últimos 30 días) a favor de las chicas. Este dato podría conducir erróneamente a pensar que el sexo femenino va escalando posiciones en el consumo, igual que ocurre con el tabaco. Sin embargo, puntualiza este investigador de la ASPB, cuando el consumo se hace regular (al menos una vez a la semana), siguen predominando los chicos.

Otro de los datos que preocupan a los investigadores es que se confirma, una vez más, la relación estrecha entre tabaco y cannabis: sólo un 2,2% de los escolares que habían probado el cannabis se declaró no fumador, y este porcentaje disminuía al 1,5% entre los consumidores habituales. Su humo parece darse la mano en esta encuesta, siguiendo un patrón que se está viendo en otros países europeos desde hace unos años.

Un grupo de jóvenes participa en la feria del <i>cannabis</i> celebrada en 2005 en La Farga de L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona).
Un grupo de jóvenes participa en la feria del <i>cannabis</i> celebrada en 2005 en La Farga de L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona).TEJEDERAS

Un cerebro inmaduro y muy vulnerable

La prevalencia del consumo de cannabis alguna vez en la vida fue de un 37,5%, una cifra sin novedades llamativas respecto al 36,6% de la última Encuesta Estatal sobre Drogas en Enseñanza Secundaria 2006 (Estudes) del Plan Nacional sobre Drogas. Pero un 10% declaró haberlo consumido en el último mes, casi la mitad del 20% que señalaba la encuesta estatal. Eso significa que el consumo habitual sigue bajando.

Pero si los datos sobre prevalencia, a la baja en los últimos años, permiten ser moderadamente optimistas, se confirma un dato que preocupa a los expertos: la edad del primer contacto es cada vez más temprana. En la muestra de escolares barceloneses, la edad media de inicio de consumo fue de 13,4 años, cuando en la Estudes era de 14,6 años. Pese a que los investigadores advierten de que "estos resultados se deben en parte a la escasa edad de los participantes en la muestra, que cursaban 3º de ESO", señalan que este inicio cada vez más precoz tiene mucho que ver con la facilidad con que los chicos pueden acceder a esta droga de abuso. Y ésta es una tendencia que se viene observando a escala mundial.

Mientras que el tabaco se relaciona directamente con el cáncer de pulmón y el alcohol con los accidentes de tráfico, el cannabis ha sido durante años la niña mimada de las drogas de abuso. Hasta hace poco. Porque la investigación científica se ha encargado de poner las cosas en su sitio. "La edad de inicio condiciona la evolución del consumo", sentencia Olga Valverde, catedrática de Psicobiología y coordinadora del Grupo de Investigación de Neurobiología del Comportamiento de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Y explica por qué: "Nuestro cerebro no está totalmente formado hasta la juventud tardía [por encima de los 20 años], y se ha demostrado que, si en estas edades tempranas del desarrollo se consume cannabis o cualquier otra droga de abuso, se producen cambios adaptativos en el funcionamiento y la estructura del cerebro que nos hacen más vulnerables a desarrollar una adicción y nos exponen a daños tóxicos que no sabemos con certeza si pueden ser irreversibles".

El consumo habitual de cannabis no sólo se traduce en alteraciones del aprendizaje, la memoria y la capacidad de concentración tan decisivas para el rendimiento escolar y con consecuencias sociales graves, sino que también expone a un mayor riesgo de padecer episodios o brotes psicóticos cuando hay una predisposición genética previa, explica Valverde. "Existe un polimorfismo genético asociado a episodios psicóticos que sólo se expresa si se consume cannabis

", explica Valverde, y, por tanto, "sería como si les dejáramos jugar a la ruleta rusa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 08 de septiembre de 2008.

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