Columna
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Lo que ayudó, perjudica

Esta segunda andadura del presidente José Luis Rodríguez Zapatero pinta de manera muy distinta de la primera. Se diría que los resultados de las elecciones del pasado 9 de marzo habían disminuido la distancia en escaños que separaba al Partido Socialista de la mayoría parlamentaria. En efecto, las urnas del 14 de marzo de 2004 atribuyeron al PSOE 164 diputados dejándole a falta de 12 para alcanzar los 176 de la mayoría absoluta, mientras que ahora, con 169 diputados, esa diferencia ha quedado reducida a siete. Algún ingenuo podría deducir que la tarea del portavoz del Grupo Socialista habría resultado aliviada en la misma proporción, es decir, en más de un 41%, pero el cálculo es incapaz de resistir la prueba de la realidad. Porque del mismo modo que la distancia física ha dejado de medirse en kilómetros para establecerse en minutos, así también el coste de cada uno de los diputados que le faltan ahora al Grupo Socialista para completar la mayoría se ha incrementado devaluando su manifiesta reducción numérica. Al nuevo portavoz en el Congreso, José Antonio Alonso, le resulta mucho más difícil obtener el apoyo de siete diputados de lo que era para sus antecesores, Alfredo Pérez Rubalcaba y Diego López Garrido, ganarse los 12 que les faltaban.

Muchas de las políticas que fueron orgullo de la pasada legislatura pasan ahora las más negras facturas

En definitiva, la distancia numérica en escaños que separa a los socialistas de la mayoría ha disminuido, pero de modo paradójico el coste para alcanzarla se ha multiplicado. En la legislatura anterior, el energumenismo del Partido Popular, reducía a cero la factura del apoyo de los grupos minoritarios de la Cámara al Gobierno. La visión del apocalipsis que ofrecía el PP llevaba incluso a las minorías más díscolas al redil sin exigencia alguna. Ahora, el PP de Mariano II ha decidido acampar en la racionalidad y dejar de marcar el paso al son que estuvieron imponiéndole sus "falsos amigos" de la bendita emisora y el diario especializado en amaneceres. La nueva situación exige afinar mucho más el argumentario. En la medida en que el principal partido de la oposición camine por la senda que puede transformarle en alternativa verosímil, al PSOE se le complicará la tarea.

Así que con el eclipse del energumenismo las facilidades que aportaba se han extinguido, pero al mismo tiempo se observa el peso del trayecto recorrido por el presidente del Gobierno. En 2004 llegaba con aires inaugurales. Pero ahora tiene la sombra de sus cuatro años en el poder. Además, muchas de las políticas que fueron enseña y orgullo de la pasada legislatura pasan ahora las más negras facturas. Cabría decir con el poeta aquello de "¿los infantes de Aragón qué se hicieron?" ¿Qué se hizo de aquella proclama de Jesús Caldera a favor de la inmigración, cuando se promueve la infausta directiva europea y ha de salir el ministro Celestino Corbacho a cerrar las puertas? ¿Y de la superioridad exhibida por haber impulsado el Estatut de Cataluña, cuando llega el momento de acordar el sistema de financiación autonómica sin que sepamos pasar del "todos saldrán ganando"? ¿En qué queda la negativa a las centrales nucleares si terminamos importando la energía eléctrica generada en Francia con esa tecnología? ¿Era tan decisivo aquello de los 400 euros a los del IRPF y los 2.500 por nacimiento, mientras se evaporaba el famoso superávit de las cuentas públicas, o hubiera podido pensarse en un uso más adecuado para momentos de tribulación como los actuales? ¿Valió la pena el argumento sumario empleado para retirar las fuerzas de Irak, si ahora debemos compensar quedándonos en algunos peligrosos sinsentidos como Afganistán?

Además, hace cuatro años todo eran estrenos, pero ahora van quedando colaboradores por el camino. De aquellos pioneros de "nueva vía" apenas se ven los restos, y los relevos casi nadie los encaja con deportividad. Cunden las urgencias de los que quieren ser retribuidos sin mayor demora en esta misma legislatura, por si acaso la siguiente resultara de otro color. Ha quedado acreditado el logro de la paridad en la composición del Gobierno pero, después de las sesiones de fotos y de los titulares admirativos de la prensa extranjera, aparece la crisis y en situación de dificultad las gentes vuelven sus ojos al inquilino de La Moncloa y a su Gabinete.

Mañana, en la tribuna del Congreso de los Diputados tiene que volver a ganarse la confianza. Anotemos ya en su favor los acuerdos para renovar algunas instituciones clave como el Consejo del Poder Judicial o el Tribunal Constitucional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 08 de septiembre de 2008.

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