Deferr se lo juega todo
El gimnasta, obsesionado con meter a España en su primera final por equipos en unos Juegos que estrenan sistema de puntuación

A Gervasio Deferr le duele todo. No duerme bien. Le molesta el calor de Pekín. No acaba de entrenarse a tope. Pero mañana (a partir de las 6.00, hora peninsular española) saldrá a competir como lo que es: un monstruo que sólo sale a la luz cuando siente la presión. No lo hará solo. Le acompañan cinco compañeros con una obsesión: clasificarse para la final de equipos por primera vez en la historia.
Gervi, Rafa Martínez, Manu Carballo, Isaac Botella, Iván San Miguel y Sergio Muñoz saben que la gimnasia sigue siendo un deporte de hombros dislocados, lesiones de espalda, y operaciones sin fin. Todos se iniciaron en este deporte siendo niños allá por los años 80. Su deporte entonces era sencillo. Cuanto más difícil y perfecto el ejercicio, más cerca estarían del 10, la puntuación que, como en el cole, denota perfección.
Para entonces una niña rumana llamada Nadia Comaneci ya se había ganado el título de primera gimnasta perfecta, allá en Montreal 1976. El ruso Ditiatin sería el primer hombre cuatro años después.
Bien, pues todo esto cambió para siempre tras Atenas 2004, cuando un fallo de unos jueces dio el título de forma injusta al estadounidense Paul Hamm y cambió la gimnasia para siempre. Tanto que incluso a un espectador avezado le cuesta seguir la competición. Las notas ahora bailan entre el 12 y el 17 y pico y la emoción de la competición -aquellos duelos Szabo-Retton de Los Ángeles 1984 o Silivas-Shoushounova en Seúl 1988, donde la medalla se decidía por centésimas en el último aparato- han desaparecido para siempre.
La razón es sencilla. Si antes la dificultad máxima era 10 y los jueces se limitaban a descontar por los defectos ahora la complejidad y la ejecución suman. Resultado: si eres capaz de hacer un ejercicio muy difícil, aunque lo hagas mal, sigues teniendo ventaja. "Wang Yei, actual campeón del mundo, puede caerse tres veces y seguir ganando", resume de forma gráfica Pablo Carriles, juez español.
Otro ejemplo. El ejercicio de suelo de Deferr, el mismo con el que fue segundo en los Mundiales del año pasado, tiene una nota de partida de 6,5 puntos. En Stuttgart los jueces consideraron que su ejecución era digna de 9,45. Total: 15,950 puntos. Su gran rival en Pekín y campeón mundial, el brasileño Hypolito, tiene un ejercicio más difícil (6,700 entonces).
Lo malo es que no valen excusas. Y menos para Deferr, doble campeón olímpico, competitivo como nadie y que sabe que está ante su última oportunidad olímpica. Si no se metiera en la final de suelo, sería un gran fracaso. Como lo sería que Rafa Martínez, campeón de Europa en 2005 y quinto en Atenas 2004, no pasara a la individual. Claro, nada que ver con la decepción que sufriría el italiano Bruno Grandi, presidente de la federación internacional y comprometido con el nuevo sistema, que un nuevo escándalo sacudiera la gimnasia.


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