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Reportaje:Moción de censura en el Barça

Voto de castigo contra Laporta

La moción no prospera, pero 23.870 socios, el 60% de los que fueron a las urnas, se pronuncian contra el presidente

No prosperó el voto de censura contra Joan Laporta, pero el castigo que ayer recibió el presidente del FC Barcelona fue tan categórico que le deja en una situación de precariedad y en el peor de los escenarios. 23.870 socios (un 60%) de los 39.389 que votaron, lo hicieron en contra de Laporta, que contó con el apoyo de 14.871 socios (un 37,75%) en la moción de censura impulsada por Oriol Giralt y Christian Castellví. Los estatutos establecen, sin embargo, que la moción sólo prosperará si cuenta con las dos terceras partes de los votos, de manera que Laporta está legitimado para cumplir su mandato hasta el 2010 por menos de siete puntos. Moralmente, en cambio, el presidente queda en una situación de máxima debilidad tanto por el resultado de las urnas, y especialmente por la alta participación (más de 30.000 socios), como por la carga ambiental que ayer vivió en su contra en el Camp Nou. Laporta encajó el resultado con relativa calma. "El voto de censura no ha triunfado y en consecuencia podemos agotar nuestro mandato", inició; "lo acabaremos por coherencia, porque estamos legitimados y por sentido de la responsabilidad". El presidente no se planteó dimitir. "El resultado del proceso lo entendemos por un voto de castigo a los dos últimos años. Actuaremos en consecuencia para en enderezar el club. Es muy importante recuperar la estabilidad", analizó.

Moralmente el presidente queda en una situación de máxima debilidad

Personajes como el expresidente Josep Lluís Núñez fueron vitoreados en la misma proporción que otros como Johan Cruyff tuvieron que aguantar continuos abucheos. El barcelonismo está de nuevo fracturado después de que Laporta haya malgastado la mayoría absoluta alcanzada en las elecciones del verano de 2003.

Ante un escenario tan dividido, se presenta una tercera vía, la del ex vicepresidente Sandro Rosell, compañero de candidatura de Laporta y autodeclarado candidato a los próximos comicios, después que la semana pasada activara el voto de censura con su comparecencia pública. A diferencia de Frank Rijkaard, sustituido por Pep Guardiola, y de Ronaldinho, declarado transferible, Laporta podrá continuar sentado la próxima temporada en el palco, pero su silla está seriamente amenazada porque el proyecto ganador de 2003 a 2006 se ha esfumado en dos temporadas. A más participación de los socios, mayor fue la ira contra Laporta, contrariamente a lo que esperaba la directiva. Votaron prácticamente tantos socios como en la moción que Laporta, en calidad de líder de Elefant Blau, presentó hace diez años contra Núñez durante un Barça-Madrid. Entonces, al presidente Núñez le refrendó el 61,52% de los votos; ayer, Laporta se quedó por debajo del 38%.

La respuesta del socio fue tan contundente como celebrada, más que nada porque había serias dudas sobre la participación por la fecha elegida por la mesa del voto: el primer domingo de julio, tiempo de vacaciones para mucha gente, jornada sin fútbol, un día que no invitaba precisamente a la militancia activa. Falsa impresión porque el barcelonismo acudió de forma decidida al Camp Nou.

El presidente aguantó ayer a pie firme los gritos de decenas de aficionados que pedían su salida del club al grito de "Barça sí, Laporta, no" mientras sus partidarios le invitaban a continuar en el cargo. Acompañado de su hermano Xavier, el presidente azulgrana se lamentó de que un grupo de socios "organizados" intentara "reventar el acto". "Aunque hay una minoría que practica una erosión sistemática", precisó, "nuestra intención es promover la unión del barcelonismo".

Igualmente polémica fue la comparecencia de Johan Cruyff, ideólogo futbolístico de Laporta. "La moción es injusta y absurda", afirmó después de depositar la papeleta que le entregó el presidente. "Si valoras los cinco años, las cosas se han hecho bien", agregó. "Pero si el equipo no funciona, pues no funciona; el presidente no juega y sólo puede tomar decisiones de año en año". Cruyff advirtió que la convocatoria de elecciones impediría "preparar las cosas bien. La moción sólo hace daño, y si en su día -hace diez años- me manifesté favorable a la que le plantearon (Laporta) a otro presidente (Josep Lluís Núñez) es porque llevaba mucho tiempo".

El revuelo y controversia que provocaron Laporta y Cruyff contrastó con el sosiego que despertaron Oriol Giralt, promotor del voto de censura, y Sandro Rosell, que ya han anunciado su decisión de presentarse a las elecciones en cuanto sean convocadas. Rosell, mientras tanto, fue vitoreado al grito de "¡Presidente, presidente!" nada más llegar al estadio. "Las lágrimas del presidente no me parecieron sinceras", afirmó al referirse al acto del viernes en que Laporta se emocionó. "El peor enemigo de Laporta es él mismo", acabó. "Reitero que no tengo nada que ver con Giralt y que no soy oposición porque el Barça no es un partido político". Rosell sólo se ha manifestado de acuerdo con Laporta en la continuidad de Guardiola como entrenador.

El protagonista de la tarde fue Núñez, recibido por centenares de socios también al grito de "¡Presidente!, ¡Presidente!". "El socio ha sido muy generoso con esta junta porque se han producido hechos muy graves que ustedes (los periodistas) han pasado por alto. El club se ha descapitalizado y no se han pedido responsabilidades", se lamentó, emocionado, el expresidente azulgrana, aclamado por la muchedumbre y protegido por diez Boixos Nois.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2008