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Crónica:LA CRÓNICA

Recuerdo de Maria-Mercè Marçal

El sábado pasado se cumplió la primera década sin Maria-Mercè Marçal. La poeta, narradora, ensayista, conferenciante, profesora, traductora y brillante intelectual a contracorriente tuvo en vida un público generoso que está ampliando su decidido marco feminista. Hombres por la igualdad, en terminología contemporánea del asunto, ayudan por ejemplo a que siga adelante la joven fundación que lleva su nombre, constituida por su familia y presidida por su hija, Heura Marçal, una muchacha valiente que desde el vientre de su madre está ligada a la literatura.

Hace poco, el 20 de junio, antes del acto en la Generalitat que se presentaba como recuerdo de M. M. M., estuve paseando por el Gòtic con Carles Torner, con el que coincidí en su día en la junta del Pen Club y en quien Marçal encontró en sus últimos años un sólido sostén y un cálido amigo para llevar adelante tantas iniciativas pioneras que hoy son habituales, y ahí está el Premi d'Honor a la poeta y traductora Montserrat Abelló a sus 90 años. Diez años sin Marçal y tantas cosas que no le podemos comentar, que no podemos escuchar de su tímida y ardiente voz. Echamos de menos su inteligencia, su ironía y su generosidad, su bondad en suma. Y su insobornable condición de testigo que no calla.

Torner se le parece más que yo, los dos entienden la buena educación como ejercicio irónico y cortés cuando se tercia, mientras que yo tiendo al sarcasmo y la desfachatez... Pero, bueno, vayamos al simulacro de recuerdo al que fuimos convocados. Entre las genialidades que tuvimos que soportar, y me ahorro decir de quién, estuvo la de que los poetas vienen al mundo para morir. Pues vaya. No: Marçal no vino al mundo para morir, sino para vivir en abundancia, rebelarse día a día hasta el último, dar vida a los demás -a las mujeres silenciadas, a su hija, a las lenguas abolidas-, dar la palabra... Ser para la muerte no era en absoluto lo suyo.

Cuando terminó el saqueo, al cabo de tres horas, tres, Torner ya no estaba, sospecho que sus hijos le reclamaban, un viernes por la tarde, qué día para programar un acto de recuerdo... bueno, de supuesto recuerdo... Unas 400 personas habíamos llenado la sala y esperado estoicamente (bueno, no todas) que aquello terminara... para poder saludar a Heura Marçal, que estuvo francamente bien y, por lo menos, nos enteramos de que la Fundació MMM (www.fmmm.cat), con sede en Sabadell, en las instalaciones del Vapor Codina, constata que en estos 10 años la obra de Marçal está viva, muy viva, en diversos idiomas. La web Marçal cuenta con el diseño gráfico de la artista Eulàlia Valldosera, que también es la autora de la instalación en la misma sede de la FMMM en Sabadell.

Tampoco está José Agustín Goytisolo para recibir las analíticas y rigurosas cartas de Marçal sobre la "situación lingüística". Aunque quiero pensar que J. A. G. no habría participado en esta última manifestación de ignorancia y mala fe llamada no sé qué de la lengua común... Pobre lengua castellana, siempre utilizada como arma de combates negros... Me parece estratosférico que, si fuera posible, tuviera que debatir con Marçal de estos asuntos que jibarizan nuestras mentes y nuestros corazones. Me resistí una y otra vez en sus últimos meses a hablar de ello, creía idiota por su parte amargar así su existencia precaria. Cuando comprendí que hablar de lo sociolingüístico era para ella una forma de resistir a su cáncer, fue demasiado tarde... Res, noia, que estamos donde estábamos. Por suerte, como dicen los de una tribu africana cuando se les pregunta cuánta gente son, seguimos siendo tantos (cifra) vivos y tantos (cifra) muertos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2008