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A veces, sin comida

La madrugada del rescate, los agentes encontraron al empresario en un pequeño establo, encadenado y tras haber padecido una mala alimentación, en condiciones "poco saludables", según relató su hermano José Manuel Ávila. El empresario permanecía atado, haciendo sus necesidades en una lata y a veces sin recibir comida.

"Cuando entraron los geos a liberarle se agarró a la pierna de un agente para rogar que no lo abandonara", añadió. A continuación, llamó a su hermano "muy nervioso" aún para preguntar por el menor de sus tres hijos, Pablo.

Tras los 16 días de cautiverio, Ávila no está gravemente afectado, ni física ni psicológicamente, salvo por haber perdido unos kilos. Pero el haber estado sedado durante dos semanas sí que le ha dejado leves secuelas, y Ávila aún está desorientado. "Se encuentra entre dos mundos y sólo sabemos que le dieron un sedante", definió su hermano.

El secreto del sumario y el estado del empresario explican que su familia aún carezca de todos los detalles del cautiverio, sobre los que conserva un sabor agridulce. "La liberación es una alegría a medias. Cada vez vemos más delitos así, pero nunca irán bien porque tenemos una gran policía, cosa que no he sabido hasta ahora", confesó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de junio de 2008