Reportaje:

José María Nunes experimenta en cine con 'A la soledat'

Al cineasta y guionista José María Nunes (Faro, 1930) suele aburrirle la mayor parte del cine actual. A su juicio, todos los argumentos posibles se agotaron hace muchos años. Perdida la posibilidad de contar historias originales, el suyo es un cine de experimentación formal y, sobre todo, narrativa. No pretende contar, sino mostrar y emocionar apelando a la implicación absoluta del espectador. A este proceso vuelve a rendirse con su nueva película, A la soledat, un filme producido por Valentí Films que se estrena hoy en Barcelona y donde vincula la soledad a la forma más absoluta que puede adquirir la inteligencia.

Enrique Irazoqui, Ricard Salvat, José María Blanco y Hermann y Nausicaa Bonnín son algunos de los protagonistas del mosaico de fragmentos que atraviesa el filme. Un hilo conductor acaba tejiendo sólidamente los retazos: la idea de que, en un momento mágico e íntimo, todo el mundo es capaz de atrapar un instante de clarividencia máxima, de vivir una experiencia intangible que nos lleva a "conocer las respuestas para todas las preguntas", como dicen varios de los personajes. Nunes, amante de los juegos de palabras, llama a esta vivencia "entrar en la edad del sol". Filosofía y lírica son ingredientes fundamentales en el primer trabajo en cinco años del director de Noches de vino tinto, representante de la llamada Escuela de Barcelona.

Nunes es consciente de la escasa comercialidad de su nuevo filme y casi se felicita por ello. "El poder fomenta la idiotización", dice. Convencido de que este mal alienante aqueja al grueso del cine actual, declara: "No me gustaría aportar nada a ello".

Tampoco parece fácil imaginar al director renunciando a la libertad creativa que le permite trabajar con un reparto integrado por amigos, con un presupuesto muy pequeño, sin guión y dilatando a lo largo de un año un rodaje de entre 20 y 25 días. A partir de hoy, A la soledat puede verse en los cines Casablanca-Gràcia de Barcelona. Además se presentará en diversas localidades catalanas (entre ellas Girona, Lleida, Palamós, Valls y Reus), así como en Madrid, Palma de Mallorca y Valencia, en pases acompañados por el propio Nunes. "Es una película de museo", señala el productor, Lluís Valentí, acerca del nuevo trabajo del incombustible realizador. "Aunque no lleve cámara, ruedo todos los días", dice Nunes como prueba de su estrecha implicación con el cine.

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