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Entrevista:ALMUERZO CON... LLUÍS HOMAR

"Almodóvar te empuja al abismo"

Con un pequeño retraso -eso sí, llamada telefónica de aviso y disculpas incluidas-, Lluís Homar llega derrapando al restaurante japonés más cercano a la productora El Deseo, de los hermanos Almodóvar. La entrada febril de este actor, director teatral y fundador del Teatre Lliure deviene en pausada charla alrededor del sashimi. Sólo tiene hora y cuarto para comer, pero el barcelonés logra alargar ese tiempo como para disfrutar hasta del clásico jengibre de los japos, esas láminas rosas que suelen quedar abandonadas en el plato. "A mí me encanta, qué le voy a hacer. A mi mujer no le gusta el pescado crudo y por eso suelo ir solo". Al sushi se aficionó hace dos décadas, cuando estudió un año en Nueva York.

Al actor y fundador del Teatre Lliure le buscan todos los directores, no para

Y es que la vida de Homar, que acaba de cumplir 51, ha dado muchas vueltas. Casi todas alrededor de la interpretación. "Me gusta mucho viajar, y ahora disfruto de Madrid, de la vida diaria de la gente, de montar en el metro...". En Canet de Mar, a unos 45 kilómetros de Barcelona, ha dejado a su mujer, y a sus dos hijos de 7 y 4 años. "Voy los fines de semana, y hablo con ellos diariamente. El pequeño hay días que no se pone al teléfono, como pequeño chantaje sentimental por mi ausencia". Lo de los críos es relevante, porque mientras ensaya con Pedro Almodóvar su personaje en Los abrazos rotos -"No puedo contar mucho. He firmado un contrato de confidencialidad porque Pedro quiere que el público llegue limpio al estreno"-, Homar tiene en las salas Cobardes, el segundo filme dirigido por José Corbacho y Juan Cruz. "Sólo trabajé siete días [nadie lo diría viéndolo], aunque los disfruté".

El filme radiografía el acoso escolar que sufre un chaval en el colegio, y de paso analiza las relaciones paternofiliales. A Lluís le ha tocado encarnar a un concejal del PP, un tipo que no se entera de que su hijo es el matón del instituto. "Siempre dicen que no hay que trabajar ni con animales, ni con niños -si son buenos, te devoran en pantalla-, ni con actores ingleses, por lo mismo. Yo añadiría que tampoco con Elvira Mínguez [que encarna a la madre del acosado]. Da una verdad a todo lo que hace...". Por cierto, ¿qué tal con sus hijos? "Hago lo que puedo. No creo en ser su colega, pero sí en la cercanía, en hacerlos partícipes de las cosas. Los hombres corremos el peligro que el trabajo pase por delante de la familia y que perdamos el punto de vista. Debes luchar por el equilibrio".

Al final de 2005, tras enlazar teatro, televisión y películas como La distancia, Morir en San Hilario, Los Borgia y Bosque de sombras, Homar cayó enfermo. "Pillé todo lo que acaba en itis". Así que bajó algo su ritmo, si se puede decir eso, con la serie Gominolas, Caótica Ana, La habitación de Fermat o Lo mejor de mí. Y desde el 23 de enero vive para Almodóvar. "Pedro tiene virtudes inmensas. Una es reconocer al ser humano que tiene delante. Con un pequeño movimiento tuyo ya sabe qué te pasa. La interpretación se hace interesante según te acercas al borde del abismo. Pedro, desde el respeto, es el mejor en llevarte hasta allí. A mí me ha regalado un personaje poco habitual". Por él, Homar está físicamente afilado. Suena el móvil. Quedan 15 minutos para el inicio de los ensayos. Sólo hay tiempo para hablar de su pasión por Shakira -"Más que su música, que preferiría a Tina Turner, me gusta su espectáculo, su falta de pudor. Soy consciente de que no me pega"-, de su vuelta al teatro -"Todo se andará"- y de su bigote de estilo antiguo. ¿Para el personaje de Los abrazos rotos? Sonríe malicioso: "Estamos en ello".

Sushi Olé. Madrid

- Dos sopas de miso: 10,30.- Urakami fantasía: 13,58.- Sashimi lujo: 26,21.- Dos cafés y dos aguas grandes: 10,91.Total: 61 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2008

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