Reportaje:

España copia a un novato

El nuevo Ministerio de Educación y Política Social calca el modelo británico, nacido hace apenas 10 meses y que se empieza a enfrentar a duras críticas

La decisión de José Luis Rodríguez Zapatero de reorganizar la estructura gubernamental de la educación, la asistencia social y la investigación científica se inspira en el modelo británico. Los nuevos ministerios de Educación, Política Social y Deporte, por un lado, y de Ciencia e Innovación, por el otro, son una réplica de los ministerios británicos para los Niños, Escuelas y Familias (Children, Schools and Families), por una parte, y de Innovación, Universidades y Capacidades (o habilidades, o destreza, según se quiera traducir el nombre en inglés de Universities and Skills) por otra.

Las universidades británicas temen perder poder para gestionar el dinero
No está claro quién es responsable de la educación entre 16 y 19 años

Sorprende que el Gobierno español se inspirara en el modelo británico porque éste tiene tan solo 10 meses de existencia y, aunque fue bastante bien recibido al principio, cada vez recibe más críticas. El objetivo del primer ministro Gordon Brown al impulsar esta reforma ha sido integrar todas las áreas de Gobierno que afectan directamente a la infancia y la juventud y orientar por otro lado las inversiones en investigación al mundo de la empresa.

Aunque esos principios suscitan cierto consenso en el Reino Unido, el Parlamento ha advertido de que no está claro quién es ahora responsable de la educación de los jóvenes de 16 a 19 años, las universidades temen perder poder a la hora de decidir en qué se gasta el dinero destinado a investigación y las escuelas han puesto el grito en el cielo por el proyecto del Gobierno de enjuiciar su eficacia en función de las tasas de embarazos juveniles, obesidad, drogadicción, criminalidad en el entorno escolar, cumplimiento de la ley, compromiso con la comunidad y otros factores que responden en realidad a factores fundamentalmente externos a la actividad escolar.

Al frente del DCSF (como se conoce al Ministerio de Niños, Escuelas y Familias de acuerdo con sus siglas en inglés), Brown ha colocado a Ed Balls, uno de los pesos pesados del Gobierno y mano derecha del primer ministro durante su larga etapa en el Ministerio del Tesoro, lo que le da una innegable autoridad para dirigir un departamento con numerosas competencias cruzadas con otros departamentos. El DCSF coordina toda la actividad interministerial relacionada con los jóvenes y la política de familia. Su objetivo es promover el bienestar, seguridad, protección y cuidados de los jóvenes, incluyendo la política social de la infancia.

Es responsable de la enseñanza a los menores de 16 años y tiene cierto papel en los estudiantes de 16 a 19 años porque, aunque académicamente dependen del nuevo ministerio universitario, la financiación se realiza a través de los municipios, que son quienes tutelan las escuelas de primaria y secundaria. Además, asume o comparte con otros ministerios las responsabilidades sobre la lucha contra la pobreza infantil, el vandalismo, la justicia juvenil, la sanidad infantil y el deporte entre los jóvenes.

Estelle Morris, veterana política y maestra que fue durante un breve periodo ministra de Educación en tiempos de Tony Blair -lo dejó por voluntad propia porque no podía soportar la tensión del vigoroso escrutinio al que someten los medios británicos a los miembros del Gobierno- defiende el nuevo sistema porque, a su juicio, sintetiza y funde las distintas políticas del pasado. En los años setenta el objetivo político era la igualdad, por lo que los profesores acabaron haciendo más de asistentes sociales que de enseñantes. En los ochenta y los noventa la prioridad era elevar los estándares mínimos de calidad, "con lo que todo se focalizó en enseñar y aprender, sin tener en cuenta que el entorno del hogar afecta a la manera en que los niños progresan", opinaba Morris en un artículo en el diario The Guardian.

"El nuevo departamento resuelve ese dilema", prosigue. "Algunos argumentan que no se pone bastante el acento en los estándares de las escuelas. Pero al enfatizar la importancia de la salud y el bienestar de los niños y sus familias, así como los estándares de las escuelas, se reconoce que sólo ofreciendo buenos servicios a los niños tanto dentro como fuera de la escuela se consigue que estos puedan tener éxito. Ahora los maestros se centran en la enseñanza y el ministerio con responsabilidad sobre los estándares de las escuelas es también responsable de acabar con las barreras para llegar al éxito que tienen su origen fuera de la escuela", subrayaba Morris.

Temores en la escuela

Pero las escuelas temen que acaben siendo también ellas responsables de lo que ocurre fuera. El ministerio quiere que el nivel de cada escuela se mida con todos los parámetros: no sólo el nivel educativo de los alumnos, sino lo que hacen fuera del recinto escolar, desde lo que comen a si se drogan, si tienen sexo no seguro, el gamberrismo, etcétera.

"Esos indicadores pueden ilustrar bien la composición social de los alumnos y la segregación social en nuestras escuelas. Pueden incluso mostrar qué escuelas son un oasis de calma y seguridad en comparación con el mundo habitado por jóvenes más allá de sus verjas de entrada. Pero sugerir que las escuelas deberían ser responsables de ese mundo es una locura", ha denunciado Martin Johnson, secretario adjunto de la Asociación de Maestros y Profesores.

Alumnos de un colegio del sur de Inglaterra juegan en el patio.
Alumnos de un colegio del sur de Inglaterra juegan en el patio.ASSOCIATED PRESS

Universidad vinculada a la empresa

La fusión de las universidades, la enseñanza de adultos y la investigación tiene coherencia en un país en el que la investigación está tradicionalmente vinculada al mundo de las empresas y la actividad económica. Es una manera de orientar hacia ese mundo la investigación universitaria, de hacerla más práctica. Al menos sobre el papel.

No han faltado voces críticas con la maniobra, temerosos de que el Gobierno británico esté socavando la naturaleza académica de la universidad para mejorar la productividad nacional, pero el ministro responsable de la nueva cartera, John Denham, insiste en que las reformas no van a erosionar la independencia de las universidades. Aunque no tiene el poder de Ed Balls, Denham es un hombre respetado políticamente porque en su día dimitió del Gobierno Blair por su desacuerdo con la guerra de Irak pero no por eso se convirtió luego en un rebelde dentro del partido. Y ha sido bienvenido por su relativa cercanía a la educación: fue presidente del Sindicato de Estudiantes de la Universidad de Southampton y responsable de temas educativos durante ocho años en sus tiempos de concejal.

La reforma hará más fácil captar dinero de las empresas para las universidades, pero éstas temen que eso les reste capacidad de decisión sobre cómo se ha de gastar el dinero.

Las empresas han firmado un convenio para financiar 30.000 plazas universitarias en lo que se espera que sea sólo un primer paso. Y los alumnos de las nuevas carreras orientadas al mundo empresarial podrán completar su formación en las compañías. En lugar de tres cursos académicos, esas carreras se comprimirán en dos años más intensos a costa de recortar las largas vacaciones que disfrutan los estudiantes en la actualidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 04 de mayo de 2008.

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