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Tribuna:

Un nuevo progresismo

Emerge un nuevo progresismo en el mundo, continuador de una tradición fecunda e innovador en muchos aspectos. Hoy y mañana, buena parte de él se congrega en Londres. Allí están convocados más de doscientos políticos, académicos, expertos y policy-makers de todo el globo, incluyendo una decena de jefes de Estado y de Gobierno. Es lo que se denomina Cumbre de Gobiernos Progresistas. Asistiré a dicha reunión en mi calidad de presidenta de Chile; como representante de una nación que, desde la recuperación de su libertad, ha optado democráticamente caminar por el sendero del desarrollo inclusivo, de la prosperidad y la justicia social.

Se realiza esta reunión en un momento especialmente clave para las ideas progresistas. A comienzos de esta década dejaron el poder una serie de gobiernos de centroizquierda en todo el mundo, especialmente en Europa, terminando aquella marea progresista que se gestó a fines de los años noventa. Pero poco a poco el centroizquierda ha ido ganando nuevas elecciones y se ha ido configurando una nueva camada de líderes. Más aún, en diversos países los progresistas comienzan a mejorar posiciones y a perfilarse como recambio de gobierno para las elecciones de los años venideros. Estamos ante un momento de oportunidad para esta sensibilidad política.

Los nuevos líderes del centro-izquierda se plantean conseguir una globalización inclusiva

Hay nuevos liderazgos que enfrentan nuevos desafíos. De eso trata esta cumbre. Del surgimiento de un nuevo progresismo, continuador, pero a la vez distinto, a aquel de los años noventa y que debe enfrentar los nuevos dilemas del mundo moderno. ¿Qué define esta nueva etapa? ¿Cuáles son los temas que nos preocupan?

El nuevo progresismo es continuador de una buena historia. Los tradicionales valores del centroizquierda -la libertad, la igualdad, la solidaridad, los derechos humanos, la paz- fueron acertadamente transformados en un cuerpo de ideas y estilos políticos a mediados de los años noventa y llevados al poder con singular éxito.

Quienes hoy tomamos el bastón de relevo, nos vemos beneficiados con los mitos que aquellas administraciones lograron derribar: los progresistas podemos gobernar eficientemente en la era de la globalización, los progresistas no tenemos que rendir credenciales de buen manejo económico a nadie. Por el contrario, bajo gobiernos progresistas se generó un ciclo de prosperidad y dinamismo económico en diversos países.

Por eso, los progresistas estamos llamados hoy a hacer aún más explícita nuestra vocación igualitaria. Estamos llamados a hacer más visible nuestra pasión por los temas de siempre, por la equidad, por la justicia social.

Los progresistas también debemos hacernos cargo de los nuevos temas y más que antes, debemos enfrentarlos con mayor coordinación entre Estados. Sólo es posible abordar los grandes problemas de la humanidad en este nuevo siglo si fortalecemos la acción multilateral. El cambio climático, la energía, la pobreza, las pandemias, las migraciones, el crimen organizado, entre tantos otros, son todos temas que demandan sofisticados esfuerzos de acción colectiva a nivel planetario. Y está en nosotros, los progresistas, encabezar dicho esfuerzo, en lo que algunos llaman la cosmopolítica.

El motivo central de la cumbre de Londres es precisamente ése: cómo lograr una globalización inclusiva. Se abordarán cuatro temas específicos, donde esperamos quede de manifiesto nuestra impronta. En cambio climático, abordaremos los desafíos para sacar adelante de la mejor manera las acciones post Bali. En pobreza, desarrollo y cohesión social, tema propuesto por Chile, esperamos concitar la mayor voluntad colectiva para colocar la construcción de sociedades más equitativas como prioridad global.

En cuanto al comercio y la integración económica, el comercio libre debe ser considerado, sin dudas, un objetivo progresista de primer nivel. Eso sí, un comercio que sea libre para todos. Por eso llamamos a redoblar los esfuerzos para sacar adelante la Ronda Doha. También abordaremos en Londres la reforma de las instituciones multilaterales, esperando lograr el mayor acuerdo para acelerar el proceso de reforma de Naciones Unidas. Pero, además, espero que realicemos una discusión a fondo acerca de cuáles deben ser los principios que orienten una reforma en las instituciones financieras internacionales.

Nos hace muy bien debatir como sociedad y entre sociedades acerca de los diversos temas que nos aquejan. El nuevo progresismo desea exponer su punto de vista acerca del mundo del siglo XXI. Pero, sobre todo, desea aunar diversas voluntades y desea convocar a la sociedad civil y a un espectro político plural en torno a los desafíos que enfrenta la humanidad.

Michelle Bachelet es presidenta de Chile.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2008