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Análisis:

El triunfo de la literatura

Con toda la carga que su posición antisemita echó sobre sus espaldas y que pagó con un terrible calvario en fuga mientras las posiciones alemanas se derrumbaban durante la Segunda Guerra Mundial, más un durísimo proceso de depuración, la literatura de Louis-Ferdinand Céline ha mantenido su calidad excepcional contra todo intento de reducirla a un problema ideológico. De hecho, su figura es ejemplar en el sentido de demostrar que la escritura depende antes de sí misma y del sentido último de la misma existencia humana que de cualquier interpretación interesada de la historia, sea digno o indigno del interés que guíe a esta última. Toda su obra es un bloque de ejemplar solidez y coherencia literaria, pero el texto que lo consagra definitivamente, Viaje al fin de la noche, nace de una convicción que está por encima de la circunstancia por más que dependa de ella: la escritura cambió para fortuna de la literatura del siglo XX cuando Céline encontró una forma expresiva nueva y acorde con el desastre que supuso para Europa y para el antiguo régimen la guerra del 14-18. Y cambió porque ese acontecimiento atroz no lo plasmó en ideas sino en lenguaje y del lenguaje y sólo del lenguaje emergió una idea enteramente artística: la expresión del desastre, la representación lingüística del desastre. Nadie había escrito así antes, nadie volvería a escribir como antes después de que Céline publicara su novela. La importancia de Viaje al fin de la noche es tan grande como la del Ulises de Joyce. Y ambas son, no por casualidad, dos formidables construcciones lingüísticas. Toda su obra posterior no es más que un desarrollo de lo que el Viaje contenía y anunciaba, tanto en la trilogía de la huida por Alemania y Dinamarca como en el tremendo relato de su iniciación a la vida que es Muerte a crédito o en esa antología de lo grotesco que es Guignol's band. Eso es lo que perdura y ahora merece la pena considerar. Y si la aparición de nuevos escritos origina viejas polémicas habremos de reconocer que la reiteración en lo excéntrico es un vicio incorregible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008