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Entrevista:EL RINCÓN DEL CANDIDATO | GASPAR ZARRÍAS | ELECCIONES 2008 | Campaña electoral

"Perdimos los de Bono y ganamos con Zapatero"

Zarrías dice que el ritmo de ahora es el habitual todo el año

Su pasión por el fútbol le llevó a jugar en fugazmente en el Atlético de Madrid. Es temprano y Gaspar Zarrías llega con un balón debajo del brazo a la lonja de la catedral de Jaén, una fotografía con la que quiere escenificar las muchas horas que pasó allí en su niñez jugando al fútbol. El domicilio familiar estaba justo enfrente, en la calle Turronería, aunque la infancia del número dos del Gobierno andaluz discurrió a caballo entre Jaén y Madrid, donde su padre cumplía la pena de destierro que le impuso el régimen franquista.

Ser seguidor del Atlético de Madrid y del Real Jaén -"no ganamos para disgustos con los dos equipos", confiesa- es hoy una de las principales aficiones de este político de fondo, uno de los cuatro parlamentarios desde el inicio del periodo autonómico. De no haber sido por una lesión su futuro podría haber sido otro. Pero Zarrías, que heredó su otra pasión política en su entorno familiar y participó en los congresos de Toulouse y Suresnes, dejó de ser aquel extremo incisivo para convertirse quizá en el más escurridizo de los políticos andaluces.

"Me toca el papel de decir cosas que el presidente Chaves no puede decir"

"A mí la campaña electoral me pilla entrenado, el ritmo de trabajo es similar a cualquier época del año", comenta antes de enfrentarse a una dura jornada de casi 12 horas como escudero de Manuel Chaves en tres actos electorales por Jaén. Al día siguiente le espera un maratón por media docena de pueblos de la Sierra de Segura. "Paso más tiempo con el conductor que con mi familia, los 300.000 kilómetros los hacemos en un santiamén", dice con la naturalidad de quien es capaz de estar al mediodía en Sevilla informando del Consejo de Gobierno y, dos horas después, pasando revista en un pequeño pueblo de Jaén, como consejero y también como líder provincial del PSOE, cargo que viene revalidando de modo incontestable desde 1994.

"Estoy orgulloso de haber seguido la estela de mi padre y mi abuelo

[ambos fueron alcaldes de Cazalilla, y él fue edil unos meses en 1995]; la política es una actividad muy noble, y por eso me duele lo denostada que está", reflexiona en voz alta después de contar con emoción cómo sus padres se conocieron en la cárcel madrileña de Yeserías, a donde su madre iba a visitar a su abuelo, fusilado en 1940.

¿Y por qué levanta tantos odios políticos? "Quizá por el papel que juego, diciendo cosas que el presidente Chaves no puede decir". Zarrías admite que le ha tocado el papel de malo en la política andaluza, aunque dice que mantiene buenas relaciones "con la mayoría" de sus contrincantes. "A quien no me gustaría parecerme nunca es a Luis Carlos Rejón", señala. A Javier Arenas lo califica como un "animal político", y añade que "su gran virtud es que miente con un desparpajo espectacular".

Ese papel de Harry El Sucio que a veces interpreta lo combaten sus rivales desempolvando algunos episodios que Zarrías califica como "leyendas urbanas", como al recodarle que una vez votó con los pies en el Senado -"es mentira, se demostró que fue Joaquín Galán"- o cuando le acusan de ejercer un control férreo sobre los medios de comunicación públicos. También le culparon de orquestar un pucherazo durante las primarias apoyar a Joaquín Almunia en detrimento de Josep Borrell. Después apostó por José Bono y ganó José Luis Rodríguez Zapatero. Parece claro que las apuestas no son lo suyo. "Perdimos los de Bono y ganamos todos con Zapatero", dice para zanjar el debate.

Y después de toda su vida en la política, ¿no está cansado? "Estoy en plena forma física; comparto el criterio de Alfonso Guerra de que la experiencia política debería valorarse más", es el mensaje que lanza a quienes predicen su marcha. ¿Y cómo ve a Andalucía? "Se ha dado un paso de gigante y un cambio trascendental".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008