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ELECCIONES 2008 | Campaña electoral

Jacobinos

Cuesta trabajo que el debate andaluz cale ente los ciudadanos ya que la intensidad de la campaña de las generales centra la atención de la mayoría. España es un país de hondas raíces jacobinas aunque la mayoría de las competencias que afectan a la vida de los ciudadanos están en manos de la Junta de Andalucía. Parece que la mayoría piensa que lo que más está en juego es el de España, lo que no ocurre sólo en Andalucía ya que en Cataluña siempre hay una mayor participación en las elecciones generales que en las autonómicas. Sería de agradecer que todos los partidos promovieran el voto y no jugaran a la abstención, pero cualquier ardid es lícito. Si el PP quiere que se abstengan los votantes socialistas lo que tiene que hacer el PSOE es movilizarlos. En cualquier caso es evidente que el debate andaluz no despega, al menos no al nivel que sería deseable. Me parece razonable que hayan coincidido las elecciones. Si los dos presidentes, Chaves y Zapatero, querían terminar sus mandatos era absurdo convocar dos elecciones con unas semanas de diferencia. El debate a cuatro celebrado días pasados entre los dirigentes de las principales fuerzas andaluzas y el cara a cara de anoche en Canal Sur devuelven a primera línea el interés por la política andaluza y la necesidad de prestar atención a lo que ofrecen los partidos que pretenden dirigir la Junta de Andalucía.

Más allá de las manchas en la corbata de Valderas, una cierta telegenia de Álvarez, el desparpajo de Arenas, la falsedad de los datos suministrados por el líder popular o el aplomo de Chaves, creo que los debates nos devuelven el interés por la política andaluza, por saber cómo se pretende gestionar la educación, la sanidad, los servicios sociales, las infraestructuras, el urbanismo, la vivienda y tantos temas que dependen del gobierno autónomo. El duro enfrentamiento de la política nacional no ha llegado aún a Andalucía pese a la manera agria y dura con la que se desarrolla la política en Madrid, que determina mucho el clima de la campaña. En Andalucía no ha llegado ese nivel de crispación, quizás la palabra más usada en los últimos años. Arenas es algo más moderado que Rajoy y, por supuesto, tiene mayor temple y empatía que el candidato popular a la presidencia del gobierno de España. En el debate a cuatro reconoció que Andalucía había mejorado en los últimos años, lo que supone un cambio brutal con la manera en la que se comporta el más famoso registrador de la propiedad. Incluso me parece inteligente que Arenas centre su discurso sobre la velocidad a la que Andalucía tiene que crecer. En cambio me parece un disparate decir que en Andalucía no hay libertad de expresión, afirmación que se hubiera desmentido con un somero recuento de los periodistas que seguían el debate, con la lectura de los periódicos del día siguiente o con la escucha de los comentarios en la radio. Esa idea del "régimen" es una de las majaderías más grandes que se pueden decir, repetida por cierto por Gaspar Llamazares en su visita a Andalucía.

Es normal que Arenas diga que hace falta un cambio, pero si no se ofrece contenido al mismo la mera referencia al tiempo que lleva gobernando el partido socialista tan sólo es un ejemplo de la impotencia de quien no ha sido capaz de ganar en ninguna de las elecciones a las que ha concurrido. No es menos cierto que Arenas tiene poca ayuda de los dirigentes nacionales de su partido, que cada vez que hablan de Andalucía provocan un desajuste, sea Esperanza Aguirre, Mayor Oreja, Manuel Pizarro o Ana Mato. Es posible que tengamos que preocuparnos por la imagen que tenemos entre los dirigentes del PP. Yo no cobro millonadas como asesor, así que regalo un consejo: olvídense de gráficos, estadísticas y datos macroeconómicos que no entiende nadie y céntrense en la vida cotidiana de la gente. Y olvídense de las ruedas de prensa al aire libre, sean a la puerta de Delphi o en el lugar donde murió un obrero en Los Barrios. Es incómodo para los periodistas y resulta de un oportunismo que produce sonrojo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008