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Análisis:ESTA SEMANA | ELECCIONES 2008 | Campaña electoral

Sucesión

Con razón los socialistas no quieren abrir el debate sobre la sucesión de Chaves. Sólo ha bastado que el presidente andaluz afirmara que prefiere a una mujer a la hora de su sucesión para que de, inmediato, comiencen a brotar especulaciones y hasta sesudos análisis sobre quién camina más cerca del presidente durante sus paseos electorales. Se ha abierto la veda. Cayó el tabú. Hay que es escudriñar al máximo todo tipo de gestos del candidato cuando entre en contacto con compañeras para ver si así se desliza algún gesto, alguna palabra, una clave, en fin, que arroje alguna luz sobre quién puede ser la elegida. Y todo eso en plena campaña electoral, cuando los cinco sentidos se tienen que emplear en lograr el máximo apoyo posible en las urnas el domingo que viene. En este sentido, la reflexión de Chaves no ha podido ser más inoportuna. Si bien se apresuró a decir, prácticamente, lo contrario de lo que horas antes había manifestado, precisando que no hay debate alguno, que no piensan en alguien en concreto, lo cierto es que la imaginación es libre y la que más y la que menos ya está haciendo sus cálculos.

Da la sensación de que estamos ante una discusión de ricos, de ociosos que dan por hecho que el partido está ya ganado, sin bajarse del autobús, por lo que se dedican a entretenerse con futuribles, olvidándose así de lo esencial como es lograr la confianza de los ciudadanos para garantizarse una nueva mayoría absoluta. Ésa debe ser la principal preocupación ahora; luego, tras el 9-M, ya se verá. Así lo dicta la lógica y, por supuesto, un elemental respeto a los electores que no tienen por qué soportar, con la que está cayendo, un elemento más en el discurso electoral, ya de por sí bastante cargado. Y lo que cae es más de lo mismo, esto es, continuas y permanentes intromisiones de dirigentes nacionales del PP en la campaña andaluza con descalificaciones en toda regla, no a los socialistas, sino a todos los andaluces, tal y como lo hizo días atrás Ana Mato. A ella le precedieron Manuel Pizarro o Esperanza Aguirre y no se descarta que en los próximos días les sigan otros por el mismo camino.

Una vez más, el PP andaluz ha perdido la oportunidad de desmarcarse de esta estrategia e, incluso, de condenarla públicamente. Hay quien interpreta esta pasividad con los continuos atropellos que se cometen contra el pueblo andaluz como una prueba más de que Arenas tiene puesta su vista en Madrid, de ahí que no quiera romper y enemistarse con los dirigentes de la calle Génova. Pero el presidente del PP andaluz ya ha advertido de que no hay vuelta atrás, se queda aquí, por lo que cabe pensar, más bien, que estas meteduras de pata están hechas con intención, para hacer daño, antes que nadie, a las propias expectativas electorales que pudiera tener como castigo así a su alineación con los sectores más moderados de su propio partido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008