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Reportaje:

Ocho trotamundos como usted

Viajeros incansables demuestran que ver mundo sólo es cuestión de dar el paso

Este fin de semana, miles de personas recorren Fitur, la Feria de Turismo de Madrid, en busca de inspiración. Si necesita un argumento más, escuche a estos aventureros y sus buenos consejos para descubrir el planeta.

Se puede". Lo repiten viajeros de todo pelaje. Viajan solos o en familia. Son tranquilos o aventureros. Jóvenes y no tanto, improvisadores y planificadores compulsivos, con más o menos presupuesto. Estos trotamundos comparten un deseo que va más allá de la curiosidad. Un afán de comprender y conocerse. Aseguran que el reto no es ni tan difícil ni tan caro como lo pintan, y compensa. Sólo hace falta dar un paso. Por delante, todo un mundo.

"En los setenta recorrimos España y descubrimos el cámping. En los ochenta exploramos Europa con las niñas. En los noventa... vimos el mundo. Bromeamos con que en los 2000 ¡toca la Luna!" (Marga Brunel y Luis Blas)

¿Un consejo? "Vacunarse, tener un seguro (no somos conscientes de lo cara que es la sanidad), llevar dos tarjetas de crédito, no bajar la guardia" ( Iosu López)

"Después de un viaje ya estoy pergeñando el siguiente, me abre la cabeza. Imaginarlo, soñarlo" (Trinidad Fernández)

"Me fascinan los países nórdicos. Su cultura y su filosofía vital. Su austeridad, a pesar de ser países ricos, y su civismo" (Rolando Durán)

Una vida en el paralelo 37

MARGA BRUNEL Y LUIS BLAS.

Madrid. 64 años. "Empresarios retirados, recuperando el tiempo perdido".

EL CHALÉ de Marga y Luis es un viaje por el mundo. En las estanterías, atestadas de libros, hay danzantes peruanos, bronces indios, porcelanas chinas. De las cortinas cuelgan artesanías tibetanas, y un Buda de piedra descansa, bajo un paraguas, junto a la piscina. A los pies de la cama, una bola del mundo preside un archivo con decenas de álbumes de fotos marcados con un año y un destino. Cuando hablan, Marga y Luis dicen "el año de Camboya, el año de la India", igual que dicen "el año de la nieta". Así hasta 40 años "buscando las raíces, queriendo entender". El viaje como iluminación. "No hay que tropezar con las cosas, hay que encontrarlas. Para nosotros, viajar es una herramienta", dicen, siempre en plural. "El viaje no nos ha cambiado, nos ha servido". Entre otras cosas, para sentirse libres. Primero, solos; luego, con sus cuatro hijas a cuestas; luego, solos otra vez. Viajando juntos han creado una tercera personalidad, fruto del pacto, de hacer complementarias las diferencias. En la India le pusieron cara al concepto: Ardhanarishwara. Un dios hecho de dos, Shiva y Parvati, que, de tanto amor, se fundieron en un solo ser.

En un mapa, la pareja ha dibujado una línea recta que sale de Carboneras, donde tienen un apartamento que mira al mar. La línea se desliza hacia el este -Italia, Grecia, los Balcanes, Anatolia, Persia, la India, la Ruta de la Seda, Japón... los viajes cronológicos de su vida- y coincide con otra línea preexistente, el paralelo 37. Ellos, dicen, no hicieron sino seguir "el camino que señala cada día el sol, el padre Surya, al nacer". "De Borges aprendimos que cuando te sientes perdido debes correr a Oriente... a orientarte". Y en ésas siguen.

¿Qué les queda por ver?

En los setenta recorrimos España. Siempre buscando la autosuficiencia, descubrimos el cámping. En los ochenta exploramos Europa con las niñas. En los noventa... vimos el mundo. Bromeamos con que en los 2000 ¡toca la Luna!

¿Fue caro viajar con cuatro hijas?

Hay que desmitificar el gran viaje. No es caro ni difícil. Por lo mismo que costaba alquilar un apartamento en la costa, nosotros viajábamos los seis al otro lado del telón de acero. Además, el cámping es una escuela, las niñas aprendieron a ser responsables.

¿Qué tipo de viajeros son?

No somos ni viajeros ni turistas, hemos hecho siempre lo que nos ha pedido el cuerpo. Lo del viajero independiente es una chorrada. Si nos pudiésemos permitir ir en clase Business y llevar porteadores, no dudaríamos en hacerlo. Pero si tuviésemos que volver a ir de acampada, también lo haríamos. Cuando viajar es una necesidad, te adaptas a lo que hay. Claro que hay momentos en que piensas: ¡cómo me he metido en este lío!, pero siempre merece la pena.

¿Hay sitios a los que se vuelve?

Tras la caída del telón de acero volvimos para ver el cambio. En la India hemos estado 12 veces. Venecia fue nuestro campamento base durante años, un hogar fuera de casa; luego lo fue Singapur. En Katmandú nos conocen en las librerías.

¿Por qué viajar?

Un ejemplo tonto... En Pisa, una de las niñas se puso a gritar muy contenta: "¡Mira, la torre que sale en el libro de Petete!". Viajar es esa necesidad de ver. Todo viaje empieza en la biblioteca, pero Julio Verne es un sucedáneo, hay que poner en escena eso que has idealizado, lo que ya conoces. No me refiero a conocer a nivel Lonely Planet, sino a estar empapado. Fuimos a Camboya buscando el Imperio Jemer, ávidos de Angkor Watt. Lo conocíamos perfectamente, pero una vez allí, simplemente, lo sentimos.

Clases de tenis en Singapur

RUBÉN ROMÁN

Menorca. 30 años. Profesor de tenis.

EN LA MOCHILA de Rubén Román siempre hay una raqueta. ¿Lo bueno de viajar con la profesión a cuestas? "En cualquier momento puedo entrar en un hotel, ofrecer mis servicios y conseguir clases bien cobradas". Este profesor de tenis menorquín ha dado clases en Florida, Marraquech, Singapur, en la Gold Coast australiana... Que va mal de presupuesto... Para, trabaja, sigue viajando. "No creo que hubiese podido improvisar tanto sin la libertad que me da esta profesión", dice. En 2005 fue nueve días de vacaciones a Marruecos y se quedó cuatro meses. En 2007, dos meses en Venezuela se alargaron a más de once: "Ya que estás allí quieres ver Brasil, y ya que has llegado a Brasil, ¿por qué no Argentina? Al final te enganchas".

¿Cómo lo explica en casa?

A mi padre le costó entender mi afición, pero cuando volví de Suramérica le expliqué lo que me hacía feliz con varios ejemplos: la impresión de entrar en La Bombonera, invitado por un forofo del Boca Juniors..., esa pasión argentina por el fútbol; o la sensación que producen las cataratas de Iguazú, 42 millones de litros de agua cayendo por segundo..., y la gente que se va separando ante el espectáculo para contemplar en soledad lo poco que es el ser humano ante tal magnitud; o cuando visité la academia del ex número uno del tenis Guillermo Vilas y tuve la suerte de jugar y charlar con él; un tipo genial. Mi padre, claro, lo entendió.

¿Una postal inolvidable?

Tras miles de kilómetros en autobús y cinco horas en camello, entré en el Sáhara. Iba con un chico de allí. Me preparó un cuscús, dormí sobre la arena mirando las estrellas. Fue una sensación mágica.

¿Por qué viaja solo?

Es difícil enganchar a alguien para un viaje tan largo. Echas de menos a tu gente, pero solo haces grandes amistades. Los viajes son un patrimonio que no cambio por todo el dinero del mundo; ni te imaginas lo que puede salir de una conversación aburrida en un autobús...

¿Algún encuentro especial?

En la casa del Che Guevara (Córdoba, Argentina) conocí, de casualidad, a Carlos Calica Ferrer, amigo de la infancia del Che, que le acompañó en su viaje por Suramérica [autor de De Ernesto al Che]. Me explicó su viaje, me firmó el libro, conversamos sobre el petróleo en Venezuela, la pobreza en África y la capacidad de ser felices con muy poca cosa... Fue una mañana fantástica.

¿Una lección del camino?

Hay muchas cosas materiales que no te hacen falta, estamos metidos en un consumismo inhumano... Viajando te das cuenta de que vivimos en el ático del mundo. De viaje ves gente que no tiene de nada.

¿Sale caro viajar?

Sólo si vas en plan lujo. Yo voy de mochilero. Y asumo que no es cómodo. Como en casa no se está en ningún sitio.

¿Seguirá viajando así?

Voy a parar un poquito, no puedes estar toda la vida dando bandazos, yendo donde caiga el dedo en el globo. Me da pena haber cerrado un ciclo, pero ya no me veo yéndome sin saber cuándo volveré.

¿Seguirá viajando de otra manera?

Claro. Uno no puede irse de la vida sin ver cosas como el Machu Picchu, la Ópera de Sidney o el Cristo de Corcovado en Río de Janeiro. El mundo ofrece tantas bellezas y sólo una vida para disfrutarlas... Pero ahora me gustaría irme menos tiempo y más cómodo, ¡igual hasta de spa!

La familia a bordo de la 'furgo'

ENRIQUE GRACIA Y FAMILIA (NOELIA CAGIGAL, NOA Y DAVID)

Zaragoza. 34 años. Analista informatico.

LOS MELLIZOS de tres meses ya tienen una furgo bordada en los baberos. Es el logo del foro viajero que gestiona su padre: www.furgovw.org, con 9.000 socios, dirigido a conductores de campers (furgonetas preparadas para el ocio, como pequeñas autocaravanas). Enrique, el padre de las criaturas, va por la cuarta camper. La nueva es, por exigencias del guión, más grande. Los dos nuevos pasajeros se han estrenado como viajeros el pasado fin de semana, y a pesar de su tamaño, ocupan: "Entre los capazos, las literas, las sillitas de seguridad, la cocina, la ducha... organizar la furgo es como trazar un apartamento".

La nueva camper ha costado unos 50.000 euros. ¿Sale a cuenta? "Si le sumas lo que consume y el parking..., igual podrías ir a un hotel. Pero eso es como preguntarle al que tiene un Rolex si le sale a cuenta para mirar la hora. A nosotros, la camper nos proporciona una libertad y una independencia impagables".

Improvisando sobre la marcha, parando donde quieren y disfrutando de la naturaleza, la pareja ha recorrido miles de kilómetros, de Marruecos a Finlandia. Los mellizos se pueden ir preparando: sus padres sacan la furgo uno de cada dos fines de semana y pasan las vacaciones de verano en ruta. Este año toca Suiza.

Dos bebés en una 'furgo', ¿un lío?

La gente que dice que no se puede viajar con niños es que no ha viajado; ni antes ni después de tener niños. No hay más que ver a los extranjeros viajando con toda la chavalería... Para los niños es estupendo, hay chicos de ciudad que no saben cómo es una vaca. Claro que tienes que adaptarte; por ejemplo, en vez de ver Versalles por dentro, alquilas bicis para visitar los jardines. Y los niños también tienen que adaptarse a ti, no pueden mandar sobre tu vida.

¿Dónde se mueren por llevarlos cuando sean un poco más mayores?

Repetiría dos destinos: Marruecos, porque vuelve locos a los pequeños con tanta alegría y colorido, y Rovaniemi, el pueblo de Papá Noel, en Finlandia.

¿Qué se les perdió por allí la primera vez?

Íbamos de camino a Cabo Norte, el punto más septentrional de Europa [en la isla de Mageroya, en Noruega]. Recorrimos 12.500 kilómetros en 25 días, en línea recta habríamos llegado a Nueva York. Cabo Norte es un mito en el mundillo de las autocaravanas, igual que los conductores de 4×4 peregrinan a Tombuctú. Cuando llegas, es costumbre ponerle al vehículo una pegatina con unos renos, como la del toro que se pone en España.

¿Es incómoda la vida a bordo?

Para nada. En una camper no tienes el espacio de una autocaravana, pero tienes mucha más libertad. La camper es para gente más joven y activa, para hacer surf, montar en bici, escalar... Hay menos lujos, pero nosotros nos cuidamos. Nada de bocatas ni de latas. Somos más de entrecó, vino y paellita. Y ahora, también de biberones.

Por la costura de América

IOSU LÓPEZ

Pamplona. 29 años. Redactor de televisión.

DEL ÁRTICO a Tierra de Fuego. Sobre el mapa, de Prudhoe Bay (Alaska) a Bahía Lapataia (Argentina) hay 32.500 kilómetros. Para Iosu López, al final, fueron 45.000. Diez meses y medio viajando en coche, bicicleta, lancha, cayuco, catamarán... Una vez, hasta 41 horas de un tirón en autobús. Quince países, una videocámara y una guitarra para sobrellevar la soledad de lo que se le venía encima. Todo por un sueño: recorrer la costura de América. A la vuelta, la alegría de haber sido capaz, el reto cumplido. También un testimonio: 70 horas grabadas, cientos de fotos y un blog: www.rutapanamericana.com.

¿Por qué el blog?

Era una forma de estar en contacto con la gente de casa sin brasear a nadie con e-mails interminables. También quería aportar algo útil para otros viajeros y

demostrar que es posible hacer un viaje así siendo una persona normal. No hay que ser rico, ni un héroe. Aunque parezca una frase de Disney, los sueños se pueden cumplir.

¿Cómo actualizaba el blog?

Siendo muy cabezón. He subido vídeos en condiciones lamentables, pagando un dólar cada cinco minutos en Alaska; pasando seis horas en un cibercafé en medio de la selva.

¿Y la cámara?

Un trasto, pero encontré reportajes chulísimos: un hotel de hielo en Alaska, un lugar en Yucatán donde extraen chicle de los árboles.

¿Cuándo le picó el gusanillo?

Siempre he tenido el deseo peliculero de ser un aventurero, de descubrir el mundo. Empecé a viajar sólo de casualidad, pero fui cruzándome con gente que estaba dando la vuelta al mundo, que viajaba durante meses... el típico australiano... y me picó el gusanillo; pensé: esto se puede hacer.

¿Fue difícil dejarlo todo para viajar?

Un Cristo. Vaciar la casa, dejar el curro, desaparecer del mapa... Te asaltan los y si. ¿Y si cuando vuelva no encuentro trabajo? ¿Y si me pasa algo? No fue una decisión a la ligera. Estuve meses dándole vueltas, ahorrando, haciendo cálculos. Necesitaba 15.000 euros para seis meses; al final me alargué, pero no gasté mucho más. No hay que estar podrido. Otros se lo gastan en la hipoteca o en el coche. Es cuestión de prioridades.

¿Viajar es en parte huir?

En todo viaje hay un punto de huida y de búsqueda interior. A diario no te paras a pensar si lo que estás haciendo con tu vida es lo que quieres de verdad o simplemente lo que toca, lo que quieren los demás, lo fácil... La gente se pone muchas excusas para no irse. Yo podía permitírmelo y tenía un motivo: un amor brutal por conocer.

¿Un consejo pedestre?

Vacunarse, tener un seguro de viaje (no somos conscientes de lo cara que es la sanidad), llevar dos tarjetas de crédito, no bajar la guardia.

¿Qué se echa de menos?

Poder compartir momentos con la gente a la que quieres, alguna comodidad (una ducha buena, una cama en condiciones) y el jamón serrano. En Alaska pagué el prosciutto a doblón. Pasé la Nochebuena en Guatemala y no pude evitar el momento revival: compré jamón serrano, vino y mejillones.

¿Se puede improvisar, a pesar de tener una ruta tan clara?

Siempre hay que dejar espacio a la sorpresa. En las ruinas de Tikal (Guatemala), un chaval de Pamplona me recomendó Utila, una isla en Honduras. Fui a ver y me quedé 20 días buceando. Para cruzar de Panama a Colombia y llegar al carnaval de Barranquilla, acabé viajando de isla en isla en los cayucos de los indios kuna. Eso no se puede planear.

Después de 45.000 kilómetros, ¿qué se siente al llegar a la meta?

Para mayor dramatismo había un cartel: "Aquí finaliza la ruta número 3". Un viaje no es un maratón. Lo importante no es llegar, sino el trayecto, pero alcanzar Bahía Lapataia fue brutal. Extraño. Estaba nervioso, recordé todos los momentos en los que casi abandono, todo el sufrimiento. Pero cuando miras hacia atrás, lo que te queda es la felicidad. Piensas: aquí he llegado. En el fondo es una sensación muy básica: "¡Que me quiten lo bailao!". Me hice una foto con el cartel, esa noche me regalé una parrillada. Era hora de volver.

¿Haría otro viaje similar?

El viaje es como una droga, no dejaré de viajar en mi vida, pero meterme en otra aventura así... quieto también se está a gusto, aunque entonces pienso en esa línea que va de Lisboa a Vladivostok...

Las aventuras de una lectora

TRINIDAD FERNÁNDEZ APARICIO

Madrid. 52 años. Administrativa de hojas de carga de Iberia.

TRINIDAD CARGA con un libro de reportajes de Javier Reverte y lo confiesa, adora al hombre. Hace poco que ha descubierto a Kapuscinski, pero ya ha devorado casi todo lo que escribió. Cuando fue a Siria leyó La luz del Cham, de Rosa Regàs; en Estambul revisitó a Pamuk; en Cuba, a Alejo Carpentier. Acaba de volver. En primavera viajará a Jordania. Se regala cuatro o cinco viajes al año, gracias a que los billetes, si hay disponibilidad, le salen casi gratis por trabajar en Iberia. Y así 30 años, cada vez más ávida de aprender, desde aquel primer viaje de veinteañera a Lisboa, a ver in situ la revolución de los claveles: "Fue alucinante, comprendí que podía hacer lo que me diese la gana".

¿Improvisa o prepara?

He improvisado mucho, pero a medida que te haces mayor, aprendes que tener el hotel reservado es importante.

¿Qué tipo de viajera es?

No me defino. Puedo combinar un hotel bueno con uno más popular, me gusta tener libertad para comer donde quiera y hacer excursiones. Organizo el traslado al hotel desde Madrid, pero una vez en el destino siempre uso el transporte público; es donde mejor se ve el ambiente de un lugar. Soy flexible. Lo único que no me va nada son los grupos grandes.

¿Con quién viaja?

He viajado con mi marido cuando estaba casada, a veces sola, con amigas, mucho con mi hijo Carlos cuando era adolescente; era muy avispado, regateaba mil veces mejor que yo... Y me encanta viajar con un novio o un amante, todo es más bonito enamorada, ¿no?

¿Una imagen que se le quedó grabada?

Paseando por el Gran Canal, en uno de los palacios había entrado el agua hasta el primer piso, Venecia hundiéndose... Las escaleras de mármol, preciosas, inundadas.

¿Por qué viaja?

Para hacerme más grande. Vivir en un sitio pequeñito te empequeñece. Después de un viaje ya estoy pergeñando el siguiente, me abre la cabeza. Imaginarlo, soñarlo.

¿Con los años, se pasan las ganas?

No. Lo que cambia es la mirada, ahora presto más atención a las personas, soy más consciente del viaje, me alimenta más.

¿Un viaje pendiente?

Me gustaría hacer un viaje solidario con el pueblo saharaui. África me da miedecillo, pero lo superaré, hay que hacer un trabajo personal para tragarse el miedo, si no, te paraliza.

El viajero metódico

ROLANDO DURÁN

Madrid. 34 años. Técnico de asistencia en carretera.

EL MANTRA: "Improvisación cero". La aproximación al viaje de Rolando Durán es casi científica: "Acumulo sistemáticamente una cantidad de información impresionante". Se confiesa obsesivo. Antes de partir se empapa del idioma, la geografía, la economía, la historia, el cine... El equipaje lo lleva dentro: "Viajo con una agenda milimétrica y un GPS en la cabeza; soy incapaz de irme a cero, necesito una estructura teórica del destino".

Más allá del acopio de datos, busca exprimir la oportunidad: "Quiero aprovechar el viaje, hay gente que viaja para cambiar de escenario, pero mi objetivo no es visitar, sino conocer. Prefiero ver el metro de una ciudad antes que cualquier monumento".

En busca de ese conocimiento que va más allá de la sorpresa y la curiosidad y de lo que se puede investigar en Internet, Rolando viaja unas cuatro veces al año. Y cada vez hay una aventura previa, una meticulosa exploración a priori. "El viaje siempre es interior; el físico es para contrastar la información, por corroborar".

Un consejo.

Fundamental, conocer a alguien. En el momento que tienes un guía dejas de ser un turista, tienes acceso a otro nivel.

Un ejemplo de ese otro nivel...

En Hirakata, comiendo en la casa de la madre de un amigo. Nos sirvió una cosa que no olvidaré nunca: nato, alubias corruptas. Infames. También anguila, que es un lujo, pero sabe a neumático. Y como los japoneses nos ven tan grandes, las raciones eran enormes. Japón es un país que odias y amas al mismo tiempo.

¿Algo que amó?

En Kakunodate visité el hanami, los cerezos en flor, literalmente, flor reventando. El hanami resume esa capacidad japonesa para disfrutar de lo efímero. Después de trabajar 15 horas en una multinacional, pasan una hora en el metro para ir a sentarse allí, en aquellos impresionantes pasillos blancos.

¿Un destino?

Me fascinan los países nórdicos. Su cultura y su filosofía vital. Su austeridad, a pesar de ser países ricos, y su civismo. El crecimiento económico y el desarrollo tecnológico de Noruega es un argumento irrebatible del hecho de que un país de izquierdas se puede gestionar. Me encanta Finlandia, me pone la bandera sueca, en Ikea vibro como un diapasón. Sólo me falta Islandia.

¿Solo o acompañado?

Dependiendo del viaje. He viajado con amigos, con parejas, con mi madre, con mi hermana. Y nunca he acabado tarifando. Prefiero viajar con alguien, pero tiene que compartir la filosofía del viaje... ¡Y que aguante mi manía constante de ponerle epítetos a todo!

¿Qué le falta por ver?

Los países islámicos, me interesan mucho las religiones, la increíble diferencia, comprender a la otra mitad del mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2008