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COLUMNA

Caníbales

Aquí las denuncias anónimas siempre han gozado de mucho prestigio. Son las que tienen más credibilidad. Las primeras que se tramitan. Quisiera presentar una denuncia anónima por canibalismo. Contra los comedores de honra, que es la parte más sabrosa del humano. ¿A qué sabe la honra? Creo que a rana. Para degustarlas mejor, a las ranas les arrancan en vivo la cabeza y luego las despellejan. Las cabezas siguen vivas durante un tiempo, apoyándose en la memoria de la entereza. La emisora de la Iglesia católica española, para ilustrar su impiedad básica, debería tener como sintonía un croar de ánimas de rana. Como se dice en Medea, la vergüenza voló de Grecia al éter. La energía que mueve todo esto necesita para alimentarse de grandes cantidades de honra ajena. Habría que elaborar una lista de despellejados y añadirla como apéndice contemporáneo a la Historia crítica de la Inquisición de Juan Antonio Llorente. En la antigua Tate, en Londres, Millais muestra su incomparable universo de belleza prerrafaelista, pero, de repente, como si quisiera romper el mundo en dos, a la manera del artillero Nietzsche, nos muestra el cuadro cruel de un español con sambenito. La Inquisición fue abolida, pero el Santo Oficio continúa en la sombra, la producción de sambenitos aumenta, y los inquisidores han sido reconvertidos en políticos sicofantes y periodistas vejaministas que se alimentan de los mejores. Un día Pilar Manjón. Otro, Julio Médem. Luego, Pilar Bardem. Más tarde, Atutxa... ¿Recuerdan el gran Atutxa, el héroe? Ahora se lo comen con guarnición de ósculos. Ayer oí cómo quemaban al doctor Montes, pese al veredicto de la justicia. Crepitaba su buen nombre en el éter episcopal, mientras el político que puso en marcha la cacería esquiaba en Baqueira. Reaparecerá hoy con un discurso de nueva derecha, inspirado en el renovador Hannibal Lecter: "Aquí cada uno va a lo suyo, menos yo, que voy a lo mío".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2008