Columna
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¡Oh! nos vertebra Camps

Es un consuelo saber que el presidente Francisco Camps ha dado con la fórmula magistral para vertebrar este país de mala uva y buenos vinos, oblongo y a un tiro de piedra de cualquier pelotazo. Eduardo Zaplana no acertó cómo, se confió a las melodías de Julio Iglesias y ahora hace de su destierro una penosa portavocía, aunque, eso sí, con el riñón bien cubierto. Sin embargo, Francisco Camps ha tenido una revelación, que ha expresado con una metáfora ferroviaria, efectista y arrolladora: el gran evento es la locomotora de enganche. Y aunque para el común de las gentes "los grandes eventos nada consuetudinarios no acaecen en la rúa", sino en territorios de dudosa privacidad, este presidente que lo es, ha echado mano de nuestros bolsillos y ya dispone de un calendario esmaltado de entusiasmo y endeudamiento. Pero pasen, pasen y vean. Valencia, gran premio de la Fórmula 1; Alicante, regata de la Volvo Ocean Race; y Castellón, máster de golf Comunidad Valenciana, que se disputará en el Club de Campo del Mediterráneo, que preside como un escaparate de la Diputación, Carlos Fabra; y otros eventos más no tan relevantes. Lo anunció, en un fluido de arrebatos, Francisco Camps, en Fitur, que además del turismo, es la feria de las vanidades, cuando no de las necedades. De modo que no solo estamos vertebrados, sino que simultáneamente y en una jugada audaz, pero con dineros ajenos, nos ha resuelto los posibles agobios económicos, ¿o sólo es cuento? Tal como pintan los delirios, usted ya puede abandonar el andamio, la pequeña empresa, la oficina, la industria tradicional, la tiendecita de la esquina, el aula, el azadón, el fonendoscopio, y adiestrarse en el manejo del putter, en el velamen deportivo o en los intríngulis de alguna escudería, porque son los caminos del beneficio y del éxito, según Camps. Y sus anuncios de anticipación electoral, no sé por qué será, pero me chirrían. Camps y Ortega y Gasset, frente a frente: su "Comunidad Valenciana vertebrada" versus la "España invertebrada". Si el filósofo decía que "tenemos que inventarnos nuestra propia existencia", Francisco Camps parece decirnos aquello de que invente él, porque nosotros lo que tenemos que hacer es creernos sus propias, particulares y vacuas grandilocuencias. A ver si comprende, de una vez, que de los grandes eventos, es decir, de su locomotora de enganche, se enteran pocos, participan menos y quizá alguno que otro les saque unos duros. Las copiosas sumas de dinero que entran van a parar a donde siempre han ido, a los fieles de esa derecha extrema -¿y por qué no extrema derecha?, ¿a qué tanta contemplación?- que le jalea sus ocurrencias. En fin, que pasa Fitur, pero continúan la feria y el circo. Y, a estas alturas, no debe sorprendernos. Como no debe sorprender al Gobierno de España que la jerarquía eclesiástica se coloque donde nunca ha dejado de estar: al lado del capital y de sus capitanes. La Conferencia Episcopal, en su soledad y lejanía, no comprende que entre la grey católica también hay muchos cristianos y que son cristianos de buena ley y más conciencia, que rechazan los sectarismos, aunque se pinten con el color de la púrpura.

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