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Trágicos destinos

Narrativa. Nunca se ha acreditado como merece en nuestro país la dimensión literaria de Anna Seghers (Maguncia, 1900-Berlín, 1983). Pero ahora se diría que corren tiempos favorables para su obra. RBA publicó en 2005 Tránsito, una de las novelas básicas para comprender el trágico exilio europeo que provocó el nazismo, y a principios de 2007 la misma editorial recuperó la novela que dio fama internacional a la escritora, La séptima cruz, escrita en 1942 y llevada a la pantalla por Fred Zinnemann en 1944. Proveniente de una rica familia judía -su padre era comerciante de arte-, Anna Seghers, que se había afiliado en 1928 al Partido Comunista Alemán, adoptó desde sus comienzos una clara previsión de la función social de la novela, sin que este propósito mermara la autonomía de la imaginación. Con su marido, el sociólogo Laszlo Radvanyi, director de la Escuela Marxista de Trabajadores, participó en las luchas de los años treinta contra el auge del nazismo. Arrestada por la Gestapo, logró salir de Alemania en 1933; primero se instaló en Suiza, después en Francia, y luego se exilió en México de 1940 a 1947, año en que regresa a Berlín; tras algunos titubeos, decide vivir en la RDA, cuya asociación de escritores presidirá con mano férrea durante 28 años.

La excursión de las muchachas muertas

Anna Seghers

Traducción de María Alonso

Bruguera. Barcelona, 2007

158 páginas. 16 euros

En la novelística de Anna Seghers los aspectos subjetivos o autobiográficos apenas tienen relevancia; su escritura indaga, sobre todo, en el dolor colectivo y la supervivencia frente al horror que la historia impone a sus protagonistas. Pero en el relato que da título a este volumen, La excursión de las muchachas muertas, que con toda justicia se considera una pieza maestra de su arte, sin incurrir en exhibición personal compone una sucesión de retratos de sus compañeras de colegio, en una suerte de redacción escolar retardada; al pasear cerca de una empalizada de cactus, la narradora se siente "presa de un delirio febril", y los recuerdos se avivan en su memoria al oírse llamar por su verdadero nombre: "¡Netty!" (Anna Seghers es un seudónimo). La excursión por el Rin, realizada treinta años atrás, adquiere una nítida presencia, como si se viviera otra vez, pero ahora con el añadido de las delaciones, deslealtades, humillaciones y suicidios de sus compañeras de colegio, arrolladas por la supremacía del nazismo asociada a la maquinaria de la muerte. La narración se expone con una sugerente superposición temporal; mientras transcurre felizmente la excursión fluvial ("jamás la fugacidad y la inalterabilidad de un viaje, la insondabilidad y la cercanía del agua podrán volver a causarme una impresión tan honda"), el futuro -que es el presente de la narradora- se incrusta en la vivencia de la juventud revelando el drama personal de esas muchachas cuyo cándido florecimiento no podía entonces adivinar el trágico destino al que estaban abocadas. El relato fluye, mediante avances y retrocesos, con una visión compasiva que se constituye en rechazo de la mezquindad humana y de la muerte.

Este relato magistral viene acompañado de Cartas a la tierra prometida, donde un médico judío, antes de morir, deja escritas una serie de cartas para que le sean enviadas, después de muerto, a su padre en Palestina, y mantener así la esperanza del reencuentro. Y se cierra con El fin, la huida de un verdugo nazi en la posguerra, cuya patológica brutalidad acaba destruyéndole. En este volumen cada página es sustancial, magnífica. Sin duda la mejor introducción a la obra de Anna Seghers. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0001, 01 de febrero de 2008.

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