Una riada de motoristas desborda la Castellana para exigir seguridad

Miles de aficionados de toda España se manifiestan contra los 'quitamiedos'

Son las tres de la tarde y el aparcamiento del Santiago Bernabéu está a rebosar. En media hora hay convocada una concentración que en realidad son dos. Una material, de motos, monos y cascos. Otra espiritual, de rabia, dolor y recuerdos de amigos fallecidos. Es la segunda manifestación nacional contra los guardarraíles. Los moteros prefieren llamarles asesinos, guadañas o guillotinas. Y han venido para exigir que los retiren, que eliminen las pinturas deslizantes de las carreteras y que el resto de conductores les respete.

Por las calles de Madrid desfilaron ayer más de 10.000 usuarios de toda España, según la plataforma Unidad Motera, organizadora del acto. Faltaban los 481 que murieron en 2006 y los 379 caídos entre enero y octubre de 2007, sin contar las víctimas en zona urbana. Un 33% más que a estas alturas del año pasado.

Bajo el escenario, una cruz ensangrentada hecha con guardarraíles hace sombra a una Honda hecha trizas. La conducía Osvaldo Carosi, catalán de 35 años que pereció el 30 de septiembre al chocar con un quitamiedos. Arriba hay cinco hombres y una mujer en sillas de ruedas. Juan José Cabrerizo, granadino que perdió las dos piernas, sale a escena y exhibe su prótesis. "Es un regalo para Pere Navarro". El director de Tráfico es el más vituperado. Los más aplaudidos: Fonsi Nieto, Héctor Faubel y otros pilotos que vienen en apoyo a la causa.

Tras encender velas en recuerdo de los que ya no están, los moteros inician la marcha por Concha Espina y Príncipe de Vergara. Hay tantos que, en el tramo final, la policía les abre los carriles centrales de la Castellana, y no el lateral, como estaba previsto. Los más sufridos son los automovilistas que se topan con la comitiva, que avanza poco a poco, sin maniobras alocadas. El estruendo de motores y cláxones, eso sí, está a la altura del hartazgo que pretenden transmitir los manifestantes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 10 de noviembre de 2007.