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"La gente ha perdido el miedo al poder"

Los escritores Rivas y De Toro destacan el cambio que desató la marea negra

Una Galicia "ahogada", con "miedo" y "falta de libertad", un país en el que nadie "se atrevía a disentir" porque quien lo hacía "desaparecía", era "silenciado". Así era, según los escritores Manuel Rivas y Suso de Toro, la sociedad que presenció horrorizada la avalancha contaminante que lanzó el Prestige en noviembre de 2002. Rivas cree que aquella marea negra dio lugar a una "ecología de la libertad" y De Toro escuchó durante aquella crisis "un grito enorme de rabia, una rabia liberadora". "La gente le ha perdido el miedo al poder", subraya Rivas.

Estos escritores fueron dos de las caras de Nunca Máis, un movimiento en el que los artistas gallegos se pusieron a la cabeza. "La catástrofe nos puso ante el dilema de responder al golpe como una sociedad desaparecida o como una sociedad de la imaginación, y la que emergió fue la segunda", argumenta el coruñés Rivas. El compostelano De Toro considera que durante unos meses el "régimen de Fraga perdió el mando sobre los ciudadanos", que "descubrieron el papel de control político de los medios de comunicación" y "aprendieron a autoorganizarse". Rivas sostiene que ese "giro copernicano" es "irreversible", una percepción con la que coincide De Toro: "Fue el comienzo de una etapa en la que aún estamos hoy".

"El régimen de Fraga perdió el mando sobre los ciudadanos"

"Fue el comienzo de una etapa en la que aún estamos hoy"

"Tras el derribo del antiguo régimen, Galicia paladea el sabor de la crítica"

El autor de Os libros arden mal considera que el Gobierno de PSOE y BNG "no está a la altura de la sociedad de la imaginación" que emergió tras el naufragio del petrolero y el de Madeira de Zapatero opina que el Gobierno bipartito no ha comprendido todavía el "cambio" que han experimentado los gallegos. "La gente le ha perdido el miedo al poder político", esgrime.

Controlar a los habitantes de Galicia se ha puesto más difícil para el poder político. Ya no llega con intervenir en la información que ofrecen los medios de comunicación ni contar con organizaciones sociales que sirvan de "correa de transmisión".

"Las organizaciones sindicales y políticas se han hecho autónomas", señala De Toro, quien apoya su afirmación aludiendo a las críticas y movilizaciones contra el bipartito que han sido dirigidas por colectivos nacionalistas como el sindicato CIG o la asociación ecologista Adega. Por eso De Toro considera especialmente "perverso" que la actual Xunta mantenga una relación con los medios similar a la del PP, en relación a las ayudas directas que siguen recibiendo del Gobierno gallego las empresas de comunicación. "Los políticos gallegos no han comprendido aún que ahora se gobierna a ciudadanos, no a parroquianos que siguen ciegamente al cura párroco", subraya el escritor.

Rivas opina que la Galicia actual "está paladeando el sabor de la crítica", tras el "derribo del antiguo régimen". "Hoy en Galicia se habla con libertad", afirma, "y por eso un problema como el de la Cidade da Cultura, que antes no existía, es ahora un tema central". El periodista aboga por no olvidar las maneras del fraguismo y, además del silencio sobre la desmesura de la Cidade da Cultura, rememora las "intervenciones gubernativas que intentaron amedrentar a la población" durante la crisis del Prestige. "Se intentó prohibir que la manifestación de Nunca Máis entrara en el Obradoiro y se llegó a decir que éramos de Batasuna".

El cambio experimentado por la sociedad gallega se ve hoy, según De Toro y Rivas, en el movimiento de oposición al plan de piscifactorías, que pretende expropiar más de tres millones de metros cuadrados junto al mar para entregárselos en concesión a las empresas. También en la recogida de 21.000 firmas contra la legalización de canteras en O Courel, o en la creación de una red de organizaciones ciudadanas en defensa del litoral, denominada Rede Litoral Vivo. Rivas le recuerda al bipartito que "parte consustancial de su existencia es esta sociedad crítica" y De Toro está convencido de que la transformación no tiene vuelta atrás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2007